Radiografías que los médicos no hacen...
Luces y sombras de la memoria histórica en las letras dominicanas

En el nonagésimo quinto aniversario de la Academia Dominicana de la Historia, esa institución y el Tribunal Constitucional acaban de publicar "Cátedra Juan Pablo Duarte: Democracia Constitucional" (ADH Vol. CLXXVI, Editora Búho, S. D., 2026, 243 páginas), una formidable obra con siete autores que conmemora el sesquicentenario del fallecimiento del padre de la patria en Caracas en 1876 a sus 63 años. El presidente de la academia, el abogado, diplomático y escritor Miguel Reyes Sánchez (S.D. 1966- ), resalta en su presentación que este libro permite apreciar "la vigencia del pensamiento [de Duarte] en distintos planos (...), no sólo como fundador de la república sino también como pensador político, precursor constitucional, defensor de la soberanía nacional y referente ético de una vida pública sometida a la ley, la justicia y el bien común". "A dire il vero!"
Los otros autores son Frank Moya Pons, Juan Daniel Balcácer, Flavio Darío Espinal, Leonel Fernández Reyna y Roberto Álvarez Gil, cada uno intelectual de primera línea cuyas opiniones individuales poseen usualmente la autoridad de su erudición y experiencias. El juez presidente del Tribunal Constitucional, magistrado Napoleón Estévez Lavandier, escribió el prólogo. Además, varias de las conferencias transcritas fueron precedidas por un comentario introductorio por el magistrado Milton Ray Guevara, anterior presidente del TC y respetado jurista, cuyas memorias debería escribir y publicar para beneficio de la comunidad jurídica y política del país.
Como en las buenas heladerías con "gelato" de sabores para diversos gustos, cada una de estas enjundiosas cátedras merece leerse y pensarse, pero a mí me agradaron más que las demás la de Moya Pons, sobre la democracia constitucional y Duarte; la de Espinal sobre su pensamiento político y la del canciller Álvarez acerca de la soberanía y el derecho internacional. Es una obra altamente recomendable que merece leerse.
¿Radiografía o conferencia?
El martes 18 de agosto a las 6:00 de la tarde en la calle Las Damas número 112 esquina El Conde de la Ciudad Colonial, la Academia de Ciencias investirá como miembro de número al doctor Basilio Belliard, cuyo discurso de ingreso será sobre "el ritmo como signo del lenguaje poético". Seguramente otros académicos de la comisión de lingüística y literatura esperan con anticipación esta solemne ocasión, en que podrán dilucidar uno de los temas más espinosos en las variadas capillas literarias dominicanas. La poética del ritmo, originada en Francia hace casi medio siglo, nunca pudo arraigarse en Estados Unidos, Europa ni las principales capitales de Hispanoamérica, pese a denodados esfuerzos de sus pocos fanatizados apóstoles, quizás porque es muy difícil aplicar, entender o justificar algún método o propuesta basada en definiciones tan imprecisas, amplias y confusas que impiden la claridad conceptual de toda buena ciencia. En Roma, Madrid, Berlín, Londres y Nueva York era una idea desdeñada por el polémico apasionamiento y confrontaciones resentidas de sus propulsores.
¿Retrato de la injusticia?
Pocas cosas me parecen tan tristes como los esfuerzos que algunos hijos deben realizar por lealtad filial al obrar en defensa del prestigio, honor o circunstancias de sus padres fallecidos. Llevar por ejemplo el apellido Trujillo es una carga que no aligera ni siquiera el paso de siete décadas desde el ajusticiamiento del tirano el 30 de mayo de 1961. Descender de Meriño o de Balaguer, que negaron el apellido a sus hijos, debe ser algo tremendo. Pienso en el fogoso político Guido Gómez Mazara, que despunta como insistente promesa del partidismo electoral, cargando en su mochila el prontuario del líder del MPD que dirigió desde La Victoria el secuestro del coronel Crowley y muchas otras acciones directas cuya sangre es imposible de reconciliar con los valores democráticos. En la política, algunos hijos o nietos tratan, pero no logran escalar las cumbres que conquistaron sus padres, como los casos de Bosch, Wessin y Wessin, Peña Gómez o Jorge Blanco. La lista de otros ejemplos podría ser larguísima. Lo indudable es que, pese al temido atavismo, ningún hijo es ni puede ser responsable de los hechos u omisiones de su padre o su madre, aunque muchas veces quienes creemos ser buenas hijas hemos tenido madres y padres modélicos. "Grazie a Dio e alla Madre Immacolata di Gesù!"
La quizás innecesaria pero sentida explicación me viene tras leer "Radiografía de Una Injusticia" (Amigo del Hogar, S. D., 2026, 398 páginas) publicada en marzo pasado por Homero Luis Lajara Solá (Santo Domingo, 1960), vicealmirante retirado que fue jefe de la Marina de Guerra (actual Armada) de 2009 a 2011, para reivindicar a su padre Luis Homero Lajara Burgos (S.D. 1920-Nueva York 1994), contraalmirante que fue jefe de la Policía Nacional y de la Marina de Guerra, a quien Trujillo degradó y puso en retiro a sus 38 años tras haber dirigido una misión naval a España en 1954 y caer en desgracia con el dictador.
De las casi 400 páginas del libro apenas 188 (a doble espacio y profusamente ilustrado con fotos) son propiamente el texto del autor, pues las demás 210 páginas son copias facsimilares de recortes de prensa, cartas y oficios militares, un verdadero álbum documental en edición cuidada por el renombrado poeta Cándido Gerón. Lajara Solá, articulista del Listín Diario, propone que ha publicado la obra para "contribuir al análisis objetivo de hechos del pasado de la historia militar y política reciente, la institucionalidad y el respeto al Estado de derecho". Noble propósito...
Me enteré por este libro de su hijo que, durante la revolución de 1965, Lajara Burgos fue durante las pocas horas de la presidencia de Rafael Molina Ureña, su jefe de seguridad en el Palacio Nacional. Semanas después escribió "memorandos confidenciales" en inglés a los militares norteamericanos que ocupaban el país, culpando al presidente del Gobierno de Reconstrucción Nacional, Antonio Imbert Barrera, de ser "responsable de ordenar miles de muertes". Esa notoria enemistad llevó a que años después, con Lajara Burgos metido a político y candidato presidencial en 1974, Imbert lo desafiara a un duelo tras unas declaraciones de Lajara que el héroe del 30 de mayo estimó lesivas a su honor. Lajara no asistió al lance. El incidente no se narra en el libro. Me agradó leerlo para aprender detalles que desconocía, quizás por haber estado ausente del país en esos años.
¿Radiografía de la pobreza?
Es una costumbre en Italia, tan mía como el Cibao, que los gobiernos municipales o ayuntamientos patrocinan concursos literarios, juegos florales y publicaciones. Igual he visto en España, Francia y otros países europeos donde hay más lectores que escritores. Pero en mi amada Santo Domingo el escaso apoyo (¡oh paradoja!) a la creación literaria proviene de entidades privadas como la Fundación León Jimenes y la familia Corripio. Hay publicaciones corporativas o conmemorativas como las del Banco Popular, Grupo SID, Inicia, Centro Cuesta Nacional y pocas otras. Las familias Rainieri, Perelló y Bellapart financian centros culturales importantes. El ministerio de Cultura está obligado a realizar la feria anual del libro y otorga unos premios prestigiosos apreciados por la comunidad editorial y literaria. Por esto me alegró mucho ver una buena novela inédita publicada por el Ayuntamiento de Los Alcarrizos, municipio de la provincia Santo Domingo, en la carretera hacia el noroeste, con sus distritos de Palmarejo, Pantoja y Villa Linda, cuyos habitantes suman cerca de 350,000.
Se trata de "Lukio Santo Domingo" (Búho, S.D., 2026, 82 páginas) por el conocido gestor cultural y escritor Luis R. Santos (Santiago, 1958), cuya profesión es la agronomía, aunque es más conocido por sus relatos y novelas, entre ellas la muy exitosa "Paraíso para perversos" (Letra Gráfica, S.D., 2010, 160 páginas), uno de los libros más vendidos tras publicarse hace tres lustros. Santos es premio nacional de literatura 2018 en la categoría de relato infantil por su obra "Síndrome del iPhone" (Editora Nacional, S.D., 2019, 102 páginas), un drama familiar por las presiones de una joven que exige a su madre la compra de un móvil para no ser rechazada por sus compañeros de estudios. Ha publicado al menos una docena de obras.
"Lukio" narra las vicisitudes de la marginalidad urbana, donde un niño superdotado carece de horizonte suficientemente ancho y resolver algún problema familiar puede tentar a cualquiera a pagar cien mil pesos para ordenar un asesinato. De estilo limpio y sin grandes circunloquios, el breve texto –que quizás pudo pulirse mejor— entretiene y abre una ventana para quienes desconocen muchas vidriosas realidades de la dominicanidad. Recomiendo esta novela.
Silencio de mis primas
A Tere, Maruja y Mafalda no les ha gustado que prefiera ignorar muchos de sus "pizzicottini", que por cariñosos no dejan roncha en mis brazos, pero sí pueden lastimar a mis apreciados lectores. La pimienta sazona, mucha pica y pincha el "muffler", según leo en las notas que me escriben por email y que agradezco. Perdonen que me es imposible responder de inmediato o con tanto detalle como debería. Vivo ocupadísima, gracias a mis nietas, sobrinos y amistades. ¡Y tanta lectura pendiente! Para cuando se publiquen estas letras quizás ya se hayan anunciado los premios anuales de literatura del Ministerio de Cultura. Los pellizquitos no me pican ¡pero sí la curiosidad! Como decía una recordada profesora de la "scuola superiora": "staremo a vedere... finché non vedremo ciò che vedremo!"

Mirope Bragui Pérez
Mirope Bragui Pérez