Versos que se olvidan, ¿tienen poesía viva?
Luces y sombras del panorama literario hispano en la víspera navideña

Desde España recibo noticias de exalumnos sobre la efervescencia del ambiente cultural en Madrid al acercarse el período navideño que es la época en que son presentadas nuevas obras para aprovechar el tradicional aumento en las ventas de libros, muchos dados como regalos por gente que no lee. Entre las novedades están La hipótesis más peligrosa, de Arturo Pérez-Reverte, una aventura sobre el tráfico de obras de arte de origen ilícito que discurre en varios países del Mediterráneo. Julia Navarro presentó Una familia moderna, novela sociológica que ausculta la identidad, las dinámicas y las desavenencias generacionales en los hogares contemporáneos. El cineasta Pedro Almodóvar publicó una bien recibida obra titulada (como si fuese otro genial filme suyo) El hombre que sólo escribía en los aviones. Rosa Montero ofrece a sus lectores Un día en la vida de Clarita, calificada por algunos críticos como un himno a la empatía y la esperanza, con personajes que conducen el tema con gran profundidad.
Poesía memorable
Quizás una de las maneras de saber cuán importante es cualquier poeta dentro de su cultura o país es que sus versos no sólo sean conocidos o elogiados, sino que su vínculo emocional e intelectual con los lectores los mantenga vivos en la memoria individual. Cuando una rosa muere... de Franklin Mieses Burgos (Santo Domingo 1907-1976), líder de los Poetas Sorprendidos, ha quedado en los intersticios del cerebro de casi todos los pocos amantes de los versos dominicanos. Ese espacio no lo llena ninguna otra cosa. En Gólgota Rosa, el "joyel de oro de un buril genial", aquel Cristo azorado que padece pendiendo del cuello entre los senos de la amada del poeta, comparado sacrílegamente con un don Juan por su autor Fabio Fiallo (SD 1866-La Habana 1942) conjura imágenes que son inolvidables para mi generación. Hasta versos de Balaguer, a quien por su mastodóntica relevancia política sus adversarios le niegan su innegable calidad de poeta, perviven. Por ejemplo, los dos primeros de Lucía, su declaración de infatuación a la inalcanzable Lucha Brugal: "Tan lánguida, tan leve y tan sublime, cual de la luz el tímido temblor...". ¡Cuánto cambian los paradigmas estéticos! Un poeta moderno quizás preferiría alguna "garota" de Ipanema, bronceada y vivaz. La cuestión es, miei cari lettori, que la poesía viva es la que usualmente perdura, aunque cambien la poética, la métrica o el estilo según la época.
Me agradó encontrar un ejemplar de Tres Miradas al Sur (Editora Nacional, S.D., 2017, 122 páginas), edición dirigida por José Enrique García con poesía de tres poetas fundamentales. Estos son Héctor Incháustegui Cabral (Baní 1912-SD 1979), Freddy Gatón Arce (San Pedro 1920-SD 1994) y Lupo Hernández Rueda (SD 1930-2017). Quizás se pudo escoger mejores versos de Incháustegui, pero es un cuaderno que merece leerse. Ojalá el actual Ministerio de Cultura retomara las publicaciones de la Editora Nacional para difundir la obra de grandes escritores dominicanos desconocidos por las nuevas generaciones. El olvido por desidia es peor que la damnatio memoriae, precursora en la antigua Roma del ninguneo criollo o la "cultura de cancelación" moderna.
Terremoto editorial
El 15 de octubre pasado fue celebrado el 75.º aniversario del Premio Planeta con una gala en Barcelona presidida por el rey Felipe VI y su consorte Letizia, en cuya ceremonia se entregó la distinción a la escritora estadounidense de origen chileno Isabel Allende (Lima 1942), por su novela La Hora antes del alba (Planeta, Barcelona, 2026, 352 páginas). Mey Zamora, afamada reseñista cultural del diario La Vanguardia, cuenta que "es una novela grata y evocadora donde política y amor se alternan como motores de una trama habitada por personajes y situaciones puro estilo Isabel Allende. En esta ocasión, recupera la vida de Alba en el punto en que la dejó al final de La casa de los espíritus, (...) su debut como novelista, en Barcelona en 1982, que se convirtió rápidamente en un éxito en muchos países". Zamora dice además que Allende "relata con más realismo y menos fantasía el devenir entre la política y el amor de Alba".
La dotación de un millón de euros del Planeta es superada sólo por el Nobel, de un millón cien mil euros, aumentada recientemente en el 125.º aniversario del galardón que discierne la Academia de Suecia. A diferencia del Nobel, el Planeta otorga 200,000 euros a un primer finalista, que esta vez fue el español Sergio Hernández Carrasco (Valencia 1994) por La añoranza (Planeta, Barcelona, 2026, 528 páginas), un emocionante y lírico relato sobre el exilio, la memoria y la historia política en torno a la figura de Antonio Machado en la Barcelona de 1959.
Hernández Carrasco, filólogo y guionista, dijo al agradecer su premio que a él la poesía le salvó la vida. "Cuando intentas encontrar tu propia salvación escribiendo, un premio como el Planeta es fundamental ...", expresó muy conmovido. Ciertamente, el Planeta garantiza un gran éxito de ventas para cualquier escritor, pese a que desde hace décadas hay un incesante debate por denuncias de que se trata de un premio negociado o "precocinado" entre Planeta y sus propios autores. Allende, por ejemplo, tenía contrato con Plaza & Janés (del grupo Penguin Random House) desde su debut hace 44 años. Su rompimiento con esa editorial para irse con Planeta fue calificado por el diario El País como un "terremoto editorial". En España se chismorrea que "el premio implica que Planeta arrebata a Random House una de sus firmas legendarias", alimentando el mito urbano de que el jurado no escoge libremente entre los cientos de novelas presentadas bajo pseudónimo, sino que el ganador es acordado previamente.
A mediados de los 70´, Ernesto Sábato renunció a la presidencia del jurado alegando que la escogencia no dependía de enjuiciar la calidad literaria, sino que la inclusión de reconocidos autores en las deliberaciones era "una fachada" para ocultar que Planeta decidía a priori quiénes ganarían. Su denuncia fue avalada por la confesión por Miguel Delibes de que le fue ofrecido el premio sin haber siquiera escrito ni ideado la novela concursante, propuesta que no aceptó y denunció invocando la ética y principios morales. Importantes críticos de Hispanoamérica coinciden en que el premio Planeta es un ejercicio comercial de mercadeo, para vender obras de poco valor cultural o literario al gran público en el período prenavideño cuando las librerías son más concurridas. En 2005 un integrante del jurado, el escritor Juan Marsé, dijo que las novelas preseleccionadas para deliberación del jurado eran de "un nivel literario muy bajo y de calidad subterránea". Mientras los intelectuales y escritores reconocidos abogaban por premiar los méritos artísticos de las obras concursantes, Planeta priorizaba sus estimaciones de ganancias por las ventas esperadas. Otro escándalo fue la exitosa demanda por plagio de la escritora Carmen Formoso contra Camilo José Cela, que, tras ganar el Planeta por su novela La cruz de san Andrés en 1994, fue hallado culpable de plagiar otra obra inédita que ella había enviado al concurso y cuyo manuscrito fue facilitado a Cela.
Bombo mutuo
Es difícil negar que los poetas salidos de la magnífica incubadora que ha sido el Taller Literario César Vallejo de la UASD, especialmente los de la Generación de los 80, constituyen el núcleo de la mejor poesía dominicana contemporánea, cuyo mayor exponente y líder es sin dudas José Mármol, propulsor de la poética del pensar que enfatiza la autorreflexión asistida por la filosofía y el uso del lenguaje como instrumento artístico más que herramienta sociopolítica. Si alguna crítica sana puede hacerse a los "ochentistas" es su constitución de una capilla con uno de los defectos de muchos grupos o movimientos literarios dominicanos, quizás con excepción de la Poesía Sorprendida y los "interioristas" de Bruno Rosario Candelier: el auto-bombo recíproco.
Reservar sus reconocimientos sólo para los suyos, con raras excepciones, obliga a dudar cuando el elogio luce desbordante aunque sea muy merecido. Me ocurrió con el excelente cuaderno de versos por Médar Serrata (SD 1964), En el palacio de la esquizofrenia (Zona de Tolerancia/Soto Castillo, SD, 2026, 70 páginas), con líneas deslumbrantes como muchas de Ostinato, poema de largo aliento dedicado a Plinio Chahín. Comienza definiendo al poeta como "mago de la angustia y del desvelo" cuyo "poder es absoluto"; en su séptimo y último canto, que comienza "déjame en paz, perfección / no me interesan tus promesas de absoluto...", nos salpica con una imagen memorable: "una mujer vertió su rostro en el espejo". Desde Blake y Borges es duro inventar con los espejos... El doctor Serrata, con ensayos laureados y sólida obra previa, recibe de Mármol, Chahín y Jochy Herrera unos elogios que, pese a no faltar a la verdad, recuerdan el miedo banilejo a "perder el prigilio". En el palacio... me encantó y merece leerse. Pero recordé al sorentino Torquato Tasso (1544-1595), que en su Gerusalemme liberata advierte que el exceso en el elogio debilita la moralidad intelectual. Él mismo falleció horas antes de que el papa Clemente VIII lo coronara en el Vaticano como "rey de los poetas" por sus imaginativos relatos en verso de las cruzadas del siglo XVI. O como repetía un profesor en Roma, citando a un autor que no recuerdo, pochi lodi deliziano, molte iniziano a mettere in sospetto.

Mirope Bragui Pérez
Mirope Bragui Pérez