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Bolsonaro: entre gallo y medianoche

Cómo la campaña de Lula logró convencer a los millones de abstencionistas

Como dice el refrán popular, el excandidato presidencial y senador brasileño, Flávio Bolsonaro, huyó a Estados Unidos "entre gallo y medianoche", atacado por el pavor de caer preso debido al proceso judicial que lleva en su contra el Tribunal Supremo Federal por presuntos delitos de lavado de activos que le endilga al hijo del expresidente, Jair Bolsonaro, preso domiciliario este último tras la condena de 27 años de prisión por intento de golpe de Estado. 

Ante la intimación precautelar para entregar su pasaporte, Bolsonaro hizo lo que en su momento Luiz Inacio Lula Da Silva pudo haber hecho, y decidió que no, cuando por retaliación política de Bolsonaro padre, fue detenido y encarcelado tras involucrarlo en el caso "Lava Jato", a cargo del juez Sergio Moro, acusado por la Corte Suprema, este magistrado, de no actuar con imparcialidad y de falta de competencia. 

La derrota del 25 de octubre fue un golpe que el bolsonarismo y sus mentores en Estados Unidos no vieron venir, especialmente después de la primera vuelta donde obtuvo una ventaja de 2 millones de votos sobre Lula, calculando que la segunda vuelta era sólo una formalidad para terciarse la banda presidencial. 

Ante un primer round en desventaja, la campaña de Lula hizo los ajustes necesarios, sobre todo en el área de comunicación, llevando su estrategia a una cuarta dimensión de la defensa, que no es más que el uso correcto de las plataformas digitales, acompañado de una narrativa dirigida a quienes se quedaron en sus casas el día de la votación. De ahí salta el dato de que en la segunda vuelta votó el 80,8 %, de un total de 159 millones con derecho al sufragio, de los cuales ejercieron el derecho 128,2 millones de brasileños. 

La campaña de Lula se centró en atraer a los abstencionistas de la primera vuelta, pues el 4 de octubre solo alcanzó a votar el 78.9 %, es decir la abstención fue de 21.1 %, resultando que no votaron 33 millones de personas. En ese nicho, Lula y su campaña centraron los contenidos de sus mensajes sobre diversas plataformas digitales que, con poco más de 10 millones de miembros, redireccionó todo el discurso del candidato del Partido de los Trabajadores (PT), sobre todo teniendo en contra las Big Tech norteamericanas de difusión global, a favor del bolsonarismo. 

Otros factores influyeron para que Lula diese una vuelta histórica a la votación: ganó los dos debates a Flavio Bolsonaro, sobre todo el segundo en el que el candidato opositor cometió el error de su vida atacando un punto al que no debió referirse debido a la alta sensibilidad de los ciudadanos con ese y otros temas: la discapacidad. Por TV Globo, el debate ocupó la atención de 100 millones de espectadores que vieron a un Bolsonaro humillado.

Bolsonaro creyó que con decirle a Lula nueve dedos, le daría ventaja ante el electorado. Lula, un titán de la política, giró el debate a su favor con una retórica que millones de trabajadores entendieron, obligándolo a pedir disculpas. 

En ese careo, el discurso de Lula fue de impacto emocional. Aunque fue puesto entre las cuerdas con una denuncia que recogió buena parte de las inquietudes ciudadanas, logrando Bolsonaro en la primera vuelta hacer votar contra Lula Da Silva, la experiencia del mandatario se impuso al recordar, en el segundo tramo, las políticas públicas impulsadas desde el poder para beneficiar a los desposeídos. La victoria de Lula combinó comunicación estratégica efectiva en redes, experiencia discursiva coherente convenciendo a los brasileños de que Brasil no debía retroceder a la Argentina de Milei, y un tercer factor fue la movilización popular masiva en las principales ciudades, victoria que está teniendo repercusión más allá de la amazonía de Brasil. 

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