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El scroll infinito

La adicción al scroll es un fenómeno contemporáneo del que casi todos podemos hablar: todos invertimos tiempo pegados a la pantalla

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El scroll infinito
El scroll infinito que roba la atención. (FUENTE EXTERNA)

Como si hubiera sido sacada de una revista de modas, en una mañana soleada y repleta de noticias, una muchacha algo cibernética y fashionista acaba de entrar en un supermercado de mucha gente. Mirando a su alrededor a las diferentes ofertas, se detiene frente a la zona de vinos. Ella concibe su estadía en el transitado lugar como un momento de relax contemporáneo. Como podría verse si la entrevistáramos, está anonadada con todas las ofertas del súper. Se detiene porque le ha llegado un mensaje

Al parecer, le están enviando un texto al buzón de una de sus redes. Al verla con su sonrisa amistosa y sus jeans rotos y prelavados, la pregunta que cualquiera podría hacerle es por dónde le hablan y si contestará al "estratégico mensaje". Mirando la pantalla luminosa, se ha dado cuenta que era el mensaje que estaba esperando toda la mañana: una amiga la invita a salir a las seis de la tarde a una reunión de chicas en un restaurante de moda. Boncharán como hacía meses que no lo hacían.

Al cabo de un rato, toma un carrito del súper para hacer una compra pequeña pero necesaria. Los otros compradores están concentrados en lo suyo: el del lado izquierdo (nada que ver con la izquierda política: Petro, Sheinbaum, AMLO) se anima a buscar un pescado en la sección convenida. Al cabo de unos segundos, siente que le están enviando un mensaje de guasá (le hablan del balotaje de Keiko Fujimori). Alerta sobre los mensajes enviados, deja lo que está haciendo para responder de manera rápida, certera y necesaria.

La chica del primer párrafo ha dejado de hacer lo que estaba haciendo —rescatar un vino de las estanterías— para responder al mensaje que, es bueno indicarlo, no es un scroll, sino un mero mensaje destinado a hacer una cita. El protagonista que compra el pescado no tiene la sensación de tener que dar una respuesta inmediata. Se ha alejado un poco de las ofertas que hablan de una reducción de precios estratosférica.

Agarrando un six pack de cervezas, nuestra chica se anima a contestar el mensaje y comienza su periplo dactilográfico: «Estaré allí a las seis», escribe. Luego abandona la mirada del celular y se adentra en la lectura de la etiqueta de un Cabernet Sauvignon. Su comprensión de la política no es muy acabada, pero siente que si le preguntáramos sobre Keiko quizás podría dar una respuesta: visitó Perú hace unos años.

Detenido en un pasillo repleto de ofertas, el protagonista que mencionamos más arriba tiene todo calculado: deberá comprar el pescado, pero algo le dice que hay algo en la red que le interesa. Adicto a la brillantez de la pantalla, abandona el pescado y se adentra en el scroll infinito hacia abajo. Las fotografías se suceden como una cascada indetenible por un mar inhóspito o placentero (según se vea).

Nuestro amigo denota un interés momentáneo: debe saber lo que otros están ahora mismo posteando en sus cuentas. En la playa, unos amigos tienen la astucia de transmitir todo el evento (la cercanía del mar), desde una óptica positiva y con un fondo de música nunca antes escuchada por aquellos lares. Más allá, se puede ver que todo el mundo está en lo suyo: algunos postean desde un edificio lejano de Dubái y otros reportan desde un restaurante en las inmediaciones de una visitada casa en la Florida.

Meditando en cómo devendrá la tarde, el logro de nuestra chica es comprender que puede no dejar de hacer una cosa para hacer otra. Otros dirán que ella es multitasking.

Mediante una especie de autodominio, ahora intentará demostrarse que puede durar unos minutos sin ver el celular: está claramente adicta a las redes. Cualquiera le preguntaría cuál es la cantidad de tiempo que invierte y ella diría: «Me da vergüenza decirlo». Al cabo de otro rato, sale del supermercado con la mirada puesta en el encuentro de esa tarde. El chico todavía está en el área de pescadería, pero ahora intenta seguirle la huella a unos posteadores políticos que le informan sobre Giorgia Meloni y la guerra de Irán, tema este último sobre el que disertará en otra red cuando llegue a casa.

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El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.