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Doña María y el doctor

El discurso en la ONU que marcó la ruptura entre Balaguer y los Trujillo

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Doña María y el doctor
Joaquín Balaguer en un su discurso ante la ONU. (FUENTE EXTERNA)

El 1ro de septiembre de 1961 -cumpleaños 55 del doctor Joaquín Balaguer-, un despacho desde New York City de la agencia de noticias UPI informaba que la viuda del Generalísimo Rafael L. Trujillo, ultimado la noche del 30 de mayo, abordó el 31 de agosto el trasatlántico United States. Acompañada de cinco nietos, hijos del general Ramfis Trujillo, y por el capitán Radhamés Trujillo, su otro vástago. El viaje tenía como propósito inscribir en escuelas privadas suizas a los nietos, cuyas edades oscilaban entre 5 y 12 años.

En lo personal, mantuve relaciones con María de la Altagracia, la mayor, a instancia de su tío político Yuyo D´Alessandro, una exquisita dama motivada por la narrativa del boom latinoamericano. Y con Ramfis Rafael, a quien conocí en el Colegio de La Salle siendo niños, retomando contactos ya adultos gracias a su colindancia residencial con Miguel Ángel Velázquez en el Ensanche Julieta, compartiendo amables encuentros hogareños. Con Aída -quien desarrollara carrera literaria galardonada por su obra A la sombra de mi abuelo- mantuve un rifirrafe motivado en la apología que realiza en dicho texto del crimen de Hacienda María ejecutado por su padre.

En la ocasión la viuda Trujillo negó categóricamente que sus hijos tuvieran aspiraciones políticas presentes o futuras, indicando que "no puedo aspirar a que mi hijo mayor sea presidente de la República". El 30 de agosto, antes de embarcarse en el crucero, doña María Martínez Alba de Trujillo concedió entrevista al diario The New York Times, discurriendo sobre la candente situación dominicana. "Todo saldrá bien, porque el honorable señor presidente Balaguer sabe cuál es el camino mejor y el más seguro para salvar del caos y la ruina a la Nación" -declaró con juicio firme apostando a las habilidades del hijo ilustre de Navarrete, ese, casi inocuo hombrecito a quien realmente aborrecía. Familiar de Bienvenida Ricardo y residente por un tiempo en los 30 en la Mansión Presidencial.

La que fuera terrible primera dama -siempre celosa de su principalía ganada a fuerza de garras afiladas en todos los planos, incluyendo su voracidad inmobiliaria y empresarial, amén del protagonismo social a todo trance y del inútil empeño por controlar al irrefrenable macho cabrío que la desposara en 1935, tras lograr desbancar a la Ricardo para luego perseguir sañuda a Lina Lovatón hasta exiliarla en Miami- aseguraba a la prensa norteamericana que la familia Trujillo colaboraba en la modernización y democratización del régimen.

"Nadie puede predecir el futuro de la República Dominicana. Todo depende de la cooperación de algunos países de América y del patriotismo de la oposición. Si es que no interponen sus intereses a los deberes de todo buen ciudadano para con la Patria", sentenciaba la autora de Meditaciones Morales y Falsa Amistad. Dos obras atribuidas al refugiado español José Almoina, quien fuera profesor de la Escuela Diplomática que operó en los salones del Club Unión, preceptor del hijo mayor en Estancia Ramfis (sede de la Cancillería) y secretario particular de Trujillo en la Presidencia. Asesinado en México en 1960 por encargo del dictador.

Sobre Joaquín Balaguer, doña María derramaba sus mejores frases, ella misma culterana, amante de la ópera. "Hombre de nobles sentimientos, de gran cultura y elevados principios, está tratando por todos los medios de convencer a los ciudadanos de cuál debe ser la conducta a seguir para que la democracia sea una realidad y el libertinaje no se confunda con el verdadero sentido de los derechos cívicos y políticos".

Ante el interés periodístico por auscultar la posición de los Trujillo en el volátil proceso dominicano, María Martínez Alba se despachó con una afirmación rotunda, deslindando campos: "Familias Trujillo son muchas. Sí puedo responder categóricamente que mis hijos no tienen ninguna aspiración política presente ni futura" -tomando distancia del interés de los hermanos Petán y Negro Trujillo por preservar la heredad para su provecho.

Cuestionada acerca de su rol en la alianza fraguada entre Ramfis y Balaguer, la madre protectora declaró: "Nuestra amistad con el Presidente Balaguer no admite que sea necesaria mi intervención para mantener el respaldo de mi hijo a nuestro Presidente." Puesta a escoger entre 3 opciones que se abrían a futuro a su hijo Ramfis -1) Ser Presidente de la República; 2) Continuar en la carrera militar; 3) Ejercer como abogado-, doña María expresó su deseo: "Ni lo primero, ni lo segundo. Sólo felicidad y tranquilidad espiritual para mis hijos."

Ante la extrañeza generada por su salida del país con los hijos de Ramfis y acompañada por Radhamés, a la luz de la consigna "Que se vayan los Trujillo" coreada en los mítines opositores, se le preguntó dónde estaban los demás miembros de la prominente familia. "No se puede estar oyendo tonterías de los enemigos; no podemos oír ni esperamos oír nada bueno ni agradable. Salí por mi propia voluntad y bajo protesta de todos los amigos que no deseaban que me ausentara del país. Todas las familias Trujillo residen en la República Dominicana".

