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El estatus del territorio dominicano en 1821

De la proclamación independentista a la ocupación haitiana

El 20 de julio de 1814 los reyes de España y de Francia suscribieron, en París, un tratado definitivo de paz y amistad con motivo del fin de la guerra con la Sexta Coalición. En el Art. 8 de ese convenio, Francia cedió y devolvió a España "en toda propiedad y soberanía la parte de la Isla de Santo Domingo cedida a Francia por la paz de Basilea."

Siete años después, el 30 de noviembre de 1821, en Santo Domingo tuvo lugar un pronunciamiento político, liderado por José Núñez de Cáceres, con el objeto de proclamar una República  independiente. Se diría que, al acometer y ejecutar ese proyecto secesionista, Núñez de Cáceres y sus correligionarios se adhirieron a la corriente independentista  que desde 1810 predominaba en la América hispana y de la cual emergieron las nuevas repúblicas latinoamericanas.

El movimiento independentista de 1821 no fue fruto de la improvisación, pero sí se produjo al margen de la mayoría de la población. En ningún momento Núñez de Cáceres contó con apoyo popular, sino "con el de los militares y civiles disgustados -lo mismo que él- por el abandono en que España les tenía desde el año 1809..." (Víctor Garrido Puello, Espigas históricas, 1972). Esa insurrección -según Rufino Martínez- se circunscribió a las alturas del núcleo social y apenas tocó "la periferia del alma popular", razón por la cual, desde su génesis, la sedición estuvo condenada al fracaso.

¿Es lícito colegir que Núñez de Cáceres actuó de manera imprudente, sin haber analizado las condiciones objetivas y subjetivas imperantes para lograr que el golpe revolucionario fuera exitoso? No necesariamente. Núñez de Cáceres no era un improvisado en materia política, además de que tenía un amplio conocimiento del devenir histórico dominicano, al igual que de la historia hispanoamericana. Incluso, durante la fase embrionaria de la rebelión, por medio de un emisario se estableció contacto oficioso con las autoridades haitianas, específicamente con el presidente Boyer, para arribar a un acuerdo de cooperación, una vez España quedara desvinculada políticamente de la parte oriental.

El propio Núñez de Cáceres se refirió a esas gestiones en la proclama que dirigió, el primero de diciembre, a "los valerosos dominicanos y amados compatriotas". Reveló que se gestionó la posibilidad de un acuerdo con los haitianos a través de "un tratado de amistad, comercio y alianza para la común defensa".  "El filantrópico Boyer -así lo llamó- nos enviará con abundancia los auxilios que necesitemos" para consolidación y sostenimiento de la independencia.

¿Se cercioró Núñez de Cáceres de que el presidente Jean Pierre Boyer en verdad respetaría la decisión dominicana de independizarse de España, cuya presencia en la parte del Este tanto temían los haitianos? ¿Estaban  los dominicanos -cuya población no excedía de 80 mil almas- en condiciones de acometer con éxito empresa tan arriesgada? Y, lo más importante, ¿disponían de suficientes recursos militares para defenderse de una invasión armada procedente del Estado vecino?

Los acontecimientos sucesivos al pronunciamiento revolucionario de noviembre 30 de 1821 no ocurrieron como se habían anticipado, pues tan pronto Jean Pierre Boyer comprobó que los dominicanos se habían desligado de España, ordenó una invasión militar al Santo Domingo español, bajo la égida de los  artículos 40 y 41 de la constitución haitiana de 1843, según los cuales "la isla de Haití (antes llamada Santo Domingo)..., forman la República de Haití, que es "una e indivisible".

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Historiador y ensayista. Especialista en historia dominicana.