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Extorsión y Chantaje

La transparencia política como antídoto contra el chantaje digital

Se me acercó un exfuncionario de este gobierno para pedirme opinión profesional de una situación por la que atravesaba de extorsión y chantaje por parte de una persona enganchada a la comunicación, de los que abundan en las plataformas digitales, utilizadas de manera muy frecuente en el espurio esquema de chantaje y extorsión.

Este comportamiento no es nuevo. Viene desde la incidencia de los medios tradicionales, pero hay que decir que el fenómeno tiene más vigencia que en otros tiempos, debido a la proliferación de gente sin principios éticos ni morales que incursiona en las distintas plataformas digitales.

La persona que me consultó salió del ejercicio público hace algunos años con un buen desempeño, con una responsabilidad secundaria. No obstante, hasta esas personas son blanco de la extorsión y el chantaje. El ecosistema digital está invadido por gente sin escrúpulos, que entiende que tener libertad de opinión y libre ejercicio en un medio, de baja o alta incidencia, es patente de corso para la cacería, sin importar principios deontológicos.

El aludido interlocutor está consciente de que pasó por un cargo público sin escándalos. Fue mi argumento esencial para convencerle de que no hiciera caso al chantaje, pues la productora de la plataforma vive de eso, de la extorsión y el chantaje. No son pocos los casos que llegan a nuestro conocimiento sobre este fenómeno. Es un hecho lamentable que esta carrera tan amplia y hermosa haya sido invadida por gente de esa calaña.

Son numerosos los sometimientos por difamación e injuria a comunicadores (no así a periodistas de larga data que conocen su oficio), los cuales entienden que las plataformas son una herramienta efectiva para lanzar lodo sin ton ni son, sin tener pruebas, cuando el chantaje no funciona. Hace unas semanas, uno de esos que desde su trinchera digital acostumbra a fabular, incurrió en el delito de difamación contra el director de este diario, un periodista de una trayectoria poco común, impecable, que se ha desempeñado con altura también en el ámbito diplomático, un intelectual que conoce las normas esenciales de la libertad de prensa y que respeta la forma de pensar de los demás.

El auge de difamadores, extorsionadores y chantajistas es más común en estos tiempos debido a la importancia que ciertos políticos atribuyen a estos personajes, que no pocas veces fortalecen pagándoles altas sumas de dinero. Pagan para que no los ataquen, lo cual constituye también una deshonra. No tendrían eco si a estas personas no se les diera importancia. El ejercicio ético en el periodismo o la comunicación, así como en otros ámbitos profesionales, camina solo, no necesita de muletas para sostenerse de pies. Quien conoce el alcance de las leyes, sabe que existen normas legales válidas para acudir a ellas a los fines de defender su buen nombre cuando se siente difamado, extorsionado o chantajeado.

Las campañas intimidatorias, de uso frecuente en las redes sociales tras la cual se esconde el chantaje o la extorsión, no tendrían espacio en la medida en que los políticos actúen con transparencia, sabiendo que pueden equivocarse en cualquier decisión de políticas públicas, pero teniendo espacio para la rectificación. Se debe actuar con transparencia y con la verdad como norte, siempre sirviendo al bien común como ejercicio político, solo con el cumplimiento de la ley.

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