Esclavitud atlántica
Un sistema de explotación que marcó el destino de República Dominicana y Haití

Para tener conciencia clara acerca de la historia de República Dominicana, Haití y de los demás pueblos de América, recobra relevancia conocer profundamente la esclavitud atlántica tal cual se instaló en esta región. Funcionó como un sistema de explotación que configuró los proyectos de Estados-nación en el continente, con particular fisonomía en la porción occidental de la isla de Santo Domingo, conocida hoy como Haití.
La esclavitud atlántica, entendida como un modo de organización económica, política y comercial orientada a la acumulación de capital por parte de las coronas de Europa, se consolidó en América tras la conquista española y con las incursiones de otras potencias europeas, en pleito por el "festín" que representaron los territorios americanos. Este tema me tomó buena parte de la investigación del libro más reciente que pongo en circulación esta tarde en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña: "Santo Domingo, génesis y ruptura de dos naciones".
Entre los hallazgos de los que hago acopio en mi obra, es importante referir el negocio triangular europeo que imperó por aproximadamente 3 siglos y 52 años (1514-1866), en el que se transportaron poco más de 12 millones de esclavos desde África hasta América, una vez la población autóctona americana fue extinguida como resultado del trato cruel que se le dispensó.
Desde Senegal hasta Angola, una costa de 6 mil 500 kilómetros, sirve de marco a las tétricas historias abordadas por la tradición oral afroatlántica, de episodios documentados por tribus como los Igbo, los grupos étnicos ewe y fon, procedentes de Dahomey (Benín), los bereberes nómadas, la tribu mandé y otras etnias que engrosan las múltiples escenas de abusos.
Los Igbo, una etnia que aún permanece en el sureste de Nigeria, representan hoy el 18 por ciento de la población de ese país africano. Su historia, como la de muchas otras poblaciones africanas, está muy vinculada a un episodio de rebeldía conocido como el Igbo Landing, que narra un hecho ocurrido en 1803.
No se trata de una leyenda, es un hecho real documentado, como hay cientos de versiones verídicas, escenificadas en el mar oceánica, ocurridas en las bodegas de los barcos negreros. Al llegar aquella embarcación a las costas de Georgia (isla de St. Simons), un puñado de cautivos se rebeló contra la tripulación.
Los Igbo se caracterizan por ser de los más rebeldes de África, con una organización interna distinta a las del resto, toman decisiones mediante asambleas y fomentan una mentalidad menos jerárquica y más independiente. Valoraban entonces profundamente la libertad personal y no eran propensos a tolerar una autoridad impuesta.
Estos guerreros que serían sometidos a las crueldades que recoge la historiografía, no sólo se alzó contra la tripulación, sino que como aluvión saltó en estampida de la proa, y se lanzó al océano, prefiriendo morir ahogados antes que ser sometidos como esclavos.
La resistencia de los africanos, cazados en su territorio para alimentar el negocio triangular, está contada en episodios documentados, y en aquellas hazañas que no se pudieron registrar. Resalta también aquel hecho que escandalizó la opinión pública inglesa cuando se enteró que uno de esos barcos negreros, había lanzado a una cantidad de hombres y mujeres al mar porque económicamente les resultaba más económico echárselo a los tiburones que venderlos en el puerto de destino. Esa fue una práctica cotidiana de los capitanes, que se descubrió casi al final y dio origen al movimiento abolicionista.
El portal digital SlaveVogages.org documenta poco más de 36 mil 79 registros de navíos que partieron de Europa hacia África en ese negocio triangular, surcando los mares atlánticos.

Rafael Núñez