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El 30 de mayo en la conciencia nacional

Los héroes del treinta de mayo reclaman su lugar en el Panteón de la Patria

En el devenir de los pueblos, cada gesta histórica genera sus héroes y antihéroes o villanos. Los primeros acometen acciones extraordinarias en beneficio de una colectividad, mientras que los segundos destacan por su proceder abyecto, moralidad reprobable y porque casi siempre actúan en beneficio propio.

En la historia dominicana moderna y contemporánea hay diversas gestas históricas de las cuales, naturalmente, han emergido prominentes héroes, así como no pocos villanos infames. Las gestas más trascendentales del siglo XIX fueron la guerra de la Reconquista (1809); la independencia de 1821; la fundación de la República en 1844; la guerra dominico-haitiana (1844-1856); la guerra de la Restauración (1863-1865); la guerra de los Seis Años (1868-1874); y el ajusticiamiento de Ulises Heureaux en 1899.

En el siglo XX, en cambio, se registran la resistencia nacionalista durante la ocupación militar norteamericana (1916-1924); la constante lucha contra la tiranía trujillista en el interregno 1930-1961; la conspiración política del 30 de mayo de 1961; la revolución y guerra patria de abril de 1965; y el proceso de construcción de la democracia dominicana a partir de 1966.

Un rápido examen a los nombres egregios que han sido exaltados al Panteón de la Patria permitirá constatar que allí descansan los despojos mortales de héroes emanados de casi todas las gestas históricas enunciadas precedentemente, salvo los héroes del 30 de mayo. Tal circunstancia fuerza a recordar el viejo refrán español, pupularizado por Campoamor:  "ni son todos los que están, ni están todos los que son".

El 25 de mayo pasado, Luis González Fabra, en su columna "Opinión", que publica en Diario Libre, con motivo del 65 aniversario del tiranicidio de 1961 propugnó que los héroes del 30 de mayo sean exaltados al Panteón de la Patria. El distinguido periodista y amigo subrayó la importancia de la gesta y, tras señalar acertadamente que diferentes gobiernos han coincidido en destacar la trascendencia histórica del 30 de mayo, concluyó exhortando al presidente Luis Abinader para que realice un acto de justicia histórica y emita un decreto ordenando el traslado al Panteón de la Patria de los héroes del 30 de mayo.

Resulta curioso, sin embargo, que si bien el 30 de mayo ha sido reconocido por diferentes gobiernos como una efeméride trascendental para las libertades públicas y la democracia en la República Dominicana, no haya sucedido lo propio con quienes acometieron la proeza de librar al pueblo dominicano de la tiranía trujillista. Ni las cámaras legislativas ni el Poder Ejecutivo han emitido leyes o decretos en tal sentido, acaso porque tal vez haya quienes erradamente consideren que fueron muchos los conjurados del 30 de Mayo o porque no todos sus integrantes desempeñaron un papel protagónico equiparable al de los siete titanes de la avenida.

Por ejemplo, de los miembros de la generación del 26 de julio de 1899, solo Ramón Cáceres y Horacio Vásquez han merecido el reconocimiento póstumo oficial. En vista de que en la conjura del 30 de mayo, que fue numerosa, hay héroes, próceres y mártires, tal vez sería conveniente que el presidente Luis Abinader considerara la posibilidad de crear una comisión de historiadores, juristas, educadores y un representante de la Fundación 30 de Mayo para que examinen el tema y formulen las recomendaciones pertinentes. Pero, no cabe dudas de que, como ha sugerido González Fabra, los héroes del 30 de Mayo merecen el Panteón de la Patria.

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Historiador y ensayista. Especialista en historia dominicana.