Las elecciones hablarán por sí mismas

Las encuestas solo son herramientas...

El trance a todas luces difícil, imposible de compaginar, y con tanto suspenso que la trama daría para una serie de Neflix.

La campaña (¡válgame Dios!) se siente forzada, la empujan y empujan tanto que deberá enfrentar a la Junta, la Constitución, las leyes y la democracia.

Todos quieren irse por las ramas. La Oposición, con encuestas en las manos, dice que no acepta resultados que sean diferentes o contrarios a los que registran determinadas mediciones.

El Gobierno, con el escepticismo en la tarima, solo confía en el voto defendido en la mesa, pues los sondeos crean un panorama que no le favorece.

Mientras sea aguaje en la calle, lo que digan serán palabras que deberá llevarse el viento, pues la institucionalidad es un valladar. Impone reglas y deberán cumplirse, sean resoluciones del organismo de elecciones, o Carta Magna, o leyes adjetivas o el sistema, que también tiene sus límites.

Esos son los bueyes con que habrá que arar, y lamentablemente se parecen en lo malo y procuran lo peor. Las elecciones no tienen que someterse a las encuestas, ni las encuestas asemejarse a las elecciones.

Cada cosa en su momento y lugar.

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