Crónicas del tiempo

Los acontecimientos históricos son impulsados por fuerzas sociales, económicas y políticas de una sociedad. Estos suelen marcar un antes y después; pero no es ajeno al conocimiento de que en cada hecho, el hombre juega un rol protagónico para que esos eventos estén adornados de nombres y apellidos y no terminen bajo un manto tenebroso de oscuridad.
En todos los episodios históricos, líderes políticos, religiosos y sociales juegan papeles preponderantes como guías de esos sucesos. El liderazgo conjuga las condiciones especiales con las que se nace, perfeccionado con el trabajo, la adquisición de conocimientos y disciplina.
Desde la fundación de la República hasta nuestros días, hemos tenido una cantera de líderes, hombres o mujeres, seres humanos singulares que dejaron páginas escritas que sirven de referente a las generaciones futuras. Liberales y conservadores, tiranos y demócratas, carismáticos y opacos, ilustrados y empíricos; todos, figuras estelares que son impulsadas por fuerzas sociales que, semejando volcanes, brotan de las entrañas de la sociedad para guiar al pueblo hacia etapas superiores.
No siempre ha sido así, pues, en el caso dominicano, debido a que algunos de estos episodios hicieron retroceder al país institucionalmente.
Invito a los lectores de mi columna a que desde el próximo lunes, busquemos a los más trascedentes de esos personajes sin importar su clase social, su ideología, color, raza, posición económica o credo religioso, de manera que veamos a cada uno de ellos su perfil psicológico, profesional y personalidad.
Si estudiamos la historia retrospectivamente desde 1844 hasta hoy, encontraremos personajes de disímiles perfiles.
Desde Pedro Santana, el hatero que influyó para denostar y hostigar al creador de la independencia, Juan Pablo Duarte, auscultaré la personalidad de cada uno de ellos hasta la Era de Trujillo.
Sin pretensiones de escribir un tratado de historia o de construirla al margen de los especialistas, les invito a observar las condiciones humanas de los hombres más conspicuos: sus traiciones, su falta de carácter, sus inmoralidades, sus proezas, su calidad humana, sus espíritus elevados y las pasiones que envolvieron a cada uno de ellos en los sucesos donde aparecen involucrados.
Sin que medie orden cronológico de aparición, recorreré el tiempo desde la creación de la República hasta Trujillo. Les convido a transitar conmigo la intensidad de los episodios vividos por nuestros héroes y de aquellos que sin serlos, jugaron un papel fundamental en la construcción de nuestra historia.
Convencido de que los pueblos que no conocen su historia y grandes hombres están obligados a repetirla, este tiempo que vive el país es bueno para reflexionar sobre el pretérito, explorar el espíritu noble de nuestras grandes celebridades de la vida política criolla, al tiempo que nos da la oportunidad de conocer a los farsantes de ayer y de hoy.
Con este modesto esfuerzo, intento descubrir las maldades y bondades, la naturaleza amoral y las intenciones ocultas que impulsaron a los más resaltantes protagonistas de nuestra historia a actuar en un sentido u otro. Detengamos nuestros ojos en las circunstancias adversas o favorables a las que se enfrentaron. Busquemos las razones y las responsabilidades asumidas por hombres ocultos en las sombras.
Pretendo verlos con lupa con el fin de explicar, con la ayuda de nuestros historiadores, la dudosa personalidad de ciertos individuos que actuaron en el teatro de la política y de la guerra. Indaguemos sus nombres con la amplia visión moral que exigen los tiempos.
Exploraré a los actores más importantes de nuestra historia de los últimos 170 años, seguro de que encontraré algunos sujetos que son acróbatas de la política y aquellos que tuvieron la virtud de ser centinelas de la Patria, de la Constitución y, en el peor de los casos, saldrán a flote las almas miserables, los intrigantes, reptiles, tránsfugas, traidores e impíos.
El propósito no es hacer cada lunes una biografía de esos personajes; de eso no se trata, sino de descubrir los rostros humanos, sus formas a veces invisible en las que actuaron. Haré el esfuerzo que hace el buen periodista: actuar sin prejuicios, pero con la luz de la verdad, buscando los motivos y las razones encubiertas que tuvieron estos protagonistas para dejarse subir en la cresta de la ola del movimiento político y social.
Recorramos juntos el cenit, el desarrollo y el crepúsculo de cada hombre o mujer que fue protagonista de nuestra historia.
Escudriñaré qué impulsó su florecimiento, cuáles fuerzas le desarrollaron y las razones de su caída, a sabiendas de que tras los hechos políticos hay hombres de carne y hueso, psicológica y físicamente humanos. Buscaré explicaciones inéditas de quienes movieron los resortes de las dictaduras criollas, de las revoluciones, de los golpes de Estado; identificaré los responsables de la bancarrota nacional, de los conflictos con nuestros vecinos y de los constructores de la paz y el desarrollo.
Les invito a que me acompañen cada semana a tratar de construir los puentes rotos que encontremos en el camino que podría unir las vidas de las grandes figuras de la historia dominicana con el presente, a modo de aprender dónde nace y concluye la telaraña doméstica.
El próximo lunes, Dios mediante, iniciamos con la primera de esas aproximaciones a uno de nuestros personajes, sin orden y sin censura, porque no podemos dejar que la desidia, el ocio o el desinterés borren aquello que tenemos derecho a conservar para la posteridad.
Rafael Núñez
Rafael Núñez