Esos motoristas terribles
La ley de tránsito no puede ser una excepción de temporada
Lo que se vio este lunes frente a la sede de la Digesett en Santiago no fue solo una fila de motoristas reclamando sus motocicletas. Fue la evidencia de una vieja anomalía dominicana: el cumplimiento de la ley suele aparecer como una excepción de temporada, no como una norma cotidiana.
Cada Semana Santa, Navidad o puente largo, las autoridades descubren de pronto que miles de motociclistas circulan sin casco, sin papeles, sin seguro y, muchas veces, sin la menor noción de prudencia. Entonces montan operativos, retienen motores y exhiben un rigor que desaparece apenas vuelve la rutina. Ahí está el problema: la ley no puede ser un espasmo.
Quien transita sin casco no comete una falta menor. Pone en riesgo su vida, compromete la de otros y sobrecarga un sistema de salud que luego paga toda la sociedad. Quien maneja sin documentos o irrespeta las señales convierte las calles en territorio de nadie.
Si la Digesett sabe dónde están las infracciones, si conoce los puntos críticos y si dispone de agentes para actuar en días festivos, también debería tener voluntad para hacerlo cada día. Y el ciudadano decente tiene derecho a transitar sin miedo ni sobresaltos. La seguridad vial no puede depender del calendario. La autoridad, para ser creíble, debe ser constante.
