Sun Tzu y la otra guerra
Relatos para entender un entorno mundial acogotado de crispaciones: la estrategia como plan en movimiento

Dos tratadistas despiertan en mi escritorio: Carl von Clausewitz, autor de On War, escrito entre 1816 y 1830, libro que él quería que se revisara en 1827; y Sun Tzu, autor de El arte de la guerra, un tratado de estrategia y táctica militar redactado hacia el siglo V a. C. Durante 1.500 años, este fue el texto principal de la antología de los siete clásicos militares del emperador Song Shenzong, hacia 1080. Hoy es usado en el mundo empresarial y también en la academia. En un documento sintético que nos ayuda a comprender sus variantes, Edward Fischer nos habla del libro aplicado a los negocios.
En versión compilatoria, Juan Luis Cebrián, exdirector de El País, hablaba de la conclusión a la que había llegado Lawrence Freedman, catedrático de Estudios Bélicos en el King's College London, cuando se refería a la zona que podría convertirse en escenario de la guerra. Pero ya lo dijeron los ingleses: «Esta no es una guerra de la OTAN». Desde una postura crítica, Paul Adams, corresponsal diplomático de la BBC, ha afirmado que Donald Trump, en sus dos mandatos, se ha lanzado a evaluar a los aliados de Washington en la OTAN.
En un análisis vertical y profundo del escritor de The New York Times, David E. Sanger, se nos aclara que no hay nada previsible en la guerra de Medio Oriente. En el artículo se advierte que debemos estar a tono con la frase de Winston Churchill: «Nunca, nunca, nunca creas que alguna guerra resultará fácil y sin sobresaltos, ni que aquel que se embarca en el extraño viaje puede medir las mareas y huracanes que encontrará». En una lógica crónica de Marc Bassets y Rafa de Miguel para El País, se argumenta que Alemania, Francia y Reino Unido estarían dispuestos a lanzar «acciones defensivas proporcionadas» para defender sus intereses en Medio Oriente. Y la gente en todas partes espera por los acontecimientos con mucho cuidado.
Se nota un énfasis particular en las declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron; el primer ministro británico, Keir Starmer; y el canciller alemán, Friedrich Merz. El portavoz del canciller alemán ha dicho que esta no es una guerra de la OTAN. El ministro de defensa alemán, Boris Pistorius, ha dicho que "esta no es nuestra guerra, no la empezamos nosotros". Estas declaraciones son de hace unas semanas.
Tomando en cuenta el contexto norteamericano, alguien me afirmaba que hay periódicos que le merecen entero crédito (mencionaba el USA Today). En arduas sesiones de lectura, los contemporáneos buscan medios que les ofrezcan el mejor análisis. En estos días recuerdo que Carlos Fuentes, el escritor mexicano autor de Los años con Laura Díaz, hablaba de su admiración por Maureen Dowd, la articulista superestrella del The New York Times cuya pluma ayuda a entender lo que ocurre en todas partes. Indicaba Fuentes el asunto de Samuel P. Huntington y la tentación que este tenía de creerse el capitán Ahab, listo para pelear con la ballena. El escritor mexicano hablaba de John Quincy Adams, entre otros, pero trataremos esto después.
Pasemos a Cuba, que en estos días atraviesa una enorme crisis. La lógica del petróleo no termina en el Medio Oriente: también atraviesa el Caribe y ayuda a explicar las crisis paralelas de Cuba y Venezuela. Conocido por los lectores, harto entendido es el problema energético en Cuba. Según el Real Instituto Elcano, la infraestructura termoeléctrica de la isla, con más de 30 a 50 años de explotación y falta de mantenimiento, es incapaz de cubrir la demanda, lo que provoca cortes diarios que a menudo superan las 14 horas, con una meta inalcanzable de 24 % de energía renovable para 2030.
En entrevistas aparecidas en el podcast de un periódico global, escuché con claridad la enorme complicación en que se ha tornado vivir en la isla, ahora sin petróleo: personas que deben multiplicar empleos para subsistir. Un profesor en La Habana confesaba que hace de todo para salir adelante. Ese constreñimiento cotidiano rara vez ocupa los grandes titulares, pero es más real que cualquier foro internacional. La gente en la calle dice esto: "queremos libertad, no solo energía eléctrica". Dicen Patria y Vida, y algunos medios hablan de la Perestroika aplicada a la isla. ¡La comunidad internacional está en suspenso!
Asediado por los periodistas norteamericanos, Trump indicaba que podría tener una «transición amistosa» con la isla, algo que atiza la fe y las perspectivas. De manera no superficial se ha narrado que el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, está en conversaciones con el gobierno de Trump, lo que saludamos. Salió publicada la noticia de que en Cuba «le pegaron fuego al Partido Comunista». Una respuesta que daban los cubanos lanzados a las calles: «No queremos luz, queremos libertad», viendo el caso de que las autoridades de seguro prometieron la resolución del problema de la luz, pero el pueblo quiere otra cosa.
Ahora detengámonos en los problemas venezolanos. Según los medios, que deben ser reinterpretados, Trump afirmaba que Delcy Rodríguez se ha portado muy bien. Al mismo tiempo, circulan videos que muestran el talante contestatario de la presidenta interina, lo que podría llevar a un rediseño de la política hacia el país hermano.
Como en un caleidoscopio político, en Santo Domingo conviven múltiples historias venezolanas: la chavista que llegó en intercambio académico y quienes huyeron del régimen y hoy venden cachapas, tequeños y arepas. Desde una óptica crítica que vuelve escatológica a la historia, se ha hablado con intensidad de ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips y de empresas chinas y rusas. Pero aún no se percibe quién terminará por inclinar el curso de los acontecimientos. Las sanciones alteran el flujo petrolero hacia Cuba, y así el círculo energético vuelve a cerrarse. Algunos desatan el argumento: ¿qué ocurriría con el cierre del Estrecho de Ormuz? Y los países de Medio Oriente tienen los ojos colocados en los hechos. Estos son momentos difíciles para todos estos países.
Al final, todo parece girar alrededor de la energía, la economía y la geopolítica. Y mientras discutimos el último titular, el anterior ya se ha evaporado. A veces, los temas se nos escapan como el agua en el agua. La energía organiza silenciosamente el siglo XXI, y la frase de Churchill cada vez nos parece más eterna, como las viejas y lúcidas indicaciones de Sun Tzu.

León de Moya