Magín en la Cámara
El ministro de Hacienda planteó la necesidad de "hacer la vida más fácil al que quiera pagar" los impuestos
El ministro de Hacienda y Economía Magín Díaz participó la pasada semana en el almuerzo de la Cámara Americana de Comercio, y en términos generales su discurso permite vislumbrar cuales son los planes fiscales del gobierno a corto plazo.
Desde su designación a mitad del año pasado llovieron especulaciones sobre su ingreso al tren gubernamental y la posibilidad de reintroducir una reforma tributaria que produjera incrementos sustanciales en las menguadas arcas públicas. Sin embargo tras su ponencia todo indica que el gobierno, al menos de momento, parece apostar por el camino de eliminar distorsiones, simplificar procesos y facilitar tramites al contribuyente.
El ministro planteó la necesidad de "hacer la vida más fácil al que quiera pagar", para lo cual presentará al Congreso un proyecto de ley con el objetivo de eliminar impuestos que calificó como anacrónicos y corregir castigos exagerados. Medidas que si bien no constituyen una amnistía fiscal como tal, de alguna forma buscan resultados similares: facilitar el retorno a la formalidad fiscal a personas físicas o jurídicas impedidas por trabas y dificultades y aquellos que debido a cargos, multas y moras acumulan deudas que resultan imposibles de afrontar.
Del mismo modo anunció que los procesos de tramitación y autorización de las exenciones fiscales serán gestionados digitalmente desde el Ministerio de Hacienda, la aplicación de la factura electrónica y la creación de un puntaje tributario. Con lo que al parecer procuran mitigar la elusión del impuesto al valor agregado, y la que deviene de la falta de transparencia en los procesos de aprobación de la gran cantidad de dispensas que existen en nuestro sistema tributario.
El impacto de estas medidas, entre incremento en las recaudaciones y reducción de gastos tributarios, se cifran en alrededor de cero punto cinco y uno por ciento del Producto Interno Bruto. Es lo que se traduce del anunció de Magín sobre un próximo presupuesto reformulado que incrementará el gasto de capital en ese rango.
Aunque hizo énfasis en la importancia de la paz social para la estabilidad económica y política del país, también señaló la improcedencia de mayores transferencias monetarias a programas sociales, y en cambio propone racionalizar y focalizar esas ayudas. Y advirtió que no se debe pensar en nuevos incentivos, recordando que en este país existen sectores empresariales favorecidos con estímulos crónicos y permanentes.
Acertado el enfoque sobre la necesidad de eliminar trabas regulatorias y mejorar la eficiencia en el gasto público, y junto al sector privado suprimir obstáculos para reactivar el crecimiento económico. Sólo que su abordaje sobre la paupérrima y desastrosa gestión del sector eléctrico quedó corto para la magnitud del desastre y su impacto en las finanzas públicas.
Y aunque si bien de momento parece estar descartada la idea de reintroducir una reforma fiscal, es probable que estas mejoras en la gestión tributaria tengan como trasfondo ofrecer al gobierno confianza y licencia para convocar a los actores sociales y políticos con el fin de discutir y pactar la reforma tributaria integral, progresiva y gradual que el país requiere desde hace ya buen tiempo.
Óscar Medina
Óscar Medina