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Paz, sonrisa y felicidad

A propósito del recién pasado Día Internacional de la paz

"La paz comienza con una sonrisa"

(Madre Teresa de Calcuta)

Instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas para promover los ideales de la paz y la no violencia, el 21 de septiembre de cada año se celebra el Día Internacional de la PAZ.

Acerca de la paz es mucho lo que se ha escrito, casi siempre contraponiéndola al fenómeno de la guerra; pero la paz, vale aclarar, es mucho más que la cara adversa de la bélica confrontación.  Se trata de una categoría histórica estrechamente articulada a la realidad socioeconómica, y cuyo enfoque, en los  planos tanto filosóficos como sociológicos, no puede realizarse al margen del concepto de felicidad.

Todo lo antes dicho quiere decir que la paz, de ningún modo, podemos percibirla como  una idea o una simple ilusión, sino como un estado general  de grata satisfacción del ánimo basado en la felicidad.

 ¿Qué significa esto?

Sencillamente, que sin felicidad no hay paz, y si esta existe, es porque la segunda está asegurada. Como bien lo sentenció la madre Teresa de Calcuta: "La paz comienza con una sonrisa".  Y la sonrisa solo abunda allí donde la felicidad está presente. De lo contrario brillará por su ausencia. En esa misma línea semántica, el  diccionario académico, entre otras acepciones, define el término paz como «Ausencia de inconvenientes o tropiezos»

Merced a las ideas precitadas, se infiere entonces que es responsabilidad de los gobernantes y grupos dirigentes crear las condiciones requeridas o tratar de eliminar cuantos inconvenientes o tropiezos contribuyan a evitar el logro de un estado óptimo de felicidad que conlleve a la vez la conformación en la mente del individuo de ese estado de grata satisfacción física y espiritual mejor conocido con el nombre de paz.  Porque una mente atormentada por el motivo que sea, es una mente infeliz. Y toda mente infeliz es, necesariamente, una mente carente de paz interior.

Y conforme a los juicios precedentes, valdría entonces  preguntarse, ¿cuáles son esos tropiezos, escollos o inconvenientes que le roban la felicidad y, por ende, la paz a los seres humanos en general y al dominicano en particular?  A modo de ilustración, basta solo citar algunos:

1.       La pobreza extrema. Donde existen limitaciones económicas desbordadas, la paz es solo una ilusión.

2.       Los bajos salarios. No poder resolver los problemas materiales de existencia genera un estado mental de permanente intranquilidad.

3.       La inequidad. Observar que todos los beneficios giran alrededor de un grupo reducido de personas, mientras la mayoría navega en el mar de las carencias, espanta para siempre toda esperanza de paz.

4.       Inseguridad ciudadana. No saber en qué momento la persona puede ser víctima de un robo, de un atraco o de un crimen o cualquier acto de delincuencia, mantiene intranquilo al más indiferente de los ciudadanos.

5.       Insatisfacción laboral. ¿Puede existir paz laboral en una institución o empresa adonde la insatisfacción laboral campee por sus fueros?

6.       Deficiencias de los servicios públicos.  Estas anomalías generan tormentos por cuanto los sectores de escasos recursos no pueden enfrentar los problemas de salud, educación, vivienda, etc.

7.       Falta de oportunidades. ¿Puede reinar la paz en el seno de la familia que ha incurrido en grandes sacrificios para, por ejemplo, costear los estudios de sus hijos en la universidad, cuando una vez graduados, estos no consiguen trabajo o tienen que conformarse con puestos cuyos salarios son extremadamente bajos?

8.       El alto costo de la vida.

9.       La insensibilidad social y el individualismo rapaz que cada día crece y amenaza con tragarse al más débil.

En semejante contexto, jamás podrá existir esa sonrisa que la madre Teresa postulaba como la piedra angular, base o punto de partida para el establecimiento de una verdadera o auténtica paz interior en el ámbito mental del ser dominicano

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El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura dcaba5@hotmail.com