Fiesta del chocolate
Recuerdos de infancia y el salto al chocolate de alta gradación

Cada jornada de exposiciones y festivales chocolateros trae nuevas sorpresas. El pasado fin de semana se llevó a cabo la 6ta edición del Festival del Chocolate Dominicano en la explanada del primer nivel de Ágora Mall, con concurrencia de emprendedores que promovían sus ofertas entre un público entusiasta que acudió a conocer las bondades nutricionales y los usos en la cosmética de la almendra del fruto del árbol Theobroma cacao. Oriundo de los bosques húmedos tropicales y subtropicales de las cuencas del Amazonas y el Orinoco, fue introducido en Mesoamérica, adquiriendo su semilla gran valor simbólico sacramental y utilitario como medio de cambio entre los pueblos olmecas, mayas y aztecas.
Choco adicto desde la infancia, mi paladar creció con el chocolate de taza Embajador de Cortés y el Luperón de la Chocolatera de Puerto Plata que acompañaba el desayuno y la cena como bebida caliente, consumiendo los chocolatines de la Dulcera de Bolonotto. Pasó por la línea de Hershey´s Milk Chocolate, with Almonds, White y los Kiss en bolsitas asociados al cinematógrafo, compitiendo con la oferta más dulce de Nestlé. En las paleteras y las tiendas de los cines abundaban las barras de formulaciones de chocolate Mars, Snickers, MilkyWay. En los colmados, el choco choco fresco era delicia artesanal.
Luego vendría otra dimensión más sofisticada, al descubrir los premium de alto contenido de cacao y alejarme de lo dulce. Las opciones black, noire o sencillamente chocolate negro. Una puerta se abrió hacia zonas inesperadas de la degustación, apreciando la textura y valorando las gradaciones exquisitas de lo amargo.
Desde 2020, los emprendedores en el campo de la elaboración del chocolate artesanal de calidad, apoyados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y su programa Exporta Calidad, lanzaron el Festival del Chocolate Dominicano, entre 10 y 13 de diciembre. Luego se sumaría la Unión Europea. Pero antes de esta saga que cerró su 6ta entrega el pasado domingo, vale consignar un gran evento que le precedió una década.
Recuerdo, como si fuera ayer, que Munné -una de las casas comerciales e industriales más emblemáticas emplazada en San Francisco en 1935- lanzó en 2010 una magnífica iniciativa en el Museo de las Casas Reales, con motivo de su 75 aniversario, ocupando sus antiguos patios encantados con generosa dotación de comestibles ligados al cacao. Complemento de una exhibición temporal entre 6 y 30 de octubre en sus salas y pasillos de la historia de este cultivo y el papel desempeñado por la empresa en su desarrollo local. Que contó como anfitriones con Anita Yee de Cury y Lourdes Camilo de Cuello, directora del Museo y viceministra de Cultura, respectivamente.
En adición a la presencia de sus líneas industriales de chocolate de mesa, cocoa amarga y dulce, así como chocolatines merenderos, los descendientes de los catalanes José María y Trifón Munné Trullols, que arrancaron a mediados de los 30 en el negociado de granos -arroz, maíz, café, cacao- en el Nordeste de la república, tierra de gente de trabajo y de valientes, "se botaron" con botanas variopintas saladas y dulces con ingredientes de cacao.
Satélites dispensadores de canapés, licores e informaciones, se desplegaron en el cautivante ambiente de una noche agraciada por el clima. Mozos motivantes circulaban entre la concurrencia ofreciendo platillos y bebidas que deleitaban el paladar de adultos y chicuelos, sueltos éstos como si estuvieran posesos en la fábrica mágica de Willy Wonka detrás de las golosinas.
Un amable Antonio Munné Taulé se explayaba en explicaciones desde cubículo pedagógico, mientras su hija Diana -formada académicamente en fina chocolatería en Johnson & Wales, Providence- apuntaba al maravilloso proyecto Xocolat, pionero desde 1993 con confecciones en barras y bombonería elaboradas con la pasta base de la casa madre, transformada en deleitosas creaciones artesanales. Varias generaciones laboriosas oriundas de Iberia aprovechaban la fabulosa almendra azteca, sudada en su licor y en su materia grasa, para lograr suave masa marrón en ofrenda a los dioses.
Diana recorrería su ruta con local propio en la Díaz Ordóñez de Evaristo Morales, luego frente al Club Naco con tienda y taller de producción, en Ágora Mall y Doctores Mallén de Arroyo Hondo. Siempre dispuesta a satisfacer encargos especiales de los clientes, a brindar entrenamiento a mujeres asociadas como las de Altamira y a dar charlas sobre el arte que domina con garbo. Una real veterana, pese a su juventud, en este renglón de la economía que no ha recibido la atención debida de los órganos oficiales. Impulsado por jóvenes visionarios nacionales y extranjeros que han hallado un filón nada desdeñable para ejecutar sus sueños en terreno productivo e innovador. Aspirando un sitial en el competitivo y exclusivo mercado del chocolate fino.
Nazario Rizek, a la cabeza don Héctor Rizek Llabaly y ahora la dinámica generación de los hermanos Rizek Sued, ha sido sinónimo por décadas de excelencia en el cultivo y comercialización del mejor cacao de San Francisco de Macorís, con fincas propias y asociado a productores independientes. Kahkow es la prestigiosa marca con la que desde 2005 incursionan en el mercado de chocolates premium con tiendas en Blue Mall (2011) y Brooklyn (2019), y el Museo Tienda Kahkow Experience en Ciudad Colonial (2017). En Hacienda Esmeralda, Rizek Cacao ofrece un tour educativo por el Sendero del Cacao. Barras, cocoa, bombones, empaques de medio y un kilo, son hitos de la más completa e ilustrativa gama de chocolates finos dominicanos.
