Contrapunteo en torno a la independencia efímera
Sabemos que el pasado ocurre de una sola manera y que no es posible modificarlo

En 1938 circuló en Santo Domingo una novedosa monografía titulada El Estado independiente de Haití español. Crítica de nuestra historia moderna, del historiador Gustavo Adolfo Mejía Ricart, que dio origen a encendidos debates sobre "la independencia efímera" y su principal protagonista, el licenciado José Núñez de Cáceres.
La historiografía dominicana, por entonces, empezaba a distanciarse de la narrativa tradicional que reconstruía los hechos "tal como acontecieron", a la manera del positivismo de Leopold Von Ranke. Surgió así una nueva corriente de interpretación crítica, llamada documentalista, que centraba su interés en el pasado en función del documento histórico; corriente en la que descollaron Américo Lugo, Máximo Coiscou Henríquez, J. Marino Inchaustegui y el canónigo Apolinar Tejera, entre otros.
A esa nueva generación de exégetas de nuestra historia contribuyó la publicación de una colección de documentos procedentes del Archivo General de Indias, a cargo de Máximo Coiscou Henríquez, que proporcionó nuevas fuentes de estudio sobre los sucesos acaecidos desde la Reconquista en 1809 hasta la proclama de Núñez de Cáceres y la subsecuente invasión haitiana de 1822.
Se debatió también si José Núñez de Cáceres obró conforme a una genuina convicción nacionalista, o si por el contrario actuó movido por el resentimiento que le provocó el rechazo del Gobierno metropolitano a una solicitud suya para ocupar el cargo de Oidor o Juez de la Real Audiencia, en Quito.
No obstante, Mejía Ricart consideró a Núñez de Cáceres como precursor de la independencia nacional, quien tuvo la gloria de allanar el camino hacia la emancipación política de los dominicanos y que posteriormente continuaron, con éxito, los trinitarios.
Se ha sostenido, con base a pruebas fehacientes e irrecusables, que la ruptura con España en 1821 se efectuó al margen de la generalidad del pueblo. Asimismo, que un grupo de comerciantes y dirigentes en varios pueblos fronterizos estuvieron desconectados de la élite capitalina liderada por Núñez de Cáceres.
Según un prominente jurista de la época, Carlos Sánchez y Sánchez, el proyecto de 1821 nació inviable y solo fue "una aventura fugaz". Núñez de Cáceres, en efecto, fue incapaz de crear un verdadero Estado, porque el pueblo dominicano aún no constituía una nación. Por tal motivo, el movimiento apenas constituyó el "primer eslabón de una cadena de hechos históricos, que condujeron a la fundación del Estado dominicano".
"La independencia boba, de Núñez de Cáceres", así catalogó Sánchez y Sánchez al movimiento político de 1821. Por otro lado, el historiador Víctor Garrido Puello fue más severo al valorar la obra política de Núñez de Cáceres. Sostuvo que este procedió careciendo de apoyo popular, y que además era consciente del riesgo al que exponía a los dominicanos tan pronto se desvinculara de España. En consecuencia, la independencia de Núñez de Cáceres representó un grave error político que condujo al pueblo dominicano al "atolladero de la ocupación haitiana".
Sabemos que el pasado ocurre de una sola manera y que no es posible modificarlo. La verdad, monda y lironda, es que el primero de diciembre de 1821 José Núñez de Cáceres proclamó una República independiente, que apenas duró 70 días. Concluyo, pues, suscribiendo la tesis de Pedro Henríquez Ureña según la cual la idea de independencia en Santo Domingo afloró en los albores del siglo XIX; y que "la primera independencia [dominicana] fue, sin duda alguna, la de Núñez de Cáceres; no claramente concebida, tal vez, pero independencia al fin".

Juan Daniel Balcácer