Serás bartender
Entrevista en un hotel del Este de la República

Si los astros nos son propicios, es posible saber si esta persona cumplió con lo que había planificado. Lo interrogué de manera agradable para saber qué hacía, cómo manejaba su vida.
Me dijo que había entrado al Hotel de una manera bastante clara: un amigo lo recomendó con el gerente. Aprendió el oficio de piscinero, es decir el que mantiene las piscinas y las acondiciona. Como me dijo, resulta una labor que hay que entender: no es tan fácil como se ve. A mi pregunta de si tenía una familia formada con esposa e hijos me respondió que sí, que tenía tres hijos y que su esposa también trabajaba en otro hotel.
La meta era ahora buscar otro empleo en los mismos circuitos: algo como bartender que es mejor pagado, según me dijo. Lo que se intenta ahora es que su hijo pueda estudiar en la Universidad, digamos que en La Romana que es el lugar que le queda más cerca. Me cuenta que tiene todo claro: su esposa ha aprendido el arte de la persuasión. Cuando lo entrevisté me di cuenta que le caí muy bien: ya sabía que yo era dominicano aunque me preguntó de dónde era. Al cabo de un rato me estaba contando todas las peripecias que hay que hacer para mantener la piscina en estado óptimo.
Todas estas preguntas se las hacía mientras nadaba o me mantenía a flote en una piscina bastante grande. Cuando le pregunté qué hacía la gente a finales de año, me dijo que era algo normal como en cualquier pueblo de la República. Yo pensaba que en la zona costera la gente se comportaba de manera diferente: que bebían más o que bailaban más, algo que deberán desentrañar los sociólogos.
Me explicó que era normal ver en esta zona del país a turistas que se quedan trabajando. Le expliqué que ya había visto algo así: en el restaurante al que fuimos nos sirvieron mozas extranjeras. Me dijo que su hijo estudiaría Ingeniería en Sistemas. Mientras yo me sumergía, me miraba y me decía que el trabajo no era tan difícil: solo había que usar un enorme palo para ir limpiando las orillas.
Esa mañana fue cuando fuimos a la playa y vimos los patitos caminando con su madre hacia el agua de los manglares. Este amigo que había encontrado me hizo una especie de presupuesto de lo que gastaba todos los meses en su casa: pago de la casa, la luz, el agua, la comida en la que se especializaba su esposa. Le pregunté si se sentía bien con el trato en el complejo de apartamentos donde trabajaba y me respondió de manera afirmativa: ahora, debo decir que hablaba con un acento medio haitiano medio dominicano. Alguno podría equivocarse y decir que era haitiano cuando el mismo me dijo que era dominicano de pura cepa.
—Eso pasa, me dijo. Le dije que sí era muy lejos su casa de donde estábamos y me dijo que se movía en un motor para llegar más rápido. Luego, me miró fijamente diciéndome que le había gustado mi "interrogatorio": era cierto que a la piscina habían llegado unas cuantas modelos (podemos decirle así), y él me decía que a veces se pone entretenido. Su risa no era sarcástica y me dijo que el sol se había puesto intenso.
Le dije que en ese momento no usaba protector solar, y al cabo de un rato le dije que parecía que el calor aumentaría. Por eso me quedaría más tiempo en esta placentera piscina que no se ve en la capital de la República. De todos modos, yo andaba de vacaciones.
Le dije finalmente:
—Serás bartender porque eso es lo que te has propuesto. Me sonrió y me vio acercarme a la silla de la piscina con la intención de rescatar un libro de Tony Judt que empezaba a sentirse lejano.

León de Moya