"Sorpresas que trae la vida", canta Blades...
La feria del libro devuelve el protagonismo a la lectura en Santo Domingo

Así como algunos libros no deben juzgarse por su portada, el desempeño de funcionarios a veces sorprende cuando se piensa en sus anteriores realizaciones. Robertico Salcedo (Santo Domingo 1979), ministro de Cultura desde 2025, lucía condenado a producir otro clavo como principal gestor cultural del Estado. Tras décadas como productor de cine y televisión, nunca superó el estigma por sus malísimas películas (con increíble éxito comercial). Notables críticos de cine, como Armando Almánzar (S.D. 1935-2017), el experto en farándula Joseph Cáceres y muchos otros, recriminan sus flojos y repetitivos guiones, fallas de fotografía, continuidad, sonido y edición, reincidencia de humoristas sin destrezas en roles llanos y repetidos, como sus horrorosos espectáculos de televisión (con asombrosos altos ratings). Un veterano cineasta, Ángel Muñiz, señala que, pese al triunfo financiero, Robertico carece de sensibilidad artística o interés en la excelencia cultural. En 2011, en una encuesta de Diario Libre para escoger la peor película dominicana de todos los tiempos, los lectores escogieron una de Robertico, "I Love Bachata", por los absurdos giros del argumento, pésimas actuaciones e inexcusables deficiencias técnicas. En redes sociales y medios digitales sus filmes son atacados no sólo por malos, sino porque como productor ha sido muy beneficiado por los incentivos fiscales y facilidades financieras de la vieja Ley de Cine.
Sin embargo, Robertico ha salido tremendo ministro de Cultura, enfocado en promover la literatura y otros aspectos del patrimonio intangible criollo y la producción de nuevas obras o rescate de las existentes. Contrario a la sabichosa idiotez de quienes repiten "eso sólo pasa aquí", el fenómeno de pésimos productores de cine con lucrativas carreras haciendo películas malísimas rechazadas por los críticos y la prensa, es al parecer idéntico en Estados Unidos, Europa, India y Nigeria (estas últimas potencias cinematográficas internacionales como las dos primeras). Pero el tema es muy largo para abundar ahora. "La stessa Italia di Fellini ha inventato gli spaghetti western!"
La FILSD26
Me cuentan Mafalda y Tere que la XXVIII Feria Internacional del Libro, que comenzó el 24 de septiembre en la Plaza de la Cultura y seguirá hasta el 4 de octubre, ha resultado muy exitosa por la calidad de sus actos culturales, la organización de los espacios y la participación de numerosos autores, editoriales y público. Dedicada a honrar al muy reconocido humanista dominicano José Mármol, esta feria ha devuelto a los libros y la lectura su protagonismo merecido. Uno de los principales promotores de este giro ha sido el gestor literario Aquiles Julián, funcionario del Ministerio de Cultura. Este escritor es el propulsor del recientemente iniciado capítulo dominicano del Pen Club, la más antigua sociedad internacional de autores, creada en Londres en 1921 para promover la mejor literatura, los intercambios culturales en torno a las letras y defender las libertades públicas, especialmente la de expresión. El nombre de la prestigiosa entidad corresponde al acrónimo de poetas, ensayistas y novelistas, los géneros más usuales de hace más de un siglo, aunque hoy en día el club Pen incluye a editores, historiadores, dramaturgos, periodistas, traductores y hasta blogueros o creadores de contenidos digitales. Ignorante pajuilita como he admitido ser, creía cuando estudiaba en Roma que se llamaba Pen porque significa bolígrafo o pluma estilográfica en inglés. "Che sbadata che sono!". Aparte de asuntos literarios, el Pen Club realiza una loable labor ideológica promoviendo la libertad de conciencia y expresión. Defiende a autores cuyas opiniones hacen peligrar sus vidas y bienestar, en cualquier país del mundo. Es la única entidad de escritores reconocida con estatus consultivo especial en la ONU y su agencia UNESCO, pese a que esta última ha servido en el pasado como ariete de gobiernos represivos en países sin libertad de expresión ni prensa independiente.
Este año la FILSD tiene como país invitado a Panamá. Conozco poco la literatura panameña, pero desde que supe hace semanas del homenaje a ese país me puse a leer y a ponerme al día. Al pensar en Panamá lo primero que viene a la mente es Rubén Blades, dicho con admiración por su lírica y enorme impacto cultural a través de la música, el cine y la política. Apenas recordaba la importancia del modernista Darío Herrera (1870-1914) y de su poeta nacional Ricardo Miró (1883-1940), cuyo famoso poema "Patria", de 1909, es quizá inconscientemente evocado por Pedro Mir (1913-2000), poeta nacional dominicano, en su "Hay un país en el mundo" de 1949. Pienso especialmente en los versos de Miró: "¡Oh Patria tan pequeña, tendida sobre un istmo / donde es más claro el cielo y es más brillante el sol, / en mí resuena toda tu música, lo mismo / que el mar en la pequeña celda del caracol!". El Ministerio de Cultura invitó a más de 30 autores panameños contemporáneos, en su mayoría cuentistas nacidos en la década de 1970, en cuyas obras hay un tema común que es la ruptura con la narrativa convencional para explorar desde distintas perspectivas nuevas realidades íntimas o sociales. Sus obras están en venta en la feria.