Una cuestión "se caía de la mata": la suerte de los conjurados en el magnicidio que dio al traste con la vida de su cónyuge. "¿Cuál será la suerte de los asesinos del Generalísimo Trujillo? ¿Cuántos están aún prófugos?" La respuesta no se hizo esperar: "Sólo la justicia puede decir cuál será la suerte de los viles asesinos de mi esposo. Yo sólo confío que sea la Justicia Divina quien los juzgue y castigue como merecen. Se supone que sólo dos de los asesinos están prófugos. No sabemos si hay otros implicados."

Así hablaba María Martínez a tres meses del ajusticiamiento del tirano, con giros admirativos dedicados a Balaguer asintiendo el respaldo que su hijo Ramfis le brindaba al Presidente civilista. Opinión que cambió radicalmente cuando Balaguer, hablando el 2 de octubre del 61 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en New York, denunció los 30 años de terror de la dictadura de Trujillo, comprometiéndose a democratizar el régimen y buscar el levantamiento de las sanciones que pesaban sobre el país.

Desde París, doña María se desahogó epistolarmente con su hijo Ramfis quien permanecía en el país como comandante en jefe de aire, mar y tierra, acuartelado en su fortín de San Isidro y disfrutando de las visitas de féminas importadas en su chalet de Boca Chica. Dolida, apuntaba, "30 años de terror, pero en los 30 años él fue el mejor colaborador de ese gobierno al cual acusa, y tuvo oportunidades brillantes de renunciar, puesto que ocupó puestos en el extranjero. Más insultante no puede ser el doctor Balaguer."

Radhamés, también en el exterior, se sumaba a la ofensiva emprendida por la jefa familiar, al señalar que "hemos leído el discurso y nos parece hecho por un traidor y un cobarde, porque a mí se me importaría que se hundiera el país, pero no permitiría que se hablara así del hombre al que todo se lo debemos". Remachando: "Me ha extrañado sobremanera el profano discurso del Presidente Balaguer y no me explico cómo tú puedes permitir que se profane la memoria de nuestro padre."

En Memorias de un Cortesano en la Era de Trujillo, un cauto Balaguer explica el trasfondo de esta pieza oratoria que operara como verdadero parteaguas, montada por su autor con propósitos precisos y desplegada en el pódium de la sede de la ONU.

"Antes de emprender el viaje a Nueva York hablé con Trujillo Martínez sobre la importancia de que se levantaran las sanciones y le expresé con la franqueza que expondría ante la organización mundial la firme decisión de las autoridades dominicanas de restablecer el imperio de la ley y de incorporar la nación a las actividades propias de la convivencia civilizada." En fotos de la prensa, Ramfis, junto a los jefes militares, luce afectuoso despidiendo en el aeropuerto a Balaguer.

De este modo, Balaguer se lanzaba, pero veterano al fin en las lides de la sobrevivencia bajo un régimen que exigía como norma lealtad perruna al dictador ególatra, lo hacía con paracaídas. Y Ramfis, en su empeño por ganar tiempo para realizar sus planes reales, ampliaba los límites de tolerancia.

La animadversión engendrada hacia Balaguer por estos Trujillo que vieron en su actuación una traición al Jefe, se reflejó en la talentosa nieta Aida Trujillo, quien lo calificara como "el taimado hombrecillo".

En su intervención ante el foro mundial, Balaguer caracterizó la situación. "Sobre la República Dominicana gravita desde hace más de un año una dura sentencia de proscripción que nos condena, como si fuéramos un país apestado, a la estrangulación económica y al aislamiento diplomático". Argumentando, tras explicar el origen de las sanciones en el atentado a Betancourt ordenado por Trujillo, que "no es justo que la pena sobreviva al culpable y que se traslade al derecho internacional aquella institución en que los hijos respondían de las faltas de sus padres."

Admitiendo que con las sanciones de la OEA se castigaba una "dictadura de derecha, sin dudas la más eficiente pero también la más rígida e implacable de cuantas han existido en América en el presente siglo", entendía que "se actuó con sevicia draconiana". En contraste Cuba, gobernada por Fidel Castro, llamado por Balaguer "el sanguinario profeta de la Sierra Maestra", no había sido sancionada. Identificándose con EE. UU. como "defensor de la libertad en el mundo", alertaba que en el nuestro podría estarse gestando una "nueva sucursal del Kremlin". En momentos en que fracasaban las conversaciones en New York entre Rusk y Gromyko sobre la Crisis de Berlín.

"Un país sometido durante 31 años a una de las más férreas dictaduras conocidas en la edad contemporánea, busca con ansiedad el camino hacia la redención definitiva". En su ruta, la oposición, acusada por el estadista de actuar con "demagogia intemperante", estaría arraigando "una psicología especial que prepara la isla para una erupción casi inevitable".

En la víspera de su viaje, Balaguer recibió de UCN la propuesta para integrar una junta provisional que condujera, en varias fases, a un gobierno constitucional el 27 de febrero del 64. Antes, el PRD entregó un plan "conciliatorio, muy realista y transigente". Mientras se esperaba la reacción del 14 de Junio. En tanto, Angelita Primera partía con destino a Europa.

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José del Castillo Pichardo, ensayista e historiador. Escribe sobre historia económica y cultural, elecciones, política y migraciones. Académico y consultor. Un contertulio que conversa con el tiempo.