Ciudad de Dios... bajo el agua
La fallecida Nelcy Cruz lo advirtió en vida
En Villa Vásquez, provincia Montecristi, un letrero enorme recibe al visitante con una promesa: "Bienvenidos a la Ciudad de Dios". La frase, extendida y visible, intenta definir identidad y aspiración. Pero basta que el cielo se abra para que esa bienvenida se transforme en ironía. Las calles se anegan, los hogares se aíslan y la fe, esa que el letrero invoca, se pone a prueba entre aguas estancadas.
No es un problema nuevo ni desconocido. La recordada gobernadora Nelcy Cruz lo advirtió en vida: Villa Vásquez necesita un sistema de drenaje pluvial. Lo dijo más de una vez, con la insistencia de quien conocía el terreno y escuchaba a su gente. Pero sus palabras, como el agua, terminaron disipándose sin cauce institucional.
La escena se repite, con distintos matices, en el Gran Santo Domingo. Las lluvias recientes, previas incluso al inicio formal de la temporada ciclónica, han vuelto a evidenciar la fragilidad urbana. En Puerto Plata, la historia es similar: precipitaciones que desbordan lo que nunca se construyó para contenerlas.
El país parece haber normalizado que cada vaguada sea una emergencia. Y, sin embargo, el problema no está en el cielo, sino, bajo tierra. El drenaje pluvial no se inaugura con cintas ni se exhibe en campañas. Es inversión silenciosa, invisible, políticamente ingrata.
Tal vez por eso, durante décadas, se ha postergado. Porque no da votos lo que no se ve. Aunque, cuando falta, lo ve todo el mundo.