Una autora que recomiendo ponerle atención es Cristina Henríquez (Newark 1977), panameña-estadounidense con licenciatura en lengua inglesa de Northwestern University y maestría en bellas artes de la Universidad de Iowa, donde se destacó en su taller de escritores. Sus relatos los publican "The New Yorker" y "Atlantic", dos prestigiosas revistas norteamericanas. Su novela "The Book of Unknown Americans" ("Libro de los Americanos Desconocidos", Knopf/Vintage Books, Nueva York, 2014, 304 páginas) fue libro del año del "New York Times" y escogida entre los mejores de 2014 por el "Washington Post", la "National Public Radio" y Amazon. Es un relato sobre un joven panameño y una adolescente mexicana cuyas vidas se cruzan al emigrar ella a Estados Unidos en procura de cuidados médicos. Hay edición en español por Pengüin/Random House. La más reciente obra de Henríquez es otra novela "The Great Divide" ("Entre dos Aguas", Ecco Press/HarperCollins, Nueva York, 2024, 336 pp), con edición en español por el Grupo Anaya, que trata sobre las vidas de gente ordinaria ignorada por la historia durante la construcción del canal de Panamá.
Polímata admirable
Hace pocos días el economista, historiador, antropólogo, arqueólogo, periodista y escritor Julio Bernardo Vega Boyrie (Santiago 1938) presentó su septuagésimo noveno libro, "El Fracaso de las Expediciones de Luperón y Cayo Confites" (Academia Dominicana de Historia, Vol. CLXXVII, S. D., 2026, 268 pp), un documentado relato con sabrosos datos inéditos sobre los intentos de exiliados dominicanos por derrocar al dictador Trujillo mediante las referidas incursiones armadas en 1947 y 1949 y los motivos de su fracaso. El autor, con sobrada experiencia como gobernador del Banco Central, expresidente de la ADH y la Sociedad de Bibliófilos, embajador en Washington, director del El Caribe y comentarista por televisión, hace nueva vez acopio de informaciones anteriormente desconocidas, obtenidas en archivos oficiales estadounidenses y otras fuentes, para contextualizar la narrativa convencional sobre esas frustradas expediciones. La de Cayo Confites en 1947 contaba con más de mil hombres entrenados y armados en Cuba, entre ellos a Juan Bosch y Fidel Castro, pero fue abortada sin salir hacia Santo Domingo por presión de Estados Unidos al gobierno cubano. En 1949, con parte del mismo contingente armado financiado mayormente por el líder antitrujillista del exilio, general Juancito Rodríguez, la de Luperón enfrentó delaciones y traiciones. De los únicos quince que llegaron por avión anfibio desde Guatemala a la bahía de Luperón, entre Puerto Plata y Montecristi, diez murieron en combate o fusilados y cinco sobrevivieron, entre ellos los dominicanos Horacio Ornes (yerno de Juancito), Tulio Arvelo, Rolando Martínez Bonilla, Miguel Feliú Arzeno y el nicaragüense José Pérez Córdova.
La excelente obra no menciona al padre del autor, el muy culto abogado y escritor Julio Vega Batlle (Santiago 1899-1973), quien poco después de ambas expediciones fue designado embajador en La Habana por Trujillo, luego de haber servido como rector de la Universidad de Santo Domingo. Fue además embajador en Londres y Brasil, canciller, secretario de la Presidencia y de Industria y Comercio, durante la misma época en que Joaquín Balaguer fue embajador en México, secretario de Educación y vicepresidente de la República. Vega Boyrie revela la participación de Balaguer en el espionaje y vigilancia de los exiliados antitrujillistas, que cita como una de las causas del fracaso de las expediciones. Sin embargo, el propio autor concluye que ambas operaciones estaban destinadas al fracaso por falta de apoyo interno, la superioridad apabullante de las Fuerzas Armadas de Trujillo y el apoyo al régimen por Estados Unidos en ese momento.
La obra consta de diez capítulos, con ilustraciones y un anexo, presentación por Miguel Reyes Sánchez, presidente de la ADH, y prólogo por Edwin Espinal Hernández, miembro de número de la ADH. Aun tomando con un grano de sal las documentadas referencias a Balaguer, es otro magnífico libro del licenciado Vega Boyrie, que merece leerse y celebrarse, por sus incansables esfuerzos por el esclarecimiento y difusión de nuestra historia. "È un vero polimate!".

Mirope Bragui Pérez
Mirope Bragui Pérez