Las engañifas de Aerodom
Aerodom no cumple compromisos tras extensión de concesión
Cuando a finales del año veintitrés se anunció la firma de una extensión de la concesión sobre la operación de los aeropuertos estatales a la empresa Aeropuertos Dominicanos Siglo XXI perteneciente al consorcio francés VINCI Airports, estuve entre quienes se manifestaron a favor de esa operación bajo el entendido de que, inversiones que requería el Aeropuerto Internacional de las Américas, sólo podrían realizarse en lo inmediato si la empresa recibía garantías sobre la continuidad de la concesión.
Además de un pago inicial de setecientos setenta y cinco millones de dólares para ser invertidos en obras de infraestructura y una mayor participación del Estado en los beneficios generados por la operación de los aeropuertos, en el acuerdo Aerodom se comprometió a realizar una inversión superior a los ochocientos millones de dólares, la mayor parte para mejorar las condiciones en que opera el AILA.
En un tiempo no mayor de dieciocho meses debían destinar dieciséis millones de dólares a mejorar las terminales de Las Américas. Ese plazo venció a mitad del año pasado, y a este momento no parece que esa "inversión" resista una simple auditoría visual. Se remozaron los espacios para la venta de productos bajo régimen de zonas francas, pero las áreas de chequeo, las puertas de embarque, migración y aduanas, muestran avanzados niveles de deterioro físico.
Como consecuencia del incremento en el tránsito de pasajeros, esas áreas lucen además desbordadas en sus capacidades. Por eso el concesionario se comprometió a invertir doscientos cincuenta millones de dólares en una nueva terminal, trabajos que debían iniciar en el año pasado, y hasta ahora ni movimientos de tierra se observan en la zona.
Ante todos estos compromisos incumplidos, la pasada semana nos anuncian como si fuera la gran cosa el inicio de los trabajos para la rehabilitación y mantenimiento de la pista principal de Las Américas. Una intervención que supone una inversión de apenas veinte millones de dólares, una chilata para lo que necesita ese aeropuerto.
La extensión de ese contrato produjo muchas críticas por parte de una oposición que advirtió como el gobierno adquiría importantes niveles de liquidez en medio de una campaña electoral con un presidente en reelección, y de sectores sociales que legítimamente cuestionaron la prolongación de la concesión a una empresa que ofrecía resultados tan deficientes.
Y desde entonces Aerodom no ha hecho otra cosa que validar esas objeciones. El AILA continua en mal estado y se reportan deficiencias operativas y de seguridad, además se produjo un insólito un apagón que lo paralizó durante horas, y con total descaro se niega a pagar la multa con que se le sancionó.
El presidente ha mostrado públicamente su enojo con la situación, pero eso no basta. Estas engañifas constituyen una burla al país, y como ni siquiera respetan el régimen sancionador dominicano, lo que corresponde es acudir a los canales establecidos para dirimir diferencias entre las partes, solicitar reparaciones y de ser necesario hasta la anulación del contrato.
Es lo que debe pasar si Abinader quiere evitar que la gente se ponga malpensada sobre las motivaciones de su gobierno para extender esa concesión.

Óscar Medina
Óscar Medina