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Chocolate y café made in DR

Comprender una economía que crece, se multiplica y se diversifica ante nuestros ojos

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Chocolate y café made in DR
De la mazorca fresca en la calle al éxito del chocolate en el mercado global. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)

Me sorprendió que un vendedor de la calle me detuviera en el parqueo de un supermercado. El personaje llevaba en la mano una mazorca de cacao y me la ofrecía por una suma que he olvidado. Tengo una historia verdaderamente interesante (o eso creo), con este fruto de los dioses que tiene en su poder la existencia de enormes predios agrícolas para su desarrollo: unas 172,000 hectáreas, según las cifras oficiales. 

Es necesario que indaguemos en la historia colonial para ver cómo se multiplica este cultivo. Con los datos históricos pertinentes, se intenta conocer cómo el cacao comienza a ser importante para la agricultura dominicana. He visitado fincas donde se puede ver todo el proceso: desde la manera en que es sembrado hasta como es finalmente industrializado.

Varios años atrás, un agricultor de renombre me acompañaba por los predios de San Francisco de Macorís, Salcedo, Moca y La Vega. Como en una aventura total, nos adentramos en las fincas de algunos productores de cacao. En el interior del país hay una intensa dinámica agrícola que se puede apreciar en las cifras que se publican oficialmente. Mi amigo me explicaba cómo funciona todo el sembradío y yo, que soy un curioso en todas las materias del saber campesino y de la historia nuestra (el cacao es un producto y su proceso cae dentro de las P de la Mezcla de Mercadotecnia: Producto, Precio, Promoción, Plaza y Publicidad), me interesaba en los detalles.

Notable entusiasta del campo dominicano, mi amigo era un conocido productor agrícola desde hace muchos años. Íbamos a la reunión con un personaje llamado El Estilista, un barbero que nunca apareció: la intención era que este nos acompañara a Foresta para conseguir un permiso para tumbar unos cuantos pinos, algo que no terminamos haciendo. De ese tipo de historias se puebla la realidad productiva de los predios agrícolas y las esforzadas comunidades del interior del país.

En documentos anteriores, se ha narrado la historia del tabaco, del café y ahora del cacao. Como dije inicialmente, me sorprendió que este muchacho me ofreciera este producto sin procesar, como los que yo había visto en la finca. Habría llegado a sus manos esta mazorca de aquellos lares, cosa que por andar rápido no le pregunté, algo que me ha "pesado". Lo que sí puedo decir es que esa mazorca era bien bonita, con un color adecuado y una consistencia notable. Es de entender que al venderla se supone que el comprador le podría dar un uso como ocurre con otros productos agrícolas. Está claro que estos productos (en alguna estrategia nacional), son administrados sabiamente por algunas instituciones públicas.

Casi como algo mágico, el detalle pudimos encontrarlo en la web: "las funciones de regulación, fomento y política para el sector cacaotero en la República Dominicana están a cargo de la Comisión Nacional del Cacao y del Departamento de Cacao del Ministerio de Agricultura, acompañados por el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF) en la parte científica".

No más preguntas, magistrado. Los dominicanos aman el sabor del chocolate, no caben dudas. Según información de la Presidencia de la República, "Las exportaciones de cacao de la República Dominicana alcanzaron un valor récord de 668.9 millones de dólares en el año 2025. El país se consolida como el líder mundial en la venta de cacao orgánico y un referente clave en cacao fino o de aroma, llegando a más de 40 destinos internacionales". Según la misma fuente, "La región nordeste concentra el 60 % de la producción nacional, destacándose provincias como Duarte (San Francisco de Macorís), María Trinidad Sánchez, Monseñor Nouel y Hato Mayor". Según el Ministerio de Industria y Comercio: "En 2025, las exportaciones de cacao variaron significativamente. En República Dominicana, las ventas de cacao en grano totalizaron US$669 millones (un aumento interanual del 55 %) o cerca de US$692.5 millones considerando derivados y un volumen de 77 millones de kilogramos.

Como nos muestran los libros de historia, el cacao, el café y el tabaco han sido bien tratados por nuestra historiografía. Para irnos un chin a la historia, podemos recordar que en el completo informe hecho por Lepelletier de Saint Remy para su libro de 1848 (París, en dos tomos), se puede ver el compendio de la cantidad de café que se ha exportado en 1843 desde muchas partes del mundo: a saber,  Brasil, 77, 000.000 k, Java, 63, 500.000; Cuba, 20,500.000; Haití, 17,200.000; Puerto Rico y la Guaira, 16,250.000; Indias Occidentales inglesas, 4,500.000; Ceilán, 3,000.000; Indias Orientales y Moka, 2,750.000; Colonias francesas, 1,750.000; Indias occidentales holandesas, 1,500.000; para un total de las cantidades exportadas de los lugares de producción, de 208,000.000.

Apetecible en una taza humeante, el café es un cultivo que conocemos bien pero aquí tenemos que hacer una confesión: cuando fuimos a la finca donde se produce el café, no hicimos el tour. Nos quedamos en una confortable salita donde lo vendían en sus diversas variantes. Decidimos tomarlo en una taza, algo que no vieron los que ágil e inteligentemente fueron al interior de las instalaciones. Allí puede verse una enorme cantidad de café y todo el proceso de industrialización. Con el correr del tiempo, no nos perdonamos no haber entrado a la industria y ya nos hemos prometido entrar en otra ocasión. Pero, en sentido estricto, en el caso del cacao lo vimos en otra estancia donde era puesto a secar bajo el intenso sol de la finca de mi amigo.

Un amigo de exquisito y fino trato me regaló hace unas semanas, meses vamos, un chocolate dominicano negro hecho con todo el experticio del mundo. Quienes tienen los pies en la tierra saben de estos cultivos y del gran aporte hecho a la economía dominicana. Es cierto también que lo que producimos aquí es altamente exportable, sobre todo si se logra diseñar una marca con todo lo que esto conlleva.

En agitadas navidades, recuerdo haber estado en un supermercado criollo, de los enormes, y haber comprado una caja de chocolates dominicanos producidos inicialmente para vender en el extranjero. Y había que entenderlo: el cacao dominicano puede producir chocolates de alta calidad y competir en mercados exigentes. Es interesante leer todo lo que nos caiga en las manos sobre estos rubros agrícolas que ya hacen historia en playas extranjeras. Es sabido que nos dejan bien parados en las ferias internacionales, sustentados en nuevas imágenes de marca, la producción y la excelsa calidad de unos productos que vinieron para quedarse. Como dicen las empresas dedicadas al cacao, como Kahkow, Chocolates Khao Caribe, Chocolate Chin Chin, Cacaoteca, Definite Chocolate, Choco punto, Chokamil, Forteza, Milz Chocolat, Bolitos & Candín, Öko-Caribe y Xocolat, una empresa pionera en la elaboración de chocolates finos y de bombones en la República Dominicana, hay chocolate para rato. Los empresarios Mallano y Rizek han recuperado el cacao hasta convertirlo en una exquisitez mercadeable en todo el mundo.

El muchacho que nos ofreció la mazorca de cacao en el parqueo del supermercado tenía razón: él es otra parte de la cadena, una que a veces no vemos o que en este caso, puede ser sui generis, pero en todo detalle resulta adscrita a la producción. Alabemos a nuestros mejores productos, según las cifras y según el paladar de los consumidores satisfechos.

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El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.