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Metamorfosis del capitalismo

Cuando Internet parecía una fantasía y terminó dominando el mundo

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Metamorfosis del capitalismo
Los algoritmos cambiaron para siempre las reglas del capital. (SHUTTERSTOCK)

En la redacción del vespertino El Nacional apurábamos el cierre del periódico cerca del mediodía del año 1993 cuando escucho que me llama el buen amigo y atento periodista Bolívar Díaz Gómez, subdirector del diario.

—Núñez, ven acá. ¿Quieres ir a una conferencia a la que invita la Compañía Dominicana de Teléfonos (Codetel), en la Biblioteca Nacional? —

No vacilé en aceptar la convocatoria de la empresa, que ahora es Claro, y asistí muy gustoso para tener hoy el recuerdo vivo, que ahora comparto con ustedes, en el que mi cerebro se puso en contacto con lo que entonces eran los reflejos de la metamorfosis que experimentaba el capitalismo.

Al otro día de esa conferencia, volví a la máquina de escribir Olimpia, que conocía al dedillo pues impartí docencia en una academia comercial. Sentado frente a ella, tuve dudas razonables entre si rezarle el "Padre Nuestro" y el "Ave Maria" y rajarme a llorar, o seguir dando teclazos sin pensar en aquella "premonición" que sobrevenía silenciosa.

El ingeniero de Codetel fue muy coherente con sus explicaciones sobre el incipiente mundo de la computación y acerca del hasta entonces desconocido universo de la Internet.

El capital dedicado a la producción, asociado a los medios industriales de producción, se mudaba pero la inmensa mayoría de los habitantes del planeta estábamos en Belén con los pastores, como ocurre con los grandes procesos de transformación de la humanidad. Aquel conferencista de la empresa más vanguardista de República Dominicana en el ámbito de las comunicaciones, nos dejó perplejos.

Habló de la Internet como la herramienta novedosa que contribuiría al desarrollo empresarial en las próximas décadas y, sobre todo, serviría a periodistas y demás profesionales, para un acceso infinito al conocimiento utilizando los motores de búsquedas.

—Llegará un momento en el que el conocimiento lo tendremos en un teléfono móvil, pues los motores de búsquedas nos permitirán consultar sobre cualquier tema en tiempo real— dijo el ingeniero de Codetel.

Confieso que un colega y quien escribe, nos miramos a la cara con más incredulidad que certeza, aderezado por la mueca con la boca que mi compañero hizo acompañar con su mirada. No dejaba espacio a la verdad.

Tras hablar de Wandex, WebCrawler y Alta Vista, este último el de mayor prestigio entonces debido a su gran capacidad de indexación rápida y sus avanzadas opciones de búsqueda, el ingeniero motivó a una parte de la audiencia, pero otra se marchó intrigada. No por falta de destreza del técnico, sino por la incredulidad que para significaban todas estas informaciones.

El "Tecno feudalismo", tal como lo describe Yanis Varoufakis, había comenzado desde años atrás de los noventa el camino sigiloso de suceder al capitalismo, tal como lo conocemos desde su origen.

El capital que mandaba sobre todos aquellos medios de producción: tierra, maquinaria y otras fuerzas ocultas, comenzó a ceder a otro fenómeno global que es hoy el que gobierna una tecno estructura, capaz de mover el mundo de un clic.

Las huellas algorítmicas que dejamos por años de uso en la internet, pasaron de ser pasivas para reutilizar la data que les ofrecemos acerca de nuestros gustos (libros, películas, música y ropas), convirtiéndose en agentes del ciberespacio. Los primeros algoritmos fueron evolucionando con el tiempo hasta ir mutando a un aprendizaje automático.

¿Quién puede negar que Google, Facebook, TikTok, YouTube, Amazon, Instagram, X y la Inteligencia Artificial, como otras súper tecnologías son los nuevos dueños del capital en las nubes, como asegura el economista Varoufakis en su libro "Tecno Feudalismo"?

La nostalgia no resistirá el empuje del capital en las nubes que sigue haciendo, en todo el planeta, lo que siempre hizo el capital tradicional, pero más eficiente.

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