Después de tanto nadar, ahogarse en la orilla...
La sensibilidad artística como refugio ante el paso del tiempo

Manuel Rueda (Montecristi 1921-S.D. 1999), inmenso artista, es de los pocos dominicanos cuya obra de calidad universal y contribuciones a la cultura reciben un aplauso casi unánime al recordar sus versos, narraciones, críticas literarias y exquisito virtuosismo al piano. En 2015 le fue dedicada la Feria Internacional del Libro. La Fundación Corripio, de la que fue director, publicó un libro con testimonios de 290 intelectuales, escritores y músicos, entre ellos Andrés L. Mateo, Ángela Hernández, Arístides Inchaustegui, Basilio Belliard, Bruno Rosario Candelier, Carmen Imbert, Freddy Ginebra, Hugo Tolentino, José Antonio Molina, José Báez Guerrero, Chez Checo, José Rafael Lantigua, Jeannette Miller, Lupo Hernández Rueda, Manuel García Arévalo, Mora Serrano, Marcio Veloz Maggiolo, Mateo Morrison, Tony Raful y muchos otros. Destaca entre tanta buena prosa un detalle. Más que un enorme y cultísimo literato, Rueda fue una excelente persona, educado, decente y honrado. "Quanto avrei voluto incontrarlo di persona!". "Manuel Rueda: Testimonios" (Fundación Corripio, S.D., 2015, 326 páginas), lo coordinó José Alcántara Almánzar, quien junto con Soledad Álvarez fue de sus más cercanos amigos, colaboradores y destacados discípulos. Lo prologó Jacinto Gimbernard.
Después de uno, otro
Estoy deslumbrada con Soledad Álvarez (S.D. 1950). Raras veces ocurre que un mismo año algún autor produzca poesía y ensayos excelentes con galardones tan prestigiosos como los recibidos por Álvarez en 2022. "Pedro Henríquez Ureña: una conversación que no termina" (Editora Nacional, S.D., 2022, 142 páginas) es un ensayo analítico profundo y bien sustentado sobre las ideas del ilustre humanista dominicano, don Pedro (S.D. 1884-Buenos Aires 1946), filólogo, filósofo y crítico literario, profesor en Minnesota, Ciudad de México, Santo Domingo y Buenos Aires. El libro es la cátedra que Álvarez dijo al clausurar la vigesimocuarta Feria Internacional del Libro en mayo de 2022. Fue escogida como la conferencia magistral de cierre de la feria.
Álvarez ganó el premio Siboney de 1980 por su ensayo "La magna patria de PHU" (Taller, S.D., 1981, 132 páginas). Otros escritores, como el historiador Jorge Tena Reyes (San Cristóbal 1927-S.D. 2025), han intentado biografiar a Henríquez Ureña sin alcanzar la brillantez de Álvarez. Tena Reyes rescató un "Epistolario de la familia Henríquez Ureña" (UNPHU, S.D., 1996, 280 páginas). Obtuvo el premio FIL-León Jimenes en 2017 por "PHU, esbozo de su vida y obra" (Editora Nacional, S.D., 2018, 560 páginas), lleno de opiniones ajenas pero muy pocas propias. Esta nueva "conversación que no termina" de Álvarez ofrece una revisión desde la madurez reflexiva por los 47 años transcurridos desde "la magna patria". Propone sugerentemente que la obra de Henríquez Ureña no es un legado anclado en su época de la primera mitad del siglo XX, sino una viva e intensa fuente en la que deben abrevar los lectores hispanoamericanos (y europeos digo yo). Concurro y lo recomiendo.
Después de aquél, este
Es una proeza pasar del ámbito académico a una poesía tan íntima y conmovedora que estremece la sensibilidad. Tal es la hazaña de Soledad Álvarez con "Después de tanto arder" (Visor, Madrid, 2022, 56 páginas), obra ganadora del vigésimo segundo Premio Casa de América de Poesía Americana. Como un exprimidor de jugo deja el bagazo de las naranjas sin pulpa ni jugo, similarmente drenado de asombro queda quien lee estos versos que nadan en las profundidades simbólicas del sentimiento venusino más íntimo y desgarrador. Su lirismo es la punta del dedo que hurga en las heridas o acaricia ensoñadoramente, según lo que corresponda. En "Muchacha enamorada" imágenes marinas ilustran el afloramiento del deseo como un efluvio natural tras la resaca del oleaje, representado por las rutinas de la vida hogareña en que el vacío emocional cede espacio a una intensa excitación surgida de recuerdos húmedos e inesperadamente urgentes.
Sin embargo, el ardimiento poético y sensual no es de una jovencita inexperta. Cada verso es esculpido límpidamente con una sensibilidad madura y abarcadora, que alcanza para arrastrar consigo alusiones y referencias a temas mundanos y actuales, políticos como la guerra y sus efectos, sociales tal la reclusión hogareña obligada mundialmente por el Covid-19; o psicológicos: cómo el paso del tiempo desdibuja los trazos y visiones almacenadas en la voluble memoria, donde un éxtasis de pocos segundos queda registrado como una eternidad. De contraste en contraste, Soledad lleva al lector rumbo al descubrimiento de verdades tan obvias que nadie las ve por dolorosas o inconvenientes. "Mamma mia! Che meraviglia!".
Este más reciente cuaderno poético continúa la senda de los anteriores. "Las estaciones íntimas" (Amigo del Hogar, S.D., 2006, 63 páginas) ganó el Premio Anual de Poesía 2006. Son veinte poemas introspectivos y eróticos con un prólogo titulado "Ebriedad de los Sentidos" del poeta José Mármol (La Vega, 1960). "Autobiografía en el agua" (Amigo del Hogar, S.D., 2015, 93 páginas) mereció el Premio Anual de Poesía 2016. Ha sido muy elogiada por lectores que ven en el agua la antiquísima metáfora de Heráclito del tiempo que fluye. Álvarez es quizás la más laureada poeta dominicana (también ganó el premio Caonabo en 2015), con poesía traducida y publicada en alemán, francés, inglés, italiano y portugués. Es filóloga con especialidad en literatura latinoamericana por la Universidad de La Habana.
Después de tanto, ¡esto!
A fines de la década de los ´70 y principios de los ´80, los pocos lectores y críticos literarios de Santo Domingo quedaron conmocionados por la publicación de unos raros versos en un libro titulado "Etnairis: antes del génesis y otros poemas" (Alfa y Omega, S.D., 1982, 120 páginas), con meditaciones místicas casi esotéricas sobre la existencia humana, por un periodista del diario El Sol, Cándido Gerón (Villa Altagracia, 1948). Uno embelesado fue el crítico Antonio Fernández Spéncer (S.D., 1922-1995), primer latinoamericano ganador del premio de poesía Adonais 1952 por su libro "Bajo la luz del día" (Ediciones Rialp, Madrid, 1953, 128 páginas), cuyo jurado presidió Vicente Aleixandre (Sevilla 1898-Madrid 1988), Nóbel de literatura en 1977. Fernández Spencer hizo su doctorado en filología hispánica en la Universidad de Salamanca donde entre sus profesores estuvieron Ortega y Gasset, Dámaso Alonso y Julián Marías. Pues bien, al prologar el poemario de Gerón, este portento opinó que "Etnairis, en delirio poético no cede en calidad a los mejores escritos en el mismo sentido por [William] Blake [Londres 1757-1827, poeta, pintor y músico autodidacta que conversaba con cadillos, con Dios y con el diablo], en lengua inglesa, o por [el conde de] Lautréamont, [creador de demoníaco Maldoror, que odia a Dios y a la humanidad], en la francesa. Etnairis, hecha del Etna de la sensibilidad y de los sueños y del iris de la inteligencia ávida de penetrar en el misterio de todo, ya es uno de los grandes poemas en la poesía del siglo XX". ¡Recórcholis! Según el diario inglés "The Guardian", el visionario Blake "es, por mucho, el más grande artista que ha producido el Reino Unido". Una de las obras escritas e ilustradas por Blake es "El Matrimonio de Cielo e Infierno" (Londres, 1790; edición de Luce & Co., Boston, 1906 en gutenberg.org).
Más recientemente, nuestro prolífico don Cándido (lleva 73 libros publicados según el Listín Diario) ha sido elogiado por su colega el filólogo y crítico de arte Odalís Pérez (San Cristóbal, 1952) por sus diccionarios, enciclopedias y otras antologías literarias o catálogos de arte. Pérez, doctor en semiótica por la Universidad de Bucarest, ganó el premio nacional de ensayo 2009 por su obra "Víctor Villegas, voz, memoria y tiempos del lenguaje" (Editora Manatí, S.D., 2008, 230 páginas), basada en gran parte en el libro "Poesía de Víctor Villegas: selección 1947-1984)", publicado por Gerón cuando fue director de la Biblioteca Nacional de 1984 a 1986 durante la presidencia de Salvador Jorge Blanco, consuegro de Villegas (S.D. 1924-2011), poeta menor de la generación del 1948 liderada por Lupo Hernández, Avilés Blonda y Abelardo Vicioso. Gerón y Pérez han colaborado en otros libros publicados por el Archivo General de la Nación.
Autodidacta estudioso pero carente de grados universitarios igual que su colega Octavio Paz, Gerón fue embajador dominicano en Francia y delegado ante la UNESCO de 1994 a 1996; luego fue embajador en México de 2001 a 2004. Su obra en tres tomos de gran formato "Siglo XX en las artes visuales dominicanas" (Corripio, S.D. 2002, 940 páginas) ganó el Premio Nacional de Didáctica en 2003. Su más reciente publicación es "De vuelta a los orígenes" (Mediabyte, S.D., 2025, 396 páginas). Trata sobre la historia de la cultura narrada desde una perspectiva social y cultural enfocando la influencia de algunos escritores notables y notorios, como Gide, Faulkner, Whitman, Poe, Simone de Beauvoir, Heiddeger y Kant. Igual que sus primeros lectores enfrentados a Etnairis, confieso que he quedado anonadada. ¿Hay dos autores con el mismo nombre de Cándido o es una candidez mía quedar muda de asombro?
Después de tanto mal
La condición humana, los pliegues del alma y la consciencia fueron temas de la excelente poesía de Manuel Rueda. El mejor verso, si lo hay, de sus crueles adversarios, no llega a la categoría del peor, si lo hubiera, de Rueda. La propia identidad, fundada en el carácter y la memoria, así como la calidad humana, están tratados en "Criatura terrestre", extenso poema de 1963. Pese a su bonhomía y proverbial paciencia con los mediocres, cuyo asedio por motivos extra-literarios soportó virilmente, la finura de su ironía parecía desperdiciada ante esos pérfidos. "Pan di Spagna ai tuorli d´uovo per i maiali!". Como la arena de los relojes, que se acaba, así las horas y los días de todo mortal. El poema de Rueda "Conseja de la muerte hermosa" comienza con los siguientes versos: "La muerte me visita cierto día / Es hermosa la muerte: tiene senos robustos, / fino talle y ojos llenos / de un azul de cristal en lejanía". Quizás existe la justicia poética, pues Rueda vive a través de su obra mientras nadie recuerda algún verso de los poetastros envidiosos que aún chapotean en este mundo...

Mirope Bragui Pérez
Mirope Bragui Pérez