La isla del desencanto
Cuba pasó de símbolo revolucionario a reflejo de crisis y éxodo
Para buena parte de los dominicanos que hoy integran la generación de los baby boomers, Cuba fue durante décadas una mezcla de mito político, romanticismo revolucionario y referencia regional. Desde las aulas universitarias hasta las tertulias de café, la isla era presentada como ejemplo de dignidad soberana frente a Estados Unidos, pero también como modelo en educación y salud pública.
Muchos crecieron escuchando que, pese a las carencias, el sistema cubano garantizaba médicos, alfabetización y una supuesta igualdad social que compensaba cualquier limitación material. El embargo estadounidense aparecía como explicación universal: la causa de cada apagón, cada escasez y cada crisis.
Pero el tiempo terminó desmontando buena parte de aquella narrativa. Cuba ya no despierta admiración regional por sus hospitales ni por su capacidad educativa, sino preocupación por el deterioro de la vida cotidiana, el éxodo masivo y las restricciones a las libertades individuales. La isla que prometía un "hombre nuevo" hoy exporta desesperanza.
Resulta difícil sostener, seis décadas después, que todos los males cubanos provienen exclusivamente de Washington. El bloqueo existe y pesa, pero también pesan el inmovilismo, el control político y un modelo económico incapaz de generar bienestar sostenible.
A veces las revoluciones no mueren de enemigos externos, sino de sus propias consignas repetidas demasiado tiempo.
