Petróleo primero, democracia después
El dilema venezolano entre los contratos de crudo y las urnas vacías
Estados Unidos negocia la democracia venezolana con quienes nunca han creído en ella. La paradoja tiene petróleo suficiente para lubricar las contradicciones. Los negocios avanzan; las elecciones pueden esperar.
Marco Rubio asegura que esta es la mejor oportunidad para restablecer la democracia. Delcy Rodríguez, entretanto, administra el poder sin comprometer una fecha para devolverlo a las urnas. Washington parece conforme. La explotación petrolera tiene interesados y la transición, paciencia.
La democracia figura en la agenda sin plazo de entrega. Una peculiaridad: para invertir se ofrecen certezas; para votar, esperanzas.
Rubio pide que toda la oposición participe en las negociaciones y respalda plenamente a Dinorah Figuera. Pero María Corina Machado sigue fuera del país y de la mesa. Cuesta entender que se diseñe una democracia duradera sin garantizar siquiera el regreso de una de sus principales protagonistas.
Los elogios de Trump no sustituyen esa garantía. Tampoco una medalla del Nobel abre necesariamente las puertas que la conveniencia política mantiene cerradas.
Las excarcelaciones son bienvenidas, pero liberar a quienes nunca debieron estar presos no convierte a sus carceleros en demócratas.
Negociar puede ser indispensable. El problema aparece cuando los adversarios de la democracia administran su calendario y quienes prometen restaurarla aceptan esperar.
Por ahora, Venezuela ofrece petróleo disponible y democracia pendiente. Los primeros contratos podrían vencer antes de las últimas excusas.
