Más árboles para los olvidados
La pobreza también se mide por la sombra
La pobreza también se mide por la sombra. En los barrios de la zona norte del Distrito Nacional escasean los ingresos, los espacios y las oportunidades, pero también faltan árboles. Donde desaparece la vegetación, el cemento se queda con el calor, el aire pierde frescura y la vida cotidiana se vuelve más dura.
Un estudio del Intec pone cifras a una realidad que cualquiera puede sentir al caminar por esos sectores. El hacinamiento ha devorado patios y jardines, mientras el crecimiento urbano ha ido expulsando a la naturaleza. El resultado es una ciudad más caliente, menos saludable y más desigual.
No deja de ser una paradoja dolorosa. Quienes menos recursos tienen son también quienes soportan las temperaturas más altas y disponen de menos espacios verdes para aliviar el rigor del clima. La naturaleza termina convertida en otro privilegio.
Durante décadas el hombre taló buscando sobrevivir. Hoy toca sobrevivir reparando el daño. El cinturón verde, los parques de barrio y la arborización de calles deberían formar parte de la infraestructura esencial de la ciudad, con la misma prioridad que el agua, el drenaje o el alumbrado.
Los barrios de la zona norte ya cargan suficientes carencias. No merecen también la condena de vivir bajo un sol sin sombra.