Otros emprendedores figuran en esta historia feliz. En la edición del FCHD en 2020 conocí a Moisés Davidovits, un joven empresario y chocolatier venezolano de raíces israelitas instalado en la Zona Franca de Santiago, ilusionado con nuestro chocolate. Director de Chocolates Khao Caribe, sus barras contenían cacao seleccionado con ojo veterano. En 2022, en Diario de las Américas de Miami, Moisés declaraba: "Soy tercera generación de chocolateros. Mis abuelos comenzaron a comercializar el cacao, luego mis padres lo procesaron y semielaboraron, y entonces yo entré a explorar la parte funcional del chocolate." Dirigiendo Chocolates Theobroma.
Cacaoteca conjuga al canadiense Edouard Beauchemin, la dominicana Coral Decamps y al chocolatier italiano Danielo Vestri, desde 2016. Cajitas con relucientes escenas y textos que promueven la cultura del cacao. Comercializan el café Gente de la Isla. Mudó su operación a Punta Cana tras la clientela turística. CCN le encarga sus chocolates Origen Nacional. En 2018 llegó Chocolate Experience DR, con raciones de 100 gramos en rústico cartón troquelado que muestra la textura de su contenido. Experiencia desarrollada en Punta Cana por Chocolate & Cía., que proclama a los turistas que tenemos "el mejor cacao orgánico del mundo".
El ingeniero alemán Jens Kamin labora desde 2016 en su taller artesanal elaborando las barras Definite, con granos origen Zorzal Cacao, Elvesia, Florencio Ortega, Cacao Valdez, realizando mezclas con café, ron, casabe, macadamia, y arroz con leche. Ubicado en Bella Vista.
Choco Punto es sello de calidad impulsado por la venezolana Mabel Rodríguez y el ibero Antonio Lizarán, con tradición chocolatera familiar en la tierra de Bolívar. Instalados en 2019 en Plaza La Estancia, La Romana, sus formulaciones son multipremiadas en exposiciones nacionales e internacionales. Lizarán, un jovial líder de la ADOCHOCO, multiplica junto a su familia la buena vibra del cacao en el marco del FCHD.
Con formato cuadrado en sus tabletas, Heritage Chocolate asume la tradición italiana de Dulcera Dominicana, encarnada en los hermanos Valéry y Jean-Pierre Bolonotto. Ubicada en Bellavista, se dedica "a la fabricación artesanal de chocolate fino a partir de granos de cacao orgánico Hispaniola, sin aditivos, saborizantes, OGM ni lecitina".
En el 3er Festival del Chocolate 2023 conocí en Ágora Mall a Yifat Milz Strauss y a su madre Ivonne Strauss, dulces damas de la Colonia continuadoras del ethos laborioso judío que en los 40 fabricara lácteos y cárnicos de calidad bajo el sello Sosúa. Con la finca propia Cacaotal del Norte, en Gaspar Hernández, desde 2019 realizan la selección, tostado, refinamiento y conchado, para obtener el sabor que identifica a sus acreditadas barras Milz Chocolat.
Los choc lovers disfrutan del salto que Oko Caribe -proyecto fundado en 2006 por Gualberto Acebey Torrejón y Adriano de Jesús Rodríguez dedicado al cultivo y comercialización de cacao orgánico- dio al incursionar con sus chocolates OKO. La memoria gustativa guarda deleitosa la textura por su pastosidad perfecta.
INARU es una feliz iniciativa de las hermanas dominico-estadounidenses Janet y Erika Liriano, dos talentosas jóvenes emprendedoras con acertado ojo mercadológico que sorprenden con sus vistosas propuestas, enfatizando lo orgánico, vegano, sin gluten, soya ni lecitina y la conformidad con la ley judía. Con barras de 70 gramos, se alejan del promedio tacaño de 50 gramos local, ofertando discos en bolsas de 300 gr. Resaltando sus empaques en colores limpios y el marketing virtual.
En el 6to Festival del Chocolate Dominicano la mayor sorpresa fue encontrarme con las chocolatiers francesas Lucie Amiet y Marion Haudebert que exhibían una generosa barra de 95 gramos de su chocolate Bayacao en barras alternativas de 70 y 77 % de cacao, ofreciendo degustación al visitante. Me quedé con la 2da opción, elaborada en la planta del Cruce de Pajón, Monte Plata, con materiales orgánicos, incluido el azúcar de caña cuyo amarre se siente en boca suavizando el natural amargo del cacao. Dejando una plenitud gustativa, al final de la cata, de ingredientes integrados, "with notes of raisin, hazelnut and date".
Para mi -cazador de iniciativas de la economía real que potencien nuestro desarrollo y cada vez más alejado del desperdicio retórico que abunda en los entes privados y públicos que versan sobre estas cosas- el hallazgo fue motivo de indagación posterior. Encontrándome que se trata de un proyecto agroforestal de envergadura de inversión extranjera, iniciando en la Provincia Esmeralda en 2017 cuando Charlie Mariotti fungía como meritorio senador promotor de las bondades comarcanas.
Hoy mantiene plantaciones propias en Bayaguana y recibe granos de otros productores, que procesa en su planta en el Cruce de Pajón y mercadea sus chocolates en Las Terrenas, en la paradisíaca y turística Samaná. Donde mi compañero de infancia Pedro Catrain ha sentado raíces.

José del Castillo Pichardo