Itinerario de los héroes del 30 de mayo (y II)
La segunda fase del complot que se quedó en el limbo tras la muerte de Trujillo
Casi de manera simultánea con los movimientos de los conjurados, ya ajusticiado Trujillo, el chofer de este, Zacarías de la Cruz pudo llegar, también herido, al hospital militar Dr. Marión, adonde recibió atención médica.
Desde allí se informó a los servicios de inteligencia sobre el atentado contra Trujillo, al tiempo que -por otra vía- recibieron información sobre otro herido de bala en una clínica privada, que resultó ser Pedro Livio Cedeño.
Cuanto antecede evidencia que los organismos de inteligencia recibieron información, acerca del hecho de sangre en el que estaba involucrado nadie menos que Trujillo, en menos de dos horas de ocurrido el atentado.
Entre los pasos concebidos para la segunda fase del plan, además de apresar a miembros de la familia Trujillo, a funcionarios del gobierno y dar un golpe de Estado, los conjurados también ocuparían una emisora radial para difundir un comunicado informando a la población de lo sucedido y ofreciendo otros detalles sobre el programa político del complot.
Pero sabemos que una serie de sucesos imprevistos alteraron el curso de los acontecimientos impactando negativamente los planes de la conjura. El carro de Estrella Sadhalá quedó rezagado a escasos metros del tiranicidio; una pistola, propiedad de Antonio de la Maza, fue encontrada en el lugar del hecho, y al cabo de varias horas fueron allanadas las residencias de ambos y se impartió órdenes para perseguirlos y apresarlos con vida.
En el lugar de los hechos, los organismos investigativos recuperaron el automóvil de Trujillo, con numerosos impactos de bala, su quepis, su prótesis dental y rastros de sangre, lo que les hizo suponer que algo grave le había sucedido a Trujillo, cuyo paradero se desconocía.
Del interrogatorio practicado a Pedro Livio, los caliés supieron que esa noche había estado en casa de Juan Tomás Díaz, así que, sin perder tiempo, se trasladaron allí y, tras interrogar al personal de servicio, elaboraron una lista con las personas que también habían visitado la casa.
Poco después de la medianoche, De la Maza hizo algunas llamadas, a la vez que Juan Tomás, su hermano Modesto y Luis Amiama Tió intentaron en dos ocasiones de localizar al general Román Fernández, cosa que no les fue posible.
La circunstancia de adelantar el plan tiranicida para el martes 30 (en lugar del miércoles 31), impidió que tres miembros del grupo de Moca -con tareas claves asignadas- estuvieran presentes la noche de la acción. Tal desajuste, evidentemente, pudo haber influido para que la etapa inicial de la segunda fase, como quien dice, quedara en una suerte de limbo.
Hacia la una de la madrugada, ya convencidos de que la maquinaria trujillista, y no ellos, tenía pleno control de la situación, los principales miembros de la conspiración política decidieron separarse y buscar refugio seguro, a la espera de una coyuntura más favorable.
En la concatenación de los hechos inmediatamente subsiguientes al tiranicidio, el azar hizo su trastada y es probable que, durante el tiempo en que permaneció oculto en la residencia de la familia Álvarez Gautier, Luis Amiama Tió recordara las advertencias de su tío Manuel Amiama y de Marino Cáceres Ureña, quienes, por separado, tras escuchar los pormenores del segundo plan del complot, le manifestaron que no creían que las cosas saldrían bien, pues se trataba de una maquinaria difícil de desmontar de la noche a la mañana...

Juan Daniel Balcácer