Niños desaparecidos, dolor y angustia
Entre la esperanza y la desolación por la desaparición de menores en el país
La desaparición de la niña Brianna Genao en Puerto Plata -espejo doloroso de la de un niño en Jarabacoa meses ha- volvió a poner en vilo al país entero. Hay hechos que rompen el ritmo habitual de las noticias y se instalan en la angustia compartida. Cuando el desaparecido es un menor, la inquietud se vuelve física, casi insoportable.
Los niños representan lo más frágil de una sociedad, pero también lo más sagrado. Son, en el sentido más literal, indefensos. El solo pensamiento de que alguien pueda hacerles daño provoca escalofríos. Pero no es menor la desazón que genera la hipótesis de que hayan sido robados, sustraídos con fines inconfesables, convertidos en mercancía de una oscuridad que preferimos creer ajena, pero que existe.
En estos casos, la incertidumbre es una forma de tortura. El país observa, contiene el aliento, se pregunta si pudo haberse hecho algo más.
Pero hay respuestas más dolorosas que la espera porque confirman los peores temores. Ayer las autoridades informaron que Brianna fue asesinada y enterrada por dos parientes, quienes confesaron el crimen y se encuentran bajo custodia. La búsqueda, ahora más amarga, es la de un cadáver. Corresponde a las autoridades actuar con toda la diligencia, a la sociedad acompañar sin morbo. Hoy, por encima de todo, cabe la solidaridad con esta familia desolada. Porque su dolor, aunque íntimo, ya es también nuestro.
