Tecnología y democracia
La tecnología ha facilitado las candidaturas independientes. La supervivencia de la democracia depende de la madurez cívica

La caída del muro de Berlín allanó el camino para que las potencias vencedoras, democracias occidentales ´liberales´, ampliaran sus esferas de influencia generando una oleada de nuevas democracias.
Este contexto político devino en la formal instauración de la globalización económica mediante la firma de la Declaración de Marrakech en 1994 donde 123 países, incluida la República Dominicana, acordaron eliminar trabas al comercio y promover regulaciones sobre la propiedad intelectual y los servicios.
El resultado no fue menos que una revolución en la riqueza. El PIB mundial, lidereado por Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia en 1995 creció cinco veces para 2025 propulsando al frente economías como China, la India, los países petroleros y otras economías como R.D.
El único tema no formalizado en el acuerdo de 1994 fue la libre circulación de la mano de obra, por lo imprevisto del volumen y las incalculables implicaciones demográficas, fiscales, sociales y políticas que acarearía. Esta limitante fue subvertida por el discurso sobre la necesidad humanitaria y los méritos de la inmigración vista la caída en las tasas de natalidad en las economías liberales.
Globalmente, muchas nuevas democracias beneficiarias de un nuevo orden comercial evadieron las responsabilidades de distribución del ingreso y fiscalidad responsable mientras las democracias más aventajadas veían reducidos sus niveles de beneficios y oportunidades.
Como todo proceso pendular, ha acontecido un proceso de corrección manifestado en el surgimiento de figuras de corte autocrático que prometen mejor administración pública y mayor protección de los intereses nacionales. Esto se ha identificado como un retroceso democrático. Pero estas figuras han sido votadas. Si entendemos a las elecciones libres como el mayor síntoma de la democracia sus triunfos son válidas expresiones de la voluntad popular.
¿Pueden las democracias destruirse desde dentro?
El PNUD nos alerta contra riesgos como la polarización política, la desinformación digital, el crimen organizado - relacionado con 60 % de los homicidios-, los impactos migratorios, el cambio climático, contaminación y biodiversidad. Ni hablar de las crisis económicas, particularmente las inflacionarias.
En adición, nuevos poderes no democráticos con excelente desempeño económico (tener petróleo ayuda si no se es Venezuela) y generosas políticas sociales quienes están, a su vez, exportando sus ideales a otros países vía financiamientos. Y aquí intervienen las nuevas tecnologías de la comunicación.
Podría decirse que la democracia moderna floreció con la industrialización de trasfondo. Ahora, la revolución tecnológica ha permitido romper las restricciones monopólicas que mantenían los poderes fácticos sobre los partidos políticos y de estos sobre candidatos independientes que pudieran promover planteamientos considerados extremistas según el catedrático Levitsky.
Así, el poder de la tecnología ha facilitado el surgimiento de figuras independientes muy exitosas, algunas de las cuales responden a preceptos foráneos incluso contrarios a las constituciones nacionales. ¿Es esto democrático o solo es democrático si se es liberal?
Hasta ahora, las democracias han probado ser bastantes resilientes, pero crecen los riesgos de que las democracias elijan caminos de facto no democráticos de los cuales después pudiera ser difícil retornar. La supervivencia de las democracias liberales residirá en la profundización de la madurez de sus sociedades. Estas deben comprender y abrazar sus principios fundantes además de los del buen funcionamiento económico que genera la bonanza que sostiene los grandes ideales de un futuro justo y positivo.

Ellen Pérez Ducy