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El centro desaparece

En la política actual, la moderación y las posiciones de centro parecen ser un valor del pasado

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El centro desaparece (GENERADA CON IA)

En la política actual, la moderación y las posiciones de centro parecen ser un valor del pasado. Los ejemplos abundan en todas partes sin importar la evolución social y democrática de las sociedades.

En Estados Unidos se celebran las primarias internas de los partidos de cara a las elecciones de noviembre, y prácticamente todas las carreras marcan una tendencia que borra las posiciones de centro. En la mayoría de los casos, o se imponen los demócratas de la izquierda radical o los republicanos más trumpistas.

Ocurre en carreras para gobernaciones, senadurías y representantes en Texas, Nueva Jersey, Illinois o California. Y amenaza al congresista Adriano Espaillat, quien enfrenta en el treceavo distrito del estado de Nueva York la competencia de una joven activista, también de origen dominicano, que pertenece al grupo de la izquierda socialista más radical del Partido Demócrata, de cuyas principales figuras recibió endosos, entre ellos el alcalde la ciudad.

En España el PSOE tuvo que asumir parte de las posiciones más extremas de la izquierda neocomunista, mientras los populares acercaron sus discursos a los nacionalistas de VOX. En Francia e Inglaterra, ante la irrelevancia de izquierdas y derechas tradicionales, todo indica que el poder se lo disputarán los extremos; y en Alemania, que hasta por un asunto de vergüenza histórica renegaba de la extrema derecha ideológica, los nacionalista de la AfD se encuentran a las puertas de encabezar gobierno.

Latinoamérica no es ajena al fenómeno, se comprobó en Colombia en la primera vuelta electoral, donde los conservadores y el uribismo se volcaron en apoyo a un outsider con un discurso beligerante y de confrontación contra el gobierno de izquierdas y su candidato; mientras Paloma Valencia, que encabezaba la oferta de la derecha más tradicional, intentó asumir un discurso de centro y terminó desplomándose en las últimas semanas. En Bolivia, Perú y Ecuador ocurrió algo similar, los candidatos moderados ni siquiera calificaron a los balotajes.

En Chile las elecciones se definieron entre un conservador católico tradicional admirador de Pinochet, que derrotó a una candidata del Partido Comunista, el mismo de Salvador Allende; en Brasil la presidencia se la disputarán Lula Da Silva representando una izquierda populista y asistencialista, y la derecha cristiana y conservadora de los Bolsonaro; mientras que en Argentina la única dirigente opositora que seduce a los votantes es la diputada de extrema izquierda Myriam Bregman, con un discurso cáustico en contra del presidente Javier Milei y sus políticas económicas libertarias. 

En este mundo ideologizado en los extremos República Dominicana parece ser la excepción, una especie de oasis donde todas las opciones confluyen en un centro conservador en lo económico y asistencialista en lo social.

Y aunque si bien en el horizonte no se avizoran elementos disruptivos, el aumento de la abstención electoral y la desafección que muestra la población hacia los partidos políticos, constituyen síntomas a considerar, para vacunarnos y con tiempo evitar contagios de ese padecimiento que desaparece el centro y empuja políticamente las sociedades hacia los extremos.


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