Directora municipal se robaba la luz
Se regala energía como política populista
Hay escenas que parecen escritas por un dramaturgo del absurdo. Solo que aquí no hay escenario ni telón sino la realidad dominicana, que a veces supera cualquier libreto. La noticia de que la junta distrital de El Cedro de Miches estaba conectada irregularmente a la red eléctrica —y que en la misma condición estaba la casa de la directora municipal— tiene algo de sainete criollo.
En este país robarse la luz no es exactamente un delito socialmente repudiado; es casi un deporte nacional. Se practica con una asiduidad que ya ni sorprende. Lo inquietante es otra cosa: que el germen de esa mala práctica habite también en el propio Estado, llamado precisamente a combatirla.
Ahí es donde aparece el caballo de Troya. Durante años se ha alimentado la idea de que la electricidad es una especie de derecho mágico que alguien debe pagar, pero nunca el que la consume. Se regala energía como política populista, se tolera el fraude como si fuera una picardía menor y luego nos sorprendemos de que las pérdidas eléctricas se disparen.
Autoridades que deberían dar ejemplo enganchadas al mismo cable clandestino que se critica en los barrios. Al final, hasta una directora municipal parece haber creído que los vatios dan corriente... pero no pérdidas.