Aulas que no pueden vaciarse
Cada pupitre ocupado fortalece el futuro
Con el inicio del año escolar y las cifras que se acumulan en distintos ámbitos, conviene hacer una reflexión. Cada vez son más frecuentes las noticias sobre adolescentes vinculados a hechos delictivos, una realidad que no puede analizarse al margen de los preocupantes niveles de deserción escolar. Eso sí, sin caer en conclusiones apresuradas ni desconocer la presunción de inocencia que ampara a todo menor investigado.
Un estudio presentado este año reveló que 52,918 adolescentes abandonaron la educación secundaria desde 2017, el 32 % de la población juvenil analizada. Entre las principales causas figuran las dificultades económicas, la desmotivación, el rezago académico y los entornos familiares vulnerables.
No todo joven que abandona la escuela termina involucrado en actividades delictivas, ni todo adolescente investigado dejó las aulas. Sin embargo, cada pupitre vacío representa una oportunidad perdida para prevenir riesgos y ampliar horizontes. Si el país aspira a reducir la delincuencia juvenil de forma sostenida, la respuesta no puede limitarse a patrullas y tribunales. También debe centrarse en evitar que más estudiantes abandonen la escuela.
