Calor sin llamaradas
Una geografía que resiste retos del clima
El calor aprieta y el paisaje de la Línea Noroeste, allí donde Montecristi se encuentra con Puerto Plata, puede recordar por momentos a un territorio semidesértico.
Los cambrones dominan el horizonte, el sol castiga la tierra y el bosque seco parece desafiar cualquier idea de exuberancia tropical. Sin embargo, esa misma geografía guarda una paradoja que pocas veces valoramos.
Mientras el sur de Europa ve desaparecer decenas de miles de hectáreas bajo incendios forestales cada verano, aquí el calor sofocante no ha derivado en tragedias de esa magnitud, aunque los lugareños sufran temperaturas cada vez más asfixiantes. A escasos metros de los matorrales espinosos que no pocos aprovechan para hacer empalizadas que dividen propiedades, aparecen pastizales verdes donde el ganado pasta con normalidad, como si la naturaleza hubiera decidido cambiar de escenario en cuestión de minutos.
La misma costa donde sobreviven manatíes, también alberga a Cayo Arena, ese banco de arenilla blanca que emerge y se esconde al ritmo de las mareas. Son contrastes que recuerdan que la isla desafía cualquier manual de geografía, en sus escasos 48 mil kilómetros cuadrados.
