Cultura de legalidad
La cultura de la legalidad "es un conjunto de valores, percepciones y actitudes que el individuo tiene hacia las leyes y las instituciones que las ejecutan".
Es un concepto importantísimo para conocer el comportamiento de los habitantes de un país con respeto a la leyes que los norman y a las instituciones encargadas de aplicarlas.
En las ciencias políticas y en la sociología se encuentran variados conceptos que tienen que ver con la cultura de la legalidad y que explican numerosas conductas políticas y sociales.
La cultura de la legalidad condiciona la imagen de las instituciones públicas. En América Latina, y nuestro país forma parte de ella, "los gobiernos, la política y las instituciones son casi por definición corruptos, (y por ello) el apoyo a las políticas públicas y la participación activa de la sociedad en ella se tornan mucho más complicados... Mientras no se rompa el círculo vicioso de impunidad, corrupción, desconfianza e inseguridad, más difícil será que la población valore los complejos esquemas procedimentales del pluralismo político". (Alejandro Poiré. El reto de la seguridad en Latinoamérica)
Lo que esto quiere decir es que las democracias latinoamericanas pueden peligrar si no se logra transformar la cultura de la legalidad imperante por otra que reconozca el valor de las normas, y se dote de institucionalidad fuerte a las entidades encargadas de aplicarlas.
Ambos procesos se refuerzan o se anulan, según sea el caso, pero son inevitables. Por tanto, no hay excusa para no echar obra a las manos.
atejada@diariolibre.com
Es un concepto importantísimo para conocer el comportamiento de los habitantes de un país con respeto a la leyes que los norman y a las instituciones encargadas de aplicarlas.
En las ciencias políticas y en la sociología se encuentran variados conceptos que tienen que ver con la cultura de la legalidad y que explican numerosas conductas políticas y sociales.
La cultura de la legalidad condiciona la imagen de las instituciones públicas. En América Latina, y nuestro país forma parte de ella, "los gobiernos, la política y las instituciones son casi por definición corruptos, (y por ello) el apoyo a las políticas públicas y la participación activa de la sociedad en ella se tornan mucho más complicados... Mientras no se rompa el círculo vicioso de impunidad, corrupción, desconfianza e inseguridad, más difícil será que la población valore los complejos esquemas procedimentales del pluralismo político". (Alejandro Poiré. El reto de la seguridad en Latinoamérica)
Lo que esto quiere decir es que las democracias latinoamericanas pueden peligrar si no se logra transformar la cultura de la legalidad imperante por otra que reconozca el valor de las normas, y se dote de institucionalidad fuerte a las entidades encargadas de aplicarlas.
Ambos procesos se refuerzan o se anulan, según sea el caso, pero son inevitables. Por tanto, no hay excusa para no echar obra a las manos.
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