Cada genio con sus cosas...
Retratos de autores inolvidables entre la historia y el mito

El apóstol Pablo y Mark Twain dijeron grandes verdades. El primero aconsejó a Timoteo: evita controversias absurdas o desquiciantes. Su único resultado son pleitos innecesarios. Veinte siglos después Twain reformuló la idea: nunca discutas con estúpidos, te bajan a su nivel y luego ¡te vencen por su experiencia y experticia! Veamos a ver, pues...
Cosas discutidas
José Rafael Lantigua (Moca 1948-S.D. 2025), el más importante promotor literario dominicano desde cuando publicaba su sección Biblioteca en el desaparecido diario Última Hora, rehusaba ser considerado crítico literario, quizás por las implicaciones que por asociación podría traer la imputación. Fue tan prolífico (publicó más de veinte libros) que hace pocos días fue presentada su primera obra póstuma, "La bandera discutida" (Santuario, S. D., 2026, 198 páginas), crónicas sobre su fe católica y meditaciones acerca de la religión, la Iglesia y temas bíblicos. Son 27 ensayos prologados por el doctor Julio César Castaños Guzmán (S.D. 1955), quien destaca que "pocos autores dominicanos tienen un conocimiento tan vasto de la Iglesia". El título alude a un versículo de San Lucas 2:34 sobre la presentación del niño Jesús en el Templo por el anciano Simeón. Publicada por su familia como texto inconcluso ni revisado "como fiel reflejo de su visión", la obra fue dedicada por el autor a su hija y yerno que "siguen la misma fe, pero desde otra bandera" y les profetiza que "encontrarán al mismo Cristo que defendemos". Quienes lean esta valiosa obra de Lantigua encontrarán otra luminosa faceta de este inolvidable gestor cultural.
Cosas sin caso
¡Mi prima Tere dice que estoy loca, "roba da matti!". Dice que opinar sobre cualquier cosa en la prensa de este país de clima tropical es como montar un pararrayos sobre mi cabecita, "regozo a que te parta un rayo lanzado por algún Júpiter tonante por invadir sus dominios". ¿Qué hago? Jamás pierdo tiempo discutiendo por pendejaítas (así llamaba mi abuela cibaeña a los cadillos verbales). Tampoco deseo subir a la colina Capitolina, en mi querida Roma, por el riesgo de centellas y truenos. Recordé los ensayos de don Federico Henríquez Gratereaux (La Vega 1937-Santo Domingo 2024), a quien me habría encantado conocer, explicando el inmenso talento de algunos autores dedicados al oficio de Vulcano, cuyo fuego destructor levanta tanto humo que hace olvidar el motivo de su furia. No temas querida Tere. Como en la literatura, al final el lector conoce al cojo sentado y al ciego durmiendo. Apenas estamos en el principio y sabes que amo mi paz. Nessuna discussione...
Cosas repetidas
Quizás pocos países de tan reducido mercado editorial poseen una producción tan prolija de libros cuyo contenido es la recopilación inalterada de artículos de prensa publicados anteriormente. "Para que no se repita" (Búho, S.D., 2026, 2026) es otro, en este caso del distinguido político Guido Gómez Mazara (S.D. 1967), quien dedica la obra a su colega Emmanuel Esquea Guerrero (Calderas, Peravia 1944). Mazara es abogado por UNIBE con maestría en ciencias políticas en la prestigiosa New School for Social Research. Su prologuista Olaya Dotel Caraballo (S.D. 1980) advierte que la publicación de viejos artículos fechados desde 2004 hasta 2025 "es un aporte" para "impedir que se repitan los errores" que redujeron al PRD de gran partido de masas a grupúsculo, de cuya entraña surgió el PRM. Es también una bitácora de la eficaz labor como quinta columna del brillante político que, concluida su labor, se unió al PRM. Una introducción de cinco páginas por el autor revela interesantes facetas de su juventud, entre ellas su afición por leer buena poesía y la influencia política de su madre, "que fungía de vocera del MPD" en 1974. Este valioso intelectual merece atención. Ojalá su próxima obra sea un nuevo ensayo inédito contando su exitosa reinvención de sí mismo.
¡Qué cosas!
La semana pasada dije "¡amor y paz!" y lo mantengo. Pero les cuento. Mis amigas de Santo Domingo que visitaron el festival literario Mar de Palabras me comentaron cuánto lo disfrutaron y que debieron zumbarme los oídos de tantas veces que les preguntaron si "esa señora Mirope" estaba entre los asistentes. Pude apenas pasar un ratico. Me dicen que fue un gran éxito que debió durar más de tres días. También me contaron que rieron a carcajadas con el chisme de que un faculto me había endilgado que en anteriores artículos "copié" a Roland Barthes (Cherburgo 1915–París 1980). ¡Uf, el chisme! El "petit" desacierto atribuido alocadamente fue por referirme al placer de la lectura, un antiquísimo tópico que antedata por milenios al ensayo "El Placer del Texto" (Siglo XXI Editores, México, 2026, 120 páginas, traducción de Óscar Terán y Nicolás Rosa), publicado originalmente en París en 1973 y en Madrid en 1974. Barthes efectivamente propuso que leer es una experiencia sensual, erótica y tan placentera como cualquiera de las excitaciones corpóreas influidas por el subconsciente. Siguiendo su propuesta de 1967, de que los significados de la obra dependen menos de la intención del autor que de la interpretación subjetiva del lector, Barthes explicó que ese gozo sensorial posee dos aspectos, el pasivo (o "plaisir") y el éxtasis ("jouissance"). En fin, cada genio con su tema...
Cosas de locos
Ya circula "El trayecto de un loquero" (Editora Búho, Santo Domingo, 2026, 168 páginas), las experiencias del doctor Segundo Imbert Brugal (Puerto Plata, 1943) tras cinco décadas ejerciendo la psiquiatría en Montreal, Madrid, Santo Domingo y Orlando. Es el tercer libro del autor, que se define a sí mismo como "sobrado de pasado, intensificando el presente y escaso de futuro, alejado de rivalidades profesionales y del afán por hacerme de una clientela". Me conmovió su admisión de que en Canadá accedió a someterse al psicoanálisis porque deseaba ser uno de los preferidos por sus supervisores en la Universidad de McGill y que "el tratamiento contribuyó a que fuese un psiquiatra más empático". Afirma el autor: "cada cual brega y espanta a sus demonios de la mejor forma posible, pero es de lamentar que la mayoría no quiere enfrentarlos y teme hurgar en sus adentros". De fácil y agradable lectura, el breve libro puede interesar a quienes deseen conocer cómo se forma un psiquiatra.
Con el tema de la relación entre pacientes y psiquiatras, un colega de Imbert alcanzó hace sesenta años un enorme éxito de ventas, al narrar sus experiencias como director del hospital psiquiátrico estatal de San Gregorio de Nigua, durante la dictadura de Trujillo. En "Mis Quinientos Locos" (Montalvo, S.D., 1967, 168 páginas) su autor Antonio Zaglul (San Pedro de Macorís 1920-S.D. 1996) narra horrores de la vesánica opresión trujillista, que convirtieron al país entero en un manicomio, con prisioneros políticos cuerdos recluidos como pacientes mentales bajo condiciones inhumanas mientras psicópatas al servicio del régimen torturaban a presos comunes en las cárceles. Logró sucesivas ediciones vendidas en la calle como aguacates. Esta obra de Zaglul posee el triste mérito de haber sido pirateada en decenas de ediciones irregulares.
El abogado y periodista Julio González Herrera (S.D., 1902-1961) fue quizás el precursor literario del tema de las enfermedades mentales en el país, con su obra "Cosas de locos" (Editora del Caribe, Ciudad Trujillo, 1959, 174 páginas). Zaglul e Imbert se refieren a la psiquiatría como médicos, pero González Herrera narra sus propias experiencias internado por padecer alcoholismo crónico. Relata además cómo murió el cantante operático dominicano Eduardo Brito (Puerto Plata 1906-San Cristóbal 1946), con quien estuvo recluido en Nigua. Brito, cuya sífilis terciaria lo disminuyó fatalmente, cantaba para los demás internos el Ave María de Schubert, embelesando a enfermos y enfermeros. González Herrera publicó otras obras, entre ellas su notable "Trementina, clerén y bongó" (Pol Hermanos, C. T., 1943, 230 páginas con prólogo por Freddy Prestol Castillo), análisis sobre las diferencias culturales y psicológicas entre dominicanos y haitianos.
Cosas de minotauros
El laureado poeta y prosista Plinio Chahín (S.D. 1959), director de la Escuela de Crítica e Historia del Arte de la UASD, recién publicó un magnífico volumen de ensayos sobre la literatura dominicana con el sugestivo título "Manual para minotauros" (Santuario, S.D., 2026, 598 páginas), en una edición de apenas 100 ejemplares según el colofón. Sus primeros doce ensayos, en total 70 páginas, son un "tour de force" sobre las fortalezas y debilidades del ejercicio de la crítica literaria, con revelador énfasis en "la indigencia de la crítica", sus "falsos valores", pobreza teórica y desafíos. Igualmente, notables son sus análisis sobre el principal humanista dominicano, don Pedro Henríquez Ureña (S.D. 1884-Buenos Aires 1946). Desde 1986, Chahín ha publicado más de quince títulos en diversos géneros, entre ellos "Escritos sobre el silencio" (Búho, S.D., 2004, 404 páginas), Premio Nacional de Ensayo 2005, y "Hechizos de la Hybris" (Casa de Teatro, S.D., 1999, 105 páginas), premio de poesía Casa de Teatro 1998. Según el editor de "Manual para minotauros", "el título sugiere una metáfora esencial: el minotauro como símbolo del ser contemporáneo, atrapado en los laberintos de la historia, la memoria y el lenguaje". El toro de Minos, criatura mitológica con cuerpo de persona y cabeza de toro, encerrado en su laberinto construido por Dédalo en Creta, horrorizó a muchos contendientes hasta que Teseo, proveniente de Atenas, lo venció en un memorable encuentro. Más que representar a las lectoras de hoy, quizás el minotauro simboliza mejor a ciertos críticos referidos por Chahín. Al diseccionar muy debatidos asuntos literarios dominicanos con precisión quirúrgica, Teseo reencarna en Plinio en las páginas de su formidable colección de ensayos.
Cosas entre primas
Les conté al inicio sobre Tere y sus temores. Distinto a ella, mis entrañables compañeras de afanes librescos me atortojan provocando que brinque lejos de mi sombra, algo imposible. Marujita, mayor que yo pero más aguerrida, me puso un correo diciendo: "¡Ay si me lo dejan! Dile al furufo que antes de él usar ordenadores ya conocías el ´Encomio de Helena´ y los estremecimientos estéticos...". Se refiere al filósofo griego Gorgias (Leontino c. 482 a.d.C. – Tesalia c. 375 a.d.C.). "Mirope, ¡respóndele!". Pero no, ¡paz y amor!

Mirope Bragui Pérez
Mirope Bragui Pérez