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Un mundo sin reglas

El respeto a las normas internacionales como freno a la barbarie

No es simpático, tampoco plausible, que a cualquier jefe de Estado o líder autocrático se le antoje conducir su política exterior al margen de normas, convenios y los protocolos que rigen el conglomerado de naciones que se cobijan bajo el paraguas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o del resto de las instituciones que rigen las relaciones entre los pueblos.

El hecho de que la ONU se refleja agotada, y de que se hace necesario un proceso de reformas profundas que actualice sus normas internas, no justifica acciones individuales para lidiar con los conflictos generados por sus Estados miembros, como si estuviésemos en la época de la barbarie.

Que los preceptos fundacionales que dieron origen a la ONU, a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y a la Organización Mundial de la Salud (OMS), por solo citar tres, requieran actualización, no otorga patente de corso a ninguno de los Estados miembros para actuar a la libre. Jurídica y legítimamente cualquiera de los Estados que viole la Carta de la ONU o la Convención de Viena, pierde calidad ante los ojos del mundo. Y más si se cometen atrocidades como en Gaza y Medio Oriente.

Los crímenes de guerra que se han llevado a cabo en el conflicto entre Israel y Estados Unidos contra Irán, deben ser llevados al Tribunal de La Haya. No importa si los cometió Irán, Estados Unidos o Israel. Los bombardeos a poblaciones civiles en Gaza y los realizados por la dupla estadounidense e israelí contra una escuela en la que murieron poco más de cien niñas en Irán, no deben quedar impunes. En Líbano ocurre lo propio.

En la guerra en Medio Oriente se han producido flagrantes violaciones a los derechos humanos, como ocurre también día por día en la Franja de Gaza. El derecho internacional que rige las relaciones entre los Estados se ha pisoteado. El crimen de agresión, que es un concepto estipulado en el derecho internacional es aquel que "lleva a cabo una persona, estando en condiciones de controlar o dirigir efectivamente la acción política o militar de un Estado, planifique, prepare, inicie o realice un acto de agresión que por sus características, gravedad y escala constituya una violación manifiesta de la Carta de las Naciones Unidas".

Estas violaciones pasan a diario por parte de Estados miembros de las Naciones Unidas. El ataque a poblaciones israelíes por parte de Hamas aquel 7 de octubre de 2023, y la invasión de Ucrania, son hechos que deben ser llevados ante ese tribunal, de modo que los órganos dispuestos para tales hechos actúen en consecuencia.

Los actos de Estados que violan los derechos de las personas son abundantes como para que los integrantes de ese tribunal se pasen años conociendo esos ilícitos. El Tribunal Penal Internacional tiene experiencia en el conocimiento de esos crímenes de guerra perpetrados en el pasado. Los principios que sustentan las normas internacionales no deben echarse al zafacón.

 "Un Estado es responsable de todos los actos cometidos por sus órganos y otras personas o entidades facultadas para actuar en su nombre, aunque esos órganos o personas se excedan en sus competencias o contravengan las instituciones", dice la Convención de La Haya.

Es profuso el material audiovisual que circula en el ecosistema digital de soldados israelíes golpeando, apresando y despojando a los palestinos de sus propiedades y cosechas. Ni Israel, ni Estados Unidos, ni Rusia, ni China, ni Francia, ni Alemania, ni Inglaterra, ni Corea del Norte están por encima de los principios internacionales que por muchas décadas, mal que bien, han mantenido la paz mundial.

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