Las piedritas del rastro
República Dominicana deja cada vez más señales de su acercamiento a la política de Washington hacia La Habana

No hay razones para dudar de la versión confirmada por Diario Libre sobre la presencia de agentes de la inteligencia cubana en los predios de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. La deserción de atletas, artistas y académicos en sus viajes al exterior es interpretada por La Habana como un ataque a su imagen de proyecto político sostenido por lealtades unánimes e insobornables. Evitar que suceda es cuestión que el Estado cubano resuelve de la manera que mejor conoce: el control disuasorio.
Pero vincular esta presencia con la expulsión de nueve funcionarios de la embajada de Cuba y sus familiares es perderse en lo claro. A lo sumo, habría servido de coartada al gobierno para cumplir con su parte en la ejecución de la política neocolonial trumpista. Todo lo demás, incluido el mutismo parapetado en la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas, es el atrezo de la farsa.
No es secreto que la presión diplomática sobre Cuba está en el guion para el cambio de régimen al que aspira Trump. Obedientes, gobiernos de derecha de la región, que ya forman mayoría, han roto o debilitado los lazos diplomáticos con La Habana alegando desde su supuesta injerencia en la política interna hasta la falta de libertades en la isla, como lo hicieron Ecuador y Costa Rica.
El gobierno dominicano, como Hansel en el cuento de los hermanos Grimm, ha ido dejando pistas en el camino hacia su alineación incondicional con Washington. Entre ellas, la suspensión por «profundas divergencias políticas» de la X Cumbre de las Américas, de la que se excluyó a Cuba, seguida de la entusiasta adscripción en marzo al llamado Escudo de las Américas, que permite a los Estados Unidos entrenar y movilizar a los militares de los países firmantes para una presunta lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.
En julio pasado, y ante la petición cubana a Naciones Unidas de examinar los efectos del bloqueo energético, Marco Rubio instruyó a las embajadas estadounidenses a presionar a los gobiernos receptores para que respaldaran la objeción de Washington a la inclusión del tema en agenda y se opusieran a cualquier debate sobre la estrategia de ahogo del régimen. Así consta en el documento «Implicar a los Estados miembros de la ONU en el debate abierto de la Asamblea General sobre Cuba del 7 de julio», filtrado por el periodista Ken Klippenstein al periódico The Nation.
Desde 1992, el país votó siempre a favor del examen y contra el bloqueo. En octubre de 2025, su posición cambió: se ausentó por primera vez de la asamblea. El 7 de julio pasado, se abstuvo de votar por la propuesta de abrir el debate y volvió a ausentarse cuando, venciendo la resistencia estadounidense, la ONU decidió sobre el tema.
No es coincidencia. La mutación dominicana es eco de un memorando firmado por Trump en junio de 2025 endureciendo las sanciones contra Cuba y calificando la preponderancia de las FF.AA. en la economía isleña de amenaza a la seguridad hemisférica.
El rédito de nuestra sumisión está aún por verse. Hasta ahora no nos libra de aranceles que reducen la competitividad ni de otras medidas igualmente lesivas. Pero ahí seguimos, invertebrados, complaciendo a Trump en todo lo que impone a sus socios ideológicos o pide interpósita persona. El último exvoto: Víctor Bisonó Haza.

Clotilde Parra
Clotilde Parra