×
Versión Impresa
Día Jueves, 19 de Febrero de 2026 Edición 7251.
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Redes Sociales

Una mirada crítica: rémoras del pasado

Más allá de la ideología, los valores blandos que hoy definen a los buenos gobernantes

Por el momento, en República Dominicana no hay visos de que un outsider pueda alcanzar la Presidencia de la República como ha ocurrido en países del continente, y fuera de él, entre ellos en Colombia donde un desconocido en la política, Abelardo de la Espriella, acaba de convertirse en presidente electo aventajando en segunda vuelta a un postulante tradicional de izquierda, Iván Cepeda.

 Tienen que darse las condiciones objetivas y subjetivas (en el ámbito social, político y económico) para que surja una candidatura que llene el vacío dejado por los partidos tradicionales dominicanos, lo que no significa que el sistema de partidos en el país ande del todo bien. Muy por el contrario, las organizaciones tradicionales dominicanas parecen no darse cuenta de haber entrado a una etapa de agotamiento.

Si bien las tres principales fuerzas mantienen un sólido dominio del espectro electoral porque ellas en sí mismas no han llegado al ocaso definitivo, también es cierto que la sociedad de hoy es radicalmente diferente a la de hace 40 años. Son nuevos los actores que entran a escena, salvo algunas excepciones. Tal como refiero en mi libro sobre comunicación, "Nueva retórica, nuevos códigos, nueva sociedad", los cambios son impuestos por la dialéctica, por tanto, ha de haber también una nueva retórica, sustentada por actores distintos.

Si la sociedad cambia, es plausible que actores y discursos sean diferentes. Insistir en la gravitación política permanente es una tozudez, que se remonta a los siglos donde viejos caudillos vernáculos se aferraban al poder. 

El paradigma narrativo de antaño, por ejemplo, se sustentó en el carácter esencialmente antagónico de la política. En esa línea discursiva no se puede seguir: las organizaciones reproduciendo rémoras del quehacer partidista que no se leen ni un "Paquito", y mucho menos modificar creencias y actitudes. La nueva sociedad obliga a modificar esos códigos tradicionales para sustituirlos por otros que estén en consonancia con las aspiraciones ciudadanas. En resumen, es un tema de comunicación efectiva.

Los atributos deseados en los nuevos actores del sistema de partidos políticos tienen que ser (además de lo generacional) radicalmente opuestos a las cualidades que exigían los ciudadanos y ciudadanas de las décadas de los sesenta, setenta, ochenta y noventa.

El liderazgo que conocimos estaba afincado en una narrativa ideologizada, y apoyados en los aparatos que hacían mover la maquinaria partidista. De esto último, es a lo que refiero, que aún en República Dominicana los partidos tienen vigencia, aunque con signos preocupantes de agotamiento.

Y no porque lo diga quien suscribe estas ideas. Lo había planteado el consultor español, ya desaparecido, José Antonio Llorente cuando señaló, refiriéndose a los gestores políticos, "han de ser, especialmente después de la gran recesión, referentes de unos valores que se consideraban blandos y que hoy resultan imprescindibles".

¿A cuáles valores se refería Llorente?

Obviamente, el primer valor al que apelaba es al de la integridad. No basta con ser depositario del discurso político de este tiempo, si la integridad está ausente en la palabra y los hechos. Otra de las virtudes insustituibles es la capacidad de dirección de equipos. Además, la accesibilidad es parte esencial del liderazgo, pues no es conveniente que solo el equipo más cercano, sea el que tenga acceso a la cabeza del proyecto. Un liderazgo abierto permite tener a su alcance opiniones distintas sobre un hecho determinado. Se pondrá, pues, en condiciones de tomar las mejores decisiones.

La política es una ciencia dinámica, la mayoría de los outsider que han llegado al poder resultan ser un desastre en la gestión de políticas públicas. Ocúpese de que los partidos hagan los cambios que exige la nueva sociedad

TEMAS -