Somos lo que somos no según los otros
Libros para pensar quiénes somos

Lo de mis primas (que comencé a contarles la pasada semana) es un chisme gordo y sin manteca. Mi querida y traviesa prima Mafalda, no la de Quino sino tocaya suya, sigue escribiéndome: "Italo Calvino y Umberto Eco, contemporáneos de Barthes, y más cercanos a tus estudios, estudiaron el rol activo y central del lector como intérprete de la creación literaria, fuente de placer intelectual y sensual, como si las letras y palabras formasen un laberinto lúdico. Igualmente, Proust comentó cómo la lectura crea un espacio íntimo de complicidad entre autor y lector, conducente a insospechadas visiones de la realidad partiendo de la ficción. En el siglo XVIII, Samuel Johnson propuso en uno de sus prólogos para Shakespeare que la mayor demostración de genialidad literaria es la capacidad del escritor de proporcionar placer al lector. Un siglo después Emerson coincidió con Johnson. Pero si hoy la originalidad de algo trivial, como invocar el placer de la lectura, merece los incordios que indignaron también a Tere y Marujita, el criticón debió recordar que el propio Barthes atribuye a su antecesor Gaston Bachelard enraizar en la teoría literaria la importancia del más desenfadado placer como motivación para la lectura, no la opinión de críticos".
Mafalda fue también profesora y posee la erudición para discutir sobre letras con cualquiera, pero sospecho que esta vez lo hizo con ayuda de la IA. Mis primas y amigas me quieren meter en chismes. Reitero que me apena desairarlas, mis queridas Tere, Marujita y Mafalda. ¡Paz y amor! Entiendan que somos lo que somos no según crean o digan otros con poco qué decir... Non ti curar di lor, ma guarda e passa...
¿Somos otros?
El Covid-19 de hace un lustro transformó la manera de ver el mundo y resolver sus retos, aparte de coincidir con un aceleramiento insospechado de la influencia de la digitalización en los quehaceres humanos. El empresario y periodista argentino Sergio Roitberg (Córdoba, 1961) recién publicó Somos Otros (Penguin/Random House, México, 2026, 206 páginas), una interesante meditación sobre "la incertidumbre a la conexión: cómo la pandemia transformó nuestra forma de pensar, crear y comunicarnos".
El tema es central a la experiencia del autor, presidente y uno de los fundadores junto con el asesor político Mauricio de Vengoechea (Bogotá, 1953) de la empresa consultora internacional Newlink, con sede en Miami.
Roitberg merece atención a sus interesantes análisis sobre cómo dirigir la comunicación social para empoderar al cliente y alcanzar los propósitos de negocios.
¿Somos de Asmodeo?
La proteica artista y escritora dominicana Rita Indiana (Santo Domingo, 1977), considerada por The New Yorker como "una de las escritoras latinoamericanas más importantes de su generación", ha regalado a sus seguidores Asmodeo (Editorial Periférica, Cáceres, 2024, 259 páginas), una magnífica novela que describe con alucinante brillantez las tensiones y contradicciones sociales de Santo Domingo a principios de los años 90.
El protagonista aparenta ser un antiquísimo demonio cuyos poderes merman al envejecer el cuerpo en que habita, obligándolo a procurar nuevo hospedaje corpóreo, en una tragicomedia de recuerdos que transcurren en apenas una agitada semana. Pero Asmodeo es apenas la excusa para desnudar el alma de una sociedad hipócrita y violenta, la misma que quizás hizo que Rita Indiana se fuera con su música a Puerto Rico.
Sus alusiones y referencias a la literatura clásica española trasuntan la profundidad del pensamiento provocador de Rita Indiana, distinguida profesora de literatura en la Universidad de Nueva York y autora de al menos otras cinco obras, traducidas a diez idiomas, y varios discos. Le donne sanno un punto più del diavolo y esta dominicana lo demuestra.
¿O somos del cementerio?
Algunos espantadizos colegas arguyen que Julia Álvarez (Nueva York, 1950) no es dominicana porque nació en Estados Unidos y escribe en inglés. Es un penoso ninguneo pues la portentosa autora de En el tiempo de las mariposas (Algonquin Books, Chapel Hill, 1994, 344 páginas) y Cómo las muchachas García perdieron el acento (Algonquin, C.H., 1991, 286 páginas) es más y mejor dominicana que muchos acomplejados que pretenden ser tuertos en un país de ciegos, aplastando todo para siendo enanos parecer gigantes.
Sus temas (el heroísmo de las hermanas Mirabal y las tribulaciones de los emigrados criollos) no podrían ser más dominicanos ni más genial el valor universal de su talento.
Sin embargo, me decepcionó un chin su más reciente novela, El cementerio de los cuentos sin contar (HarperCollins, Nueva York, 2024, 294 páginas), un relato sobre el entierro de manuscritos inconclusos cuyos personajes rehúsan descansar en paz.
Traducida al español por Mercedes Guhl, quizás cambie de opinión si la releo en inglés, pero acostumbrarse a la excelencia hace que lo muy bueno parezca menos de cuan bueno puede ser para quien no conozca la obra previa de Álvarez.
¿Somos adversarios?
Si no comparto el final del correo que me escribió Marujita tendré que huir de regreso a Roma. Aquí va: "¿Cómo, sin violentar todo asomo de lógica, puede quien inicia una diatriba diciendo "leí alborozado..." argüir luego como gitano que opinar en primera persona o usar adjetivos equivale a dar paso a ´pasiones, odios, pertenencia de clase, ideologías y mitos culturales´? ¡Con razón dice que cualquiera que posea un marco cultural distinto y valores diferentes, o distinta educación y criterio, debe ser una "adversaria" o "muestra una falla de método"! No, no, no... estas primas son terribles. Concluye: "¿Te imaginas las risas en el aula si dijeras a tus alumnos que ´la crítica literaria exige pruebas de lo que se afirma´?". Se les peló el billete, no discuto ni peleo. ¡Paz y alegría! b

Mirope Bragui Pérez
Mirope Bragui Pérez