El conejo fue bueno con nosotros
Vimos una afirmación colectiva de pertenencia
Bad Bunny no es el mejor cultor de las letras, pero ha recordado al mundo que el español es un idioma potente, capaz de sonar global sin pedir permiso ni traducirse para complacer. Su éxito se explica solo porque hay en esa música una afirmación cultural que, para bien o para mal, ya no cabe en la categoría de simple entretenimiento.
El show de medio tiempo del Super Bowl reconfirmó algo que los latinos sabemos, pero que el mundo insiste en descubrir como si fuera novedad: la música popular se ha convertido en una de las formas más eficaces de poder cultural. Antenoche, se vio una afirmación colectiva de pertenencia. Para una parte considerable del público —ese que no escucha música, sino que la vive—, aquello fue casi una liturgia, una religión contemporánea donde el ritmo sustituye al credo y la multitud canta como quien reza.
Para República Dominicana, el beneficio fue doble: la referencia directa, el guiño sin sutilezas, y esa frase lanzada como quien lanza una postal al aire: "Me voy pa RD". Dicha por Bad Bunny, vale más que muchas campañas oficiales de promoción turística y llega donde los anuncios no llegan: al deseo. Fue publicidad gratuita y una certificación simbólica de presencia.
