¡Francia en llamas!
La erosión de la autoridad tradicional y el auge del aislamiento moderno
Las imágenes de violencia en redes sociales y las publicadas por los medios tradicionales y agencias de noticias, preocuparon al mundo occidental al verificar que en Francia un reclamo, al parecer tonto, de una escuela que requería el nombramiento del personal básico en labores rutinarias de limpieza, desencadenó en olas de protestas estudiantiles en las principales ciudades del país galo.
La pregunta que nos hacemos es, ¿cómo un simple reclamo que se resuelve con un oficio administrativo del ministro de Educación para dotarla de lo indispensable, termina en protestas violentas y saqueos que la Policía, ni los refuerzos de equipos especiales pudieron contener dejando a más de un millar de civiles detenidos, centenares de policías heridos, tiendas vandalizadas y decenas de edificios y monumentos públicos y propiedades privadas caotizadas?
La respuesta no está en el conserje sin nombrar, pues desde hace por lo menos tres lustros en París y otras ciudades europeas se escenifican este tipo de protestas violentas, aprovechadas por grupos que pescan en río revuelto. Las interrogantes surgen por tratar de dar una explicación mas o menos sensata con lo que ocurre, no solo en Francia sino en la mayoría de ciudades europeas, impactadas también por el fenómeno migratorio. Ver esto: una parte importante de los protestantes son menores de edad.
Este fenómeno requiere el prisma sociológico y el auxilio de la psicología para poder entender lo que acontece en Francia y en otras capitales occidentales.
En el libro "Homo occidentalis", escrito por el reconocido analista político, Jerôme Fourquet, y el psicólogo clínico, Ruben Rabinobitch , se analiza la transformación radical del individuo de occidente, "el nuevo hombre".
Fourquet y Rabinobitch plantean en su tesis cómo en occidente se ha impuesto con los años una narrativa de ruptura con los pilares fundamentales en los que se ha sustentado el Estado, tal como lo conocimos: la religión, la familia y la muerte.
Coinciden en el hecho de que que en un espacio de pocas generaciones se ha registrado una mutación antropológica única. Refieren que esas sociedades ya no se rigen bajo los mismos códigos que estructuraban la vida de nuestros padres y abuelos. La combinación de la secularización masiva (la "muerte de Dios" para no pocos), el fin de las grandes ideologías y de los relatos de proyectos colectivos, así como la emancipación individual absoluta, dan lugar a un nuevo tipo humano: el homo occidentalis.
De acuerdo con la visión de los autores, este nuevo individuo se caracteriza por la búsqueda incesante de autonomía, pero conlleva que esta nueva libertad trae aparejada profundas contradicciones y nuevas formas de sufrimiento psíquico.
Fourquet y Rabinobitch profundizan en el hecho de cómo mutaron los ejes esenciales de la existencia humana: el amor, el cuerpo y la sexualidad. Las normas tradicionales que regulaban la intimidad—dicen ellos—se han desvanecido profundamente, abriendo paso a la mercantilización de los afectos, la hipersexualización y digitalización de las relaciones, en tanto la estructura familiar tradicional se ha fragmentado. El deseo de descendencia, los tiempos de la parentalidad y el lugar de los niños en el hogar también ha cambiado. En el tercer eje están la iglesia, el Estado, los partidos políticos y los sindicatos. Es decir, la autoridad colectiva pulverizada.
Ruben Rabinobitch, desde la perspectiva clínica, dice que "mientras el siglo XX estuvo dominado—en términos freudianos—por figuras del neurótico, el siglo XXl está marcado por el auge del depresivo y el solitario". El individuo se enfrenta a la obligación de "tener éxito", de levantarse a sí mismo y ser autónomo, que conlleva al narcisismo exacerbado, a las adicciones y a una epidemia silenciosa de soledad.
Fourquet y Rabinobitch analizan cómo las grandes transformaciones culturales e históricas terminan por doler en el fuero interno de cada individuo. Ideologizar las protestas es también querer tapar otras certezas.

Rafael Núñez