El termómetro del PRM
Los corrillos dejaron escapar algunas señales
La reunión de la alta dirigencia del PRM dejó claro que los partidos políticos hablan tanto en los discursos como en los gestos. Sobre la mesa estuvieron la unidad, la disciplina y la necesidad de manejar las diferencias puertas adentro. Pero, como suele ocurrir en estos encuentros, el verdadero pulso se tomó en los pasillos.
Los corrillos, siempre más sinceros que los micrófonos, dejaron escapar algunas señales. Entre ellas, el creciente comentario de que Deligne Ascensión podría convertirse en una figura de consenso para asumir la presidencia del partido cuando llegue el momento de la renovación interna. No es una candidatura formal ni mucho menos, pero tampoco parece una conversación casual.
Y si alguien tenía dudas de que la carrera por el futuro ya comenzó, las ovaciones a David Collado sirvieron para despejarlas. Los aplausos fueron de esos que en política rara vez son espontáneos. Midieron fuerza, simpatías y capacidad de convocatoria dentro de una organización que sabe que el poder también se construye hacia adelante.
Todavía faltan años para el 2028, pero el PRM parece haber encendido su propio termómetro. Y la temperatura interna comienza a subir, aunque nadie quiera admitirlo públicamente.
