La presidenta se vistió de seda
La revolución que prometió igualdad termina vestida como aquello que decía combatir
La revolución bolivariana, que juró caminar descalza junto al pueblo, apareció esta vez calzada de moda italiana. En su jura como presidenta interina, Delcy Rodríguez asumió también un vestido de Chiara Boni, verde menta, impecable, importado, con ese aire de sobriedad cara que el poder aprende rápido a dominar.
Mientras se pronunciaban palabras mayores -sacrificio, dignidad, resistencia- el vestido hacía su propio discurso silencioso. Un discurso que no hablaba de bloqueos ni de penurias, ni de represión ni millones de exiliados políticos y económicos, sino de cortes europeos, de elegancia medida al centímetro y de precios que para la mayoría de los venezolanos suenan a ciencia ficción. Porque ese vestido equivale, sin exagerar, a años de salario mínimo, en un país donde el sueldo, congelado y devaluado tiempo ha, se evapora antes de llegar al mercado.
Es una cuestión de símbolos. La revolución que prometió igualdad termina vestida como aquello que decía combatir. Siempre hay una coartada: que no es ostentoso, que es sencillo, que el color transmite calma. Pero el problema no es el color ni la tela. Es la distancia. El poder, apenas le llega la oportunidad, se prueba trajes ajenos.
La revolución se viste de seda, y casi seguro le pasará como a la mona.
