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Volver a decir lo dicho sin desdecirse...

Grandes clásicos que nacieron en las páginas de un periódico

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Volver a decir lo dicho sin desdecirse... (SUMISTRADA)

Es maravilloso que Ángela Hernández Núñez (Jarabacoa, 1954) ganó por unanimidad del jurado el premio internacional Horacio Quiroga 2026 por su libro de cuentos "La asombrosa realidad de las cosas", otorgado hace pocos días por el grupo editorial Sial Pigmalión de España. Al certamen postularon cuentistas de 21 países hispanoamericanos cuyas propuestas evaluó un jurado presidido por Francisco Gutiérrez Carbajo (Cáceres, 1948), profesor de literatura y antiguo decano de filología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España. 

Hernández es ingeniera química cum laude por la UASD, pero ha dedicado gran parte de su vida a la poesía y la narrativa, mereciendo el Premio Nacional de Literatura en 2016. Es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua. En su obra resaltan su lirismo, sensibilidad social y un profundo realismo al describir la sociedad dominicana. Desde 1985 ha publicado al menos nueve obras en los géneros de poesía, ensayo, cuento y novela, entre ellas su elogiada novela "Charamicos" (Editora Búho, S.D., 2021, 727 páginas), publicada originalmente en 2003 y que Mafalda me envió por correo postal a Roma. Recuerdo que me agradó. Es acerca de los conflictos sociales de los años 70 en Santo Domingo, cuando muchos estudiantes universitarios dominicanos se involucraron en la violencia política. Tengo que encontrar "La asombrosa realidad de las cosas" para leerla y opinar.  

Bueno, bonito y barato...

La escritora inglesa lady Mary Montagu (Nottinghamshire 1689-Londres 1762) famosamente opinó que "ningún entretenimiento es tan barato como leer ni ningún placer tan duradero". Satisfacer a la mente y al espíritu no requiere mayor esfuerzo que escoger el tema de lectura. Leer y escribir son buenas costumbres. Aunque se trate de un manual sobre cómo sembrar habichuelas, martillar un clavo en una pared o arreglar algún electrodoméstico que en esta época parecen ser desechables o una antigua guía telefónica (si prefiere libros con muchos personajes). No será quizás lo ideal si el lector o escritor desea cultivarse aprovechando todo lo que han pensado muchos de los más ilustres humanos desde el principio de la historia. La ciencia implica la categorización. Por tanto, todo lo escrito se clasifica en géneros, o tipos de textos, la vasta mayoría con alguna utilidad práctica, por ejemplo, informar las noticias o cómo se opera una máquina o se cocina algún alimento o se formula una medicina. Una parte mínima de lo que escribimos y leemos se trata de textos cuyos propósito o intención carecen de función utilitaria. La creatividad humana puede ser expresada de maneras tan distintas y complejas como la música, desde un arrullo sencillo de una madre neandertal hasta la octava sinfonía de Mahler o la aritmética y las matemáticas con sus incomprensibles enredos. Si la obra de arte tiene utilidad, es en el campo de los sentidos, las emociones y el pensamiento, al producir alguna estimulación estética o intelectual. En la literatura, el arte que emplea como instrumento a la lengua, sus formas originales fueron la poesía y el teatro, hasta que muchos siglos después surgieron el ensayo, el cuento, la novela. Existen diversas formas de clasificar la literatura, pero su calidad usualmente es determinada por algún consenso de los lectores acerca del éxito de su intención y la excelencia de su ejecución. Dado que cada generación intenta su propia reinterpretación de la realidad, en las sociedades con la sensibilidad anestesiada, atrofiada o no suficientemente desarrollada, difícilmente serán apreciados y estimulados los escritores, creadores de ficciones o narradores de realidades. Perdonen este tono profesoral, pero quizás procuro armar un marco para mis comentarios de hoy. 

¡Muñeco! 

Fue aquí alrededor de 1964 que oí por primera vez la simpática expresión criolla "¡muñeco!" usada por mis primas cuando en alguna conversación alguien metía un tema previamente conocido o repetía algún caduco chisme como si fuera cosa nueva. Cuando pregunté qué significa esa forma de burla o cuerda, una tía me explicó que, en la recientemente concluida dictadura, "armar un muñeco" quería decir inventar algún enredo, que antes podía acarrear terribles consecuencias, hasta violencia política o desgracias. Entre niñas su uso era menos tenebroso. Esta tía, si hubiera estudiado habría sido filósofa o licenciada en letras, por su curiosidad etimológica. Esta anécdota la recordé al confirmar cuántos libros dominicanos no son más que colecciones de ordinarios artículos de prensa mal hilvanados para sumar páginas que remeden alguna real obra literaria. 

¿Repetir es crear? 

A fines del siglo XIX y principios del XX, cuando se masificó la prensa con similar impacto social que la actual revolución digital e interconectividad vía internet, influyentes escritores, en diversos géneros que alcanzaron gran fama y reconocimiento, iniciaron la publicación de sus ideas en periódicos o revistas, que incluían series en capítulos para crear fidelidad de parte de los lectores. En mi querida Italia, en 1881 apareció –en el primer periódico infantil de la península— una serie acerca de un títere, escrita por Carlo Collodi, que terminó siendo el conocido y clásico personaje Pinocho. Otro protagonista de similar proveniencia, muy popular en América del Sur, es el heroico pirata Sandokán ("Todas las aventuras de Sandokán", Editora Koh/Amazon, Madrid, 2018, 863 páginas). Némesis de los colonos británicos y holandeses del sudeste asiático, fue originalmente conocido por una serie de narraciones publicadas semanalmente en Verona por un periódico local, entre 1883 y 1884. El aumento de ventas hizo ricos a los editores. Su creador Emilio Salgari murió muy pobre por haber vendido los derechos de su creación, pese a que en su época fue más popular en Italia que Dante.  

Pero no sólo personajes de paquitos creados en Italia nacieron en la prensa. Ortega y Gasset, cofundador del diario madrileño El Sol en 1917, hizo que la mejor filosofía ibérica de las generaciones del 1998 y 1914 fuera dada a conocer en los llamados folletones o folletines, según si merecían elogio o ludibrio de los lectores. Eran crónicas o columnas publicadas en la parte baja de las primeras planas con continuación en las páginas finales, lo cual originó el término periodístico "artículo de fondo" para los análisis políticos. Estos eran luego publicados en forma de libros, entre ellos, en el caso de Ortega, "La rebelión de las masas", "España invertebrada" y "El Espectador", brillantes ensayos que definieron varias décadas de la convulsa crisis socioeconómica de España que culminó con la dictadura de Franco tras la guerra civil. El existencialista español Miguel de Unamuno también expuso muchas de sus mejores y más discutidas ideas en artículos publicados en los diarios El Imparcial de Madrid o La Nación de Buenos Aires. En España otros grandes autores cuya obra apareció inicialmente en la prensa fueron Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán, cuyo crudo realismo los convirtió por separado en notables críticos sociales. 

En Francia la prensa dejó a la literatura universal obras como "Los Tres Mosqueteros" de Alejandro Dumas, que comenzó a publicarse en 1844 en entregas diarias en el periódico "Le Siècle" de París; "El Conde Montecristo", también por Dumas, fue serializado entre 1845 y 1846 en el diario "Le Journal de Débats". "Madame Bovary" de Flaubert, que referí recientemente, apareció primeramente en capítulos en "La Revue de París" en 1856. Y "Veinte Mil Leguas bajo el Mar", de Julio Verne, uno de los primeros grandes éxitos del subgénero narrativo de la ciencia ficción, fue dada a conocer en una revista pedagógica francesa desde 1869 a 1870, antes de ser publicada como libro. En lengua inglesa, Charles Dickens, Louisa May Alcott, Harriet Beecher Stowe, H. G. Wells, Arthur Conan Doyle y Mary Ann Evans (con el pseudónimo George Eliot), publicaron abundantemente en la prensa obras completas serializadas o partes que luego integraron a sus libros. Aquí es un chin distinto... "O forse non è affatto una sciocchezza da poco!". 

Volver a lo mismo 

La conocida exacadémica Mu-Kien Sang Ben (Santiago 1953) fue favorecida por la Universidad del Magdalena de Colombia, con la publicación de su libro "Volviendo al Caribe" (Editora UDM, Santa Marta, 2020, 512 páginas), una recopilación apenas revisada de artículos de prensa aparecidos en Santo Domingo desde 2015 a 2019, sobre asuntos históricos y sociales de la región caribeña. La UDM, institución estatal fundada en 1958, está ranqueada en el puesto vigesimotercero entre las universidades colombianas. Santa Marta, donde radica, es la más antigua ciudad de Colombia, fundada en 1525 por Rodrigo de Bastidas, quien residió e hizo fama en Santo Domingo, donde su descendencia es muy numerosa. 

Sang Ben contraría poco convincentemente una de las ideas sociológicas más aceptadas: la importancia de la producción mediante el sistema colonial de plantaciones en la formación de las culturas de las islas del Caribe. Esa forma de organización socioeconómica, con notables variaciones según la metrópoli, sin duda alguna determinó importantes rasgos culturales regionales. Negarlo es casi imposible. Sin embargo, es cosa distinta argüir que la identidad de los muy diversos pueblos caribeños, colonizados por España, Inglaterra, Francia, Dinamarca, Holanda y Estados Unidos, no posee como vínculo relevante este método agrícola. Fue poco utilizado en Santo Domingo y Puerto Rico. Cualquier intento de rebatir alguna verdad sociológica arguyendo sólo contra un detalle, me parece muy mala ciencia histórica.  

Esta autora ha escrito biografías sobre importantes políticos dominicanos del siglo XIX, como Ulises Heureaux y Ulises Espaillat, así como dos ensayos sobre la inmigración de chinos a Santo Domingo. No he leído todavía esas otras obras. Sang Ben es licenciada en educación summa cum laude por la PUCMM y doctora en historia por la Escuela de Ciencias Sociales de París. Fue vicerrectora de la PUCMM, es integrante de la comisión de reforma policial y presidió la ADH de 2016 a 2019, hasta que renunció como miembro de esa academia en 2021, inconforme con la elección como académico del historiador, escultor y poeta Ramiro Matos González (Azua 1927-S.D. 2024), distinguido autor de obras históricas y de temas militares. La renunciante alegó motivos políticos que nunca pudo demostrar. Matos González, mayor general retirado del Ejército, fue objeto de una campaña de descrédito por partidos de izquierda y grupos comunistas por su liderazgo dentro de las Fuerzas Armadas. Siguió siendo miembro de la ADH hasta su muerte a sus 97 años. 

Viejo pero nuevo 

Distinto a la mera agrupación de artículos de prensa sin categoría formal de ensayo coherente, publicar una obra tomando sus crónicas publicadas previamente en periódicos, a las que sí se somete a una adecuada revisión y curaduría para darle forma de libro, es lo que ha hecho el distinguido subdirector del diario El Día, el veterano periodista Miguel Febles (Miches 1961), al publicar "Abril, 60 años después" (Santuario, S.D., 2025, 160 páginas), sobre los cambios en la sociedad dominicana en las seis décadas tras la revolución de 1965. 

Es su tercer libro, tras su debut literario en 2007 con cuentos y anécdotas y una novela en 2016 sobre las insurrecciones en la historia dominicana. Este bien pensado ensayo por Febles analiza "una revolución bastante más amplia y extendida, de la cual la política no fue más que una arista, muy ruidosa, por cierto". Merece leerse. 

Fanatismo deportivo 

Hay lingüistas, esas personas que estudian la ciencia del lenguaje e investigan cómo funciona el idioma, sus palabras, reglas y otras particularidades, que son similares a los expertos en béisbol que pasan de analizar el juego a defender fanáticamente a su equipo favorito. Al obligarme a mí misma a terminar de leer "Volviendo al Caribe" y las publicaciones de prensa del affaire de la renuncia de Sang Ben de la ADH, colegí que académicos de otras ciencias tomaron partido en ese feo chisme según sus simpatías políticas o posiciones ideológicas, lo cual en sí puede no ser nada malo, pero sí que se aleguen motivos de pureza ética o moral, como si atacar la honra, sin demostración o pruebas, no fuese una forma de destruir algo ajeno. Vuelvo a recordar a Peyton Place y Melrose Place. "Ah, le umiliazioni delle pessime soap opera!!". 

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