Balas perdidas, vidas perdidas
La irresponsabilidad armada que casi cuesta una vida inocente
El reciente episodio en El Seibo, donde un niño de cuatro años resultó gravemente herido por una bala dentro de su propia casa, pone en evidencia un drama persistente y la irresponsabilidad de quienes disparan sin medir consecuencias.
El hecho transformó una escena cotidiana en una pesadilla para toda la familia. El proyectil —que, según los relatos, habría sido producto de un tiroteo entre presuntos antisociales en la zona de Villa Guerrero— atravesó la vivienda y alcanzó al niño, causándole graves daños internos que requirieron una compleja cirugía .
Más allá de la conmoción natural que genera un suceso así, lo que subyace es la culpa directa de quienes disparan al aire o en contextos de violencia urbana, como si el aire fuera un campo seguro para el placer del estruendo.
Esa práctica, muchas veces asociada a celebraciones o a demostraciones de poder, no es inofensiva: las balas no distinguen entre blanco y entorno, y pueden acabar con vidas inocentes, tal como ha ocurrido en otros casos.
Urge, por tanto, un compromiso real de la sociedad y de las autoridades para frenar esa conducta temeraria, reforzando la prevención, la sanción efectiva y la educación cívica para evitar que una rutina familiar termine en tragedia.
