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La Guaira y su destino

Una historia de contrabando, sismos y resistencia en las costas venezolanas

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La Guaira y su destino
La Guaira, el puerto más importante de Venezuela. (FUENTE EXTERNA)

Cuando La Guaira emergió como territorio entre la ribera caribeña y los sistemas montañosos, lejos estaba de convertirse en el principal puerto venezolano y sendero obligado para conectar a Caracas con el mar Caribe. Corrían los siglos XVl y XVll en los que España y demás monarquías europeas construían vastos enclaves en América, impulsadas por los vigorosos intereses comerciales y las pugnas hegemónicas por el control de los territorios americanos conquistados.

A pesar de que la geografía condena a La Guaira en una encerrona perenne entre mar y montañas, desde los tiempos coloniales la ciudad es terca: se levantó como punto clave de comercio, centro de inmigración y se construyó una ciudad marcada por la defensa firme de su integridad. Ni siquiera las vulnerabilidades de los desastres naturales, como este último ocurrido el pasado miércoles 24, que dejó a 70 mil familias damnificadas y, al menos, 100 edificios colapsados, la hace rendirse.

No conforme con la accidentada geografía (que corona su belleza) en la época colonial la bahía donde resiste La Guaira, fue objeto de saqueos y ataques por parte de piratas, corsarios y aventureros marinos, que, con banderas inglesas, francesas o neerlandesas, se presentaban en las costas para asediar la ciudad en posesión española, que fundaron el 15 de mayo de 1589.

Aunque la geografía insistió en confinarle, La Guaira y su puerto, el más importante de Venezuela, no se dejó. Tampoco se amedrenta ante el origen de su nombre indígena: curvatura. Esta golpeada ciudad, no sucumbe ni ante los embates naturales ni frente a las acciones del hombre y su malicia.

 A 30 kilómetros de Caracas, La Guaira se yergue como estandarte de soberanía y de lucha. Las ruinas de las fortificaciones con donaires coloniales, levantadas por los españoles para protegerla del asedio de bandidos de la mar, están ahí como epígrafe de una urbe que no habla, pero que se resiste a ser destruida por el hombre o la naturaleza. 

Por su puerto pasaron toneladas de cacao, tabaco, algodón e índigo que nutrieron el comercio desarrollado por la corona para satisfacer sus propósitos de convertir los predios americanos en la principal fuente de acumulación económica. El comercio entre Venezuela y España en los primeros siglos de fundación de La Guaira, estuvo limitado por el contrabando, el sistema de flotas y el monopolio. Un movimiento sísmico afectó a La Guaira en el año 1641, impactando también a Caracas.

Eran las 4.15 del 26 de marzo de 1812, un Jueves Santo, cuando las iglesias, colmadas de parroquianos, sintieron otro terremoto, provocando que los republicanos venezolanos retrocedan en su contienda por la independencia contra el español. 

Cuenta la historia que fue un zumbido aterrador de la tierra, acto seguido un remezón que interrumpió las liturgias. Doblaban las campanas que se mezclaban con los gritos desesperados de la gente. El sismo devastó Caracas, Barquisimeto, Mérida, El Tocuyo y San Felipe. De acuerdo con los registros de la época, solo en la capital venezolana murieron 10 mil personas. En La Guaira, las víctimas también se contaron por millares.

El movimiento telúrico fue presentado por el arzobispo de Caracas y los llamados "realistas", favorables a la Corona, como una señal divina por haber desconocido la autoridad del rey Fernando Vll. La respuesta de Simón Bolívar fue: "si la naturaleza está contra nosotros, lucharemos contra ella y la haremos obedecer".

Venezuela vive hoy un momento crucial de su historia, que parece repetirse: mientras los republicanos del siglo XIX luchaban por la independencia, un movimiento telúrico retrasó el devenir político de ese hermano país. ¿Y ahora, dónde está el Simón Bolívar de estos tiempos?

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