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Cuando la ira conduce

La presencia de niños fue un hecho grave

Lo ocurrido con el conductor del sistema de transporte escolar TRAE en El Café de Herrera trasciende un simple incidente de tránsito. No fue un roce ni una discusión pasajera fuera de control. Fue una escena de violencia frente a niños que, en lugar de llegar tranquilos a sus escuelas, terminaron siendo testigos de un episodio traumático. El conductor resultó herido y los estudiantes quedaron dominados por el miedo.

Las disculpas posteriores del agresor pueden formar parte del proceso judicial o humano correspondiente, pero no borran lo ocurrido. Hay heridas físicas que sanan y otras invisibles que permanecen en la memoria.

Lo más preocupante es la frecuencia con que estos episodios parecen repetirse en la sociedad dominicana. Más que un motorista fuera de control, lo ocurrido refleja una ira colectiva que parece haberse instalado en las calles. Una bocina, una fila o un simple desacuerdo parecen suficientes para desencadenar reacciones violentas.

La presencia de niños hace este hecho aún más grave. Vieron miedo donde debía existir protección y violencia donde debía existir prudencia. Cuando la ira comienza a gobernar las calles, deja de ser un problema de tránsito y se convierte en un problema de sociedad. 

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