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Crónicas de monte adentro: el campesino posmoderno guarda viejas memorias nacionales

Los campesinos dominicanos tienen una larga memoria nacional que queda demostrada en notorias conversaciones

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Crónicas de monte adentro: el campesino posmoderno guarda viejas memorias nacionales
Cada campesino guarda relatos de trabajo, tradición y cambios que merecen ser preservados para las futuras generaciones. (FUENTE EXTERNA)

Después de muchas andanzas en el manejo de la tierra, con la llegada del siglo veintiuno, nuestros campesinos se sometieron al claro dictamen de la lógica productiva.

Unos más que otros asimilaron los cambios de ese mundo moderno que les prometía numerosos avances. Los vemos en sus patios y fincas, en la vieja crianza de gallinas, atendiendo a sus predios. En todos los días de la semana, habitan donde se cultiva lo que venderán a fieles compradores. Pero más que lo que cultivan en su conuco, tienen memorias importantes que pueden ser rescatadas para beneplácito de los lectores de asuntos dominicanos.

Si atendemos a las investigaciones coloniales (pensemos en Antonio Sánchez Valverde, con su Idea del valor de la Isla Española y utilidades que de ella puede sacar su monarquía, de 1785), podemos asegurar que nuestros hombres de campo, herederos de los famosos bucaneros del siglo XVII, siempre fueron parte de nuestra historia nacional: pueden hablarnos del hato, de la crianza de ganado o de Trujillo. Podemos considerarlos una pieza fundamental de la memoria esencial del país. Son testigos de los principales procesos históricos de las últimas décadas.

Como puede verificarse si hacemos un sondeo histórico, estos campesinos guardan viejos recuerdos que esperan ser rescatados por nuestros hombres de letras. O, en todo caso, podemos esperar un inventario de sus opiniones sobre sus vidas. Imagine usted un recuento de la narración de las vidas de diez campesinos dedicados a la producción del tabaco, el cacao y el café. Habría mucho material de dónde sacar para explicar el proceso de estos importantes productos. Algo debe decirse: están muy viejos ahora.

Para disponer de un detalle que consideramos nodal, queda corroborado por conversaciones que hemos sostenido en este año que estos campesinos todavía se levantan a las cinco de la mañana cada día, con el característico y afable canto de los gallos. Aunque en los ochenta, en tiempo de elecciones, se hicieron comerciales de televisión con el uso de campesinos (todos recordarán al Don Chencho reformista), ya no vemos que se los visibilice en tiempos preelectorales. No es menos cierto que el señor de monte adentro ha sufrido en carne viva el destierro en su propia tierra. Sin ser voces exageradas, algunos pueden decirnos que han sido olvidados por otros actores. También puede alegarse que estos campesinos, como el reformista citado, tienen sus preferencias políticas, de las que podrían hablarnos en cualquier mañana.

Sin recurrir a encuestas o a estudios de mercado, los dominicanos sabemos que nuestros hombres de campo ahora tienen celulares, algo increíble: un señor que solo conocía su azada y su coa ahora tiene una cuenta de IG. En cualquier tarde de junio puede invertir su tiempo espiando alguna que otra cuenta de las redes sociales. En tardes propicias para ponerse en contacto con el mundo que los rodea, manejan su ocio como pueden. Un escritor que se concentrara en la memoria campesina obtendría un buen resultado para un libro que sería leído por miles de lectores y no solamente dominicanos.

Si rastreamos su realidad sociológica, sabremos que nuestro campesino de aquellos años ochenta no conocía términos económicos como presión tributaria, índice de inflación, PIB, ingreso per cápita, el modelo de las tres brechas o la economía naranja. Como se lo permitía su educación, era un señor que trabajaba para algún amigo de la ciudad que le compraba sus cosechas. Es importante destacar cómo vivían en las décadas trujillistas: los caudillos de algunas regiones habitaban de una manera sigilosa. Trujillo era el jefe del país.

Para sacarle mayor provecho a la tierra, ahora el hijo de estos comarcanos tiene una camioneta para sacar el cacao de la pequeña finca hasta llevarlo a una explanada. Allí, bajo un intenso sol caribeño, este producto se pone a secar durante horas y días. Si los contamos, han producido mucho dinero, pero el principal (el viejo) no quiere mudarse a la gran ciudad para comenzar una nueva vida.

Como dijimos antes, los campesinos dominicanos tienen una larga memoria que se hunde en los tiempos coloniales. Aclimatándonos a su presencia, uno se promete entrevistarlos antes de que finalice el año, a ver qué dicen sobre la política y sobre la canasta básica (IPC) y otras variables de la economía.

¡Buena suerte, mis lectores!

Posdata del jueves: la memoria narrada por Tony Judt en el final de sus días, en 2010, elogiada por John Banville en The Guardian, es un modelo de autobiografía (Taurus, Pensamiento). Aunque no podemos exigirle a los campesinos que escriban sus memorias, sí es posible hacer una que los incluya. ¡Buena suerte!

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El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.