Itinerario de los héroes la noche del 30 de mayo (I)
La noche que Trujillo fue historia y el plan que el destino descarriló
Todo estudioso de la historia política dominicana contemporánea sabe que el complot del 30 de mayo de 1961 fue concebido para ejecutarse en dos fases. En la primera, los conjurados del llamado "grupo de acción o de la avenida" debían emboscar al dictador y eliminarlo físicamente; mientras que, los integrantes del "grupo político" entrarían en acción durante la segunda fase para cumplir con su compromiso: 1) reunir y apresar a los principales miembros de la familia Trujillo y a sus epígonos más conspicuos; 2) asegurar el control militar y político del país -mediante un golpe de Estado-; y 3), propiciar la formación de un gobierno provisional que organizara elecciones libres para escoger un gobernante demócrata.
Se sabe que la primera fase de la conjura fue exitosa y que poco después de las 10 de la noche, Trujillo ya era historia. ¿Con frecuencia me preguntan que cuál fue el itinerario de los titanes de la avenida una vez muerto el tirano?
De conformidad con lo tantas veces convenido, los tiranicidas recogieron el cuerpo exánime del tirano, lo tiraron en el baúl de uno de los vehículos y, acto seguido, se dirigieron a la residencia del general Juan Tomás Díaz, figura principal -junto con su hermano Modesto- del grupo político
Desde allí procederían a contactar al general José René Román Fernández (Pupo), secretario de las Fuerzas Armadas, para que, muerto Trujillo, cumpliera con su parte en el sentido de reunir a algunos jerarcas militares de confianza a fin de neutralizar a las figuras claves del régimen con las que no era posible contar para los planes ulteriores del complot.
De los siete hombres de la avenida (originalmente eran nueve), tres resultaron con heridas leves y uno, Pedro Livio Cedeño, fue herido de gravedad por un disparo accidental que hizo Estrella Sadhalá en medio de la oscuridad y confusión reinantes en el momento final la refriega).
Imbert Barrera y Amado García Guerrero fueron a la casa del doctor Manuel Durán Barrera para ser curados; Estrella Sadhalá hizo lo propio donde el doctor Rafael Battle Viñas; mientras que a Pedro Livio fue necesario ingresarlo en una clínica privada para ser intervenido quirúrgicamente.
Desde la casa de Juan Tomás, ahora convertida en el centro de operaciones de la segunda fase de la conspiración, Luis Amiama Tió, acompañado de un hermano del secretario de las Fuerzas Armadas, de nombre Ramón Horacio (apodado Bibín), se dirigieron a la casa de Pupo para ponerlo al tanto de lo sucedido, pero no les fue posible localizarlo.
El general Román se había ausentado precipitadamente de su residencia debido a que, al menos media hora antes, el general Arturo Espaillat, que por coincidencia se encontraba en un restaurante de la Feria Ganadera, fue parcialmente testigo ocular del atentado contra Trujillo. No solo alertó al jefe de las Fuerzas Armadas -a quien sorprendió con esa noticia-, sino que también se comunicó con Héctor Bienvenido Trujillo, hermano del tirano.
Esa noche, los responsables de contactar a Pupo Román perdieron un tiempo precioso pues, en lugar de prevenirlo temprano, esperaron el desenlace del hecho de la avenida y, cuando intentaron localizarlo, ya no les fue posible. De manera que, en la madrugada del 31 de mayo, el general Román, al igual que todos los conjurados, fueron sorprendidos o desbordados por los acontecimientos subsiguientes a la muerte de Trujillo.

Juan Daniel Balcácer